Crónica en el filo del horizonte del paraíso perdido

Portada. Playa de Jiquilillo/Atracadero improvisado rebosante de botellas plásticas. Carlos Morales Zapata/NM

Carlos Morales Zapata

Más de 250 kilómetros distan del paraíso perdido entre la capital y la península de Jiquilillo, en el Estero Padre Ramos, en la región más occidental de Nicaragua. Allá el sol se posa en un ángulo que jamás se podrá ver desde Managua, y con una amplísima escala de colores que hacen del ocaso un evento sin precedentes. Las olas eternamente espumosas y bravas son el escape perfecto para los surfistas y el deleite perpetuo para los turistas.

El viaje se hace un poco cansado si se viaja desde lejos. Siguiendo la carretera panamericana, y pasando de largo por el municipio de El Viejo en Chinandega, se toma un polvoso y pedregoso camino que en los inviernos se hace intransitable y sirve de preludio para los manglares inmensos que se forman en la península.

Son las 3 de la tarde y el polvo está entrando por cada resquicio en el vehículo, que son muchos. Vamos con rumbo oeste y el sol está aún alto totalmente de frente a nosotros. El interminable rebote por las piedras del camino pasa desapercibido luego de los primeros 5 minutos. “Es el infierno, ¿verdad?”- pregunta sonriente el hombre español tras el volante. Su acento se ha perdido un poco pero su pronunciación extranjera es innegable.

Luego de algunos minutos que tuvieron el peso de horas, yendo siempre por el camino polvoso, el vehículo se detuvo en una humilde posada para turistas. El sol ha bajado un poco y su luz ya no es tan cegadora como antes. A lo lejos, a más de 200 metros un par de jóvenes montan las crestas de las olas de forma magistral y van trazando en el aire parábolas casi imposibles que ignoran las leyes de la física.

Carlos Morales Zapata/NM

Más allá sólo se aprecian las siluetas difusas de varios pescadores hablando en grupo junto a sus pangas sobre las arenas de su improvisado astillero. Lastimosamente el encanto por el paisaje se ve disminuido por la basura. Centenares de botellas plásticas han sido tiradas o fueron llevadas por la marea alta justo donde varios botes esperan a sus tripulantes. Los marineros caminan entre ellas hasta con cierta indiferencia. Los pobladores del pequeño caserío han pasado años escuchando promesas vanas de la alcaldía de llevarles un tren de seo, pero nunca llegó.

Irónicamente las playas de Jiquilillo son unas de las más visitadas en el departamento.

Carlos Morales Zapata/NM. Padre Ramos/ Uno de los pocos lugares donde anualmente desova gran cantidad de cuatro especies de tortugas marinas en el mundo.

Continúa el viaje de regreso para rodear el brazo de mar que entra en el inmenso estero y ese viaje toma casi 3 horas y al menos 60 kilómetros en un angosto y más polvoso camino de tierra.

El cielo está oscuro y la luna es creciente. La única guía son los fanales del vehículo que van abriendo el camino a través de veredas casi intransitables. A falta de contaminación lumínica el firmamento se ve como muy pocas veces. Hay miles de estrellas adornando el cielo y sus luces palpitan de forma extraña con fulgores que tienen muy poco de normal.

Seguimos el camino oscuro y de vez en cuando se siente el olor salitre y a mar. Un lejano rumor de olas se hace apenas perceptible y los ruidos de la noche sobresalen al del motor de la vieja camioneta gris. Arribamos a nuestro destino final luego de más de 11 horas de viaje.

La Casa Carey es un sencillo hospedaje de dos plantas y hecha totalmente de madera. Un bote de 5 metros de largo descansa en su improvisado muelle, y 6 cuartos con alcance para 36 personas son los que hay en el segundo piso. La sala de la primera planta tiene una vitrina de vidrio con varios juegos de mesa como pasatiempo. No hay televisores y la electricidad llega a aquel remoto sitio gracias a placas solares en el patio.

En varios sitios remotos de la reserva hay cocodrilos, lagartos y otro tipo de reptiles. La Casa Carey es un sitio rodeado por eterna oscuridad en los cuatro puntos cardinales y al menos en 5 kilómetros a la redonda. Los infaltables ruidos nocturnos y el romper del viento marino en la lejanía, dan un ambiente harto tétrico tétrico al lugar. Principalmente por la cercanía de los manglares. O sea, sinónimo de posibles peligros.

Pasan las horas y el techo de madera ha crujido por el viento varias veces. Hay un rumor lejano como de movimiento que en la somnolencia de la madrugada no se diferencia como oleaje. Los primero y más vagos rayos del alba se están haciendo visibles en el cielo como finas hebras de cabello. El lienzo de la naturaleza va tomando colores.

El viento siendo moviendo la casa y los árboles cercanos, algunos ruidos de la agonizante noche aún se escuchan en todas direcciones. Canta un gallo en algún lugar y el silencio sepulcral de los siguientes minutos solamente es roto por una explícita risa macabra que pareció retumbar con un eco eterno en todos los rincones de la casa. Un intento de descripción sería antinatural, y como en las madrugadas la mente es tan traicionera lo único que hice fue preguntarle a mi compañero si había escuchado el ruido. Después de dudar unos momentos me dijo que sí. “Creí que no era real, fue tan diabólico que pensé que lo había soñado.”

Carlos Morales Zapata/NM. Muelle en la entrada al estero y la reserva Padre Ramos.

Las 5:30 am y el cielo ya está bastante iluminado. El oleaje se divisa a menos de 20 metros y el viento ululante lleva el olor inconfundible de los cercanos manglares.

Aún no ha amanecido por completo y el sol todavía no se deja ver detrás de las montañas del este al otro lado de una franja de agua de unos 5 kilómetros. El pequeño muelle de madera es angosto y parece débil. A su lado hay un árbol de naturaleza indescifrable que tiene sumergido al menos un metro y sobresale dos del agua. Frente a éste hay un árbol más grande rodeado por 30 metros de agua a la redonda, y más allá, toda una franja verde oscura de árboles grandes y gruesos que se adentran en el agua hasta perderse en el horizonte.

Carlos Morales Zapata/NM

5:50 am y el cielo ya ha aclarado casi totalmente. Caminando hacia cualquier dirección hay ramas verdes y ramas secas flotando en todas partes. El amanecer se presenta majestuoso en medio del follaje seco y ramas muertas. El agua está de por medio y el cuadro natural es sorprendente. Minutos más tarde ya amaneció.

Carlos Morales Zapata/NM. Vista panorámica desde uno de los manglares más grandes frente a la costas de Jiquilillo.

El bote celeste que lleva días anclado se está moviendo por la marea que baja. A su alrededor hay hojas y ramas muertas por todas partes. No hay ningún indicio de basura humana en ninguna parte. Es el área de la reserva más inaccesible y el único lugar donde no llega la basura arrastrada por la corriente.

En el suelo arenoso hay vagos indicios de huellas de animales. Una es una larga y delgada marca borrada por el viento. Probablemente de algún reptil. El resto son de aves y otros animales.

Carlos Morales Zapata/NM

Amanece completamente y el biólogo español que iba tras el volante el día anterior sale con sus dos compañeros, una pareja de voluntarios de República Checa, montado en un bote cargado con 15 sacos de basura de una comunidad cercana para cumplir el proyecto de Costas Nicas Limpias por el cual había viajado tanto.

Carlos Morales Zapata/NM. De izquierda a derecha José Manuel Quintana, la madre con sus dos hijas y la voluntaria Checa Tereza Simonovská.

Los voluntarios Checos Tereza Simonovská y Jakub Rados, recogen la basura de una comunidad vecina con otros voluntarios locales como el joven nica José Manuel Quintana y una madre con sus dos hijas, entre otros. Luego de algunas horas se recogieron más de 60 sacos de basura en un área un poco mayor a una manzana. Los pobladores locales apenas ayudaron.

Hans Ramírez/NM. El biólogo marino David Melero catalogando la basura recogida con ayuda de una niña voluntaria.

La jornada de limpieza finalmente tuvo un éxito bastante notable. En las comunidades vecinas la población trabajó copiosamente para limpiar sus playas y alrededores. Los camiones de la basura que habían prometido las alcaldías cercanas llegaron a recoger los más de 250 sacos de basura que se recolectaron en 4 horas y las playas quedaron teóricamente limpias.

Solamente resta que los turistas y pobladores no vuelvan a tirar la basura donde quieran.

Comparte:

11 comentarios sobre «Crónica en el filo del horizonte del paraíso perdido»

  1. The intyernet іs much more like a little nation, with assorted sects
    and towns liқing diferent thingѕ. It couod be the diffеrence in the lеvel of traffic, that will ultimately determine the
    grade of performance iin a real business. At the minute, juѕt about the most popular varieties of general marketing utilized by world wide web advertising companies is termeⅾ article marketing.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!