Lea tres ejemplos de cómo el FSLN traiciona a su militancia

Henry Petrie

De aquellos ideales y valores, de la propuesta ética del FSLN histórico, ya no queda nada. Me refiero a las banderas programáticas, a las intenciones nobles y juveniles de una época, donde los distintos tópicos ideológicos, estaban tejidos por el espíritu de la gesta de Sandino y el profundo convencimiento de derrocar a la dictadura somocista, por corrupta y criminal.

Al final, el propósito esencial no fue la liberación y el bienestar del pueblo, sino el poder y las particulares ambiciones que se desprenden de este. De la organización que privilegió la dirección colectiva (colegiada), surgió un caudillo-dictador más de la historia de Nicaragua. Quizá, el más ambicioso y absolutista que, habiendo colaborado en el derrocamiento del régimen anterior, ha luchado por perpetuarse en el poder, disque por los ideales de la revolución y su partido, por la memoria de mártires que él mismo ha pisoteado, cuando en verdad, todo nace y confluye en su apetencia personal, familiar y del circulo inmediato de operarios viciosos.

Hasta en la guerra existe una ética. Pero, en una agrupación en estado degenerativo, no hay más valor que las órdenes que dicta su jefe, aunque se tenga plena conciencia de que dicho proceder sea infame, corrupto, mentiroso, deshumano. Y cuando se llega a este grado patológico, todo su sistema se torna autómata.

Veamos tres casos recientes que demuestran lo anterior:

Primero: Alexis Francisco (seudónimo), combatiente histórico de los barrios orientales de Managua. Recibió una orden que obedeció de inmediato sin discusión alguna. «Las órdenes no se discuten, se cumplen.» Era uno de los supuestos beneficiados con un lote de terreno. El asunto estaba seguro, porque «El comandante se queda. Y nosotros también». Y él, junto a un grupo beligerante, fueron instruidos en defender, hasta con sus vidas, la «posición tomada», en caso se presentasen los «golpistas».

Pero, hubo un aviso poco antes de la ejecutoria: «Hay que desalojar por órdenes del jefe. La policía caerá pronto». ¿El jefe? ¿Cómo así? Alexis, confundido, enmudeció. No lo podía creer, pensó que se trataba de una equivocación. Pero no fue así, una tropa de policía cayó e hizo efectivo el desalojo. Algunos quisieron resistirse, pero la fuerza armada fue superior.

Alexis, al llegar a su casa, guardó silencio durante tres días y al siguiente, engañado y defraudado, comunicó su renuncia del FSLN y se marchó a un lugar desconocido.

Segundo: Ana Carolina Rugama Mayorga, joven maestra originaria de Nindirí, crítica de la represión y matanza de la dictadura Ortega Murillo. Su nombre es real y tiene una hija menor. Hace tres días está detenida (secuestrada) en El Chipote nefasto, acusada de terrorista por su padre, militante del FSLN y funcionario del INSS en la ciudad de Masaya.

La actuación del señor Rugama habla por sí sola, más importante que su hija es el dictador, «la patria rojinegra amenazada por golpistas y terroristas». Por esta razón, justificada en su programación mental, acusó y mandó a encerrar a su hija, terrorista por no pensar como él, por negarse al autoritarismo patriarcal y a la deshumanización del orteguismo. Para el padre de Ana Carolina, se trata de cumplir con las orientaciones de «amor y paz» de sus jefes, más importantes que su progenie.

Tercero: María del Socorro Rojas, señora humilde de cuarenta años, originaria de Telica, a quien le negaron atención médica en el Hospital Escuela Oscar Danilo Rosales, por no contar con un carné de militante del FSLN. Es la orden terminante de la dirección de dicho centro. Ella dice ser sandinista, pero no orteguista, que no ha andado en marchas ni en contramarchas. El caso lo publicó Radio Corporación.

Un robot, un insensible, cumplió una orden superior. ¿Dónde está el juramento Hipocrático? Con su negativa dañan, generan dolor y muerte. ¿Ese es el sistema de salud que está para aliviar al pueblo? ¿Es lo que llaman «la patria rojinegra»?

Solo brindo tres ejemplos, de los miles que se van acumulando y que, de manera fehaciente, nos muestra la condición moral de la república de los zombis. De aquel FSLN histórico, ya nada queda.

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Henry Petrie

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