Un artesano se asoma entre la multitud de un mercado de Managua

Juan Ramón Huerta

Como casi todos los mercados de Managua, el Israel Lewites extiende su brazo occidental hacia el supermercado más cercano y sobre esa ruta, encuentra boutiques, venta de inodoros, mazos, llaves, vasos usados, licuadoras en partes, carbón, verduras, frutas, talleres de motos, autolavados y de pronto, un rústico exhibidor de bastones, espadas, armas, elaborados de madera.

La música es estruendosa, jóvenes venden verduras y utensilios por señas porque en sus oídos cuelgan cables de audífonos y desde sus faldas, chores o pantalones celulares de última generación.

Andrés Pérez ocupa un espacio de medio metro cuadrado y posa en una silla, una tabla gruesa en sus piernas y una filosa cuchilla que saca colochos a una espada tallada en madera blanca. Frente a él, como si se tratara de un exhibidor electrónico, los bastones, las espadas y demás artesanías se mueven al ritmo del viento. Los comprados pasan y fijan su mirada en las manos laboriosas de Andrés Pérez, un capitalino que no fue combatiente pero fabrica modelos de AK 47.

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