Carlos Mejía Godoy en entrevista exclusiva a Nuevas Miradas: “Yo solamente sigo leyendo en los ojos del pueblo”

Carlos Mejía Godoy, inspirado en el primer concierto realizado en España, octubre de 2018.

Texto y Fotos: Emilio Surí Quesada

Nuevas Miradas

Nos encontramos en Madrid la noche el 12 de Octubre, Día de la Virgen del Pilar, de la Hispanidad y de la Guardia Civil en España. Por la mañana, arropado por muchos de los nicaragüenses que viven allí, aquel hombre había zapateado las calles de Zaragoza  para, en nombre de ellos, hacerle una ofrenda  floral a la Pilarica, como también se conoce a esta Virgen. Para cualquier mortal aquel viaje de más de trescientos kilómetros habría sido un buen pretexto para quedarse en el hotel a la espera del nuevo día. Para cualquiera menos para Carlos Mejía Godoy un hombre de setenta y cinco años de edad, con cincuenta  de ellos sobre los escenarios y capaz –por la gracia de Dios, como le gusta decir al referirse a su origen pinolero- de seducir con sus canciones y magia a cualquier tipo de público.

-Un poco de agua con gas, por favor- le pide a Wesley Guillén, el responsable de esta presentación suya en Madrid y se acomoda en el sofá a la espera de las pregunta.

-España de nuevo –le comento y contesta con esa espontaneidad que tanto le he admirado en otras entrevistas suyas:

– España significó y sigue representando para mí el punto de partida de una etapa que se inicio en 1977. Yo ya había grabado tres discos en Nicaragua. Me movía por Centroamérica y tenía, más  o menos, una proyección regional, pero nunca  me imaginé que un día iba a saltar el charco y vivir la aventura maravillosa a través del mundo de la discografía. En aquel tiempo era también muy difícil optar a un programa tan importante como esta noche es fiesta que dirigía el presentador José María Iñigo. Todo eso transformó nuestra vida.

Pasamos de ser un grupo desconocido a ser uno de los más importantes de América. Y eso nos tomó de sorpresa. Nosotros no soñábamos con un éxito de esa magnitud. Insisto que regresar a España, donde se dio el inicio de esa nueva etapa, es un momento para recordar y hacer un balance también de estos 50 años de vida artística. ¡Y qué bueno es volvernos a encontrar con aquellos amigos que escucharon Los perjúmenes, Clodomiro, El credo de la Misa  Campesina, Flor de pino, El Cristo de Palacaguina, en fin, tantas canciones que representaron para nosotros un despegue para nuestra vida artística!

Se le aviva la voz cuando reafirma:

-Es un verdadero privilegio regresar a España después de tantos años y, sobre todo, en una circunstancia doblemente especial. Primero, porque estoy celebrando cincuenta años de vida artística y setenta y cinco años de vida y, segundo, porque nos toca a todos los artistas e intelectuales que están fuera de Nicaragua representar a ese pueblo aguerrido que está dando todo lo que tiene para poder avanzar hacia el futuro. Es una revolución pacífica que a nosotros nos despertó del letargo en que nos encontrábamos.

-¿Letargo? –digo por lo bajo y casi con asombro por la celeridad creativa de este hombre, sobre todo desde los estallidos de las protesta de abril y los crímenes perpetrados por los Ortega- Murillo.

– En mi caso, no era un letargo artístico, sino que era un letargo participativo en términos de nuestra lucha por nuestra libertad. Vivíamos en una situación de aparente paz pero ahí se escondía todo un submundo oscuro y viscoso que estos muchachos ayudaron a descubrir y, como dicen en Nicaragua, a destapar esa olla de impunidad. Es así que yo me vi en la necesidad de darle a mi canto un giro, ya que, si bien en cierto que el canto se nutre de todo lo que tenga que ver con la patria, el paisaje, la identidad, los personajes, en determinados momentos de nuestra historia -como en los años 1977-1978-  tuve que poner esos cantos al servicio de una causa popular justa en demanda de nuestra libertad.

Con sus palabras, en mi memoria se desboca un tropel de recuerdos y – gracias a las imágenes tomadas por mi colega Oscar Navarrete- vuelvo a ver y a escuchar a Carlos  en las puertas de El Chipote, intentando saber qué le han hecho al yerno de Milciades Poveda, su compañero del conjunto Los de Palacaguina, el cual había sido secuestrado en su casa de vivienda. Duele, humilla e irrita el silencio de quienes denigran el uniforme de la policía y Mejía Godoy, en un crescendo que no puede contener, estalla:

Carlos Mejía Godoy, en cada canto, revive la memoria de sus personajes y los describe como si los tuviera frente a él.

Miren, vean y recuerden: https://youtu.be/dmio9EkoH1A

Otro momento que no puedo dejar de recordar es su carta pública a Daniel Ortega. Más que carta fue una acusación llena de virilidad, poesía, civismo y sobre todo de amor a Nicaragua y su juventud. Una carta-canción, un testimonio y, por qué no, una advertencia y testamento público para un binomio de asesinos sin escrúpulos

Sigo el tono cálido, modesto y amigable de Carlos Mejía Godoy y quiero compartir con los lectores dicho texto: https://youtu.be/LcEQGwfiB0o.

Hablamos de  cómo en este desmadre de los Ortega-Murillo en donde han convertido a Nicaragua en un inmenso campo de tiro al blanco al negro, al niño, a los santos y hasta al tiro por la culata que les llegará de rebote.

Y Carlos Mejía Godoy asiente:

-Realmente, en esta etapa última, tan dramática, tan lacerante para nuestra Nicaragua han surgido tantas cosas que, de repente, sentimos que es una pesadilla, que es un mundo surrealista. Hemos oído hablar sobre la persecución contra todo lo que tiene que ver con el azul y blanco de nuestra bandera. No creo que en ningún país del mundo-al menos que yo sepa- una tiranía persiga a su propia bandera, a su propio pabellón. Si fuera la bandera de una facción, un partido, un credo o una ideología… eso sería  lo común, pero ¿ir contra del azul y blanco de nuestra propia bandera? No. No entiendo. Ahora cuando surge esto de Julián el monomboseño me parece absolutamente ridículo que estén buscando a los personajes de las canciones. Van a terminar persiguiendo a Camilo Ortega que sale en una canción y es hermano del Presidente. Van a tener que ir a buscar a  Juancito Tiradora y a Quincho Barrilete. Como digo en una nueva canción que estoy preparando van a tener que disparar contra el cielo, porque es azul y blanco.

-Y lo de Julián El Monimboseño, ¿no? –intervengo.

-El verdadero Julián El Monimboseño, en el que yo me inspiré, se llama Julián Potosme Latino y era un hombre que trabajaba en talabartería- afirma rotundo-. Lástima que quien me lo presentó- Fernando Chilo Ruíz- ya no existe. Murió hace unos 6 años. Él le hubiera dado el testimonio de cómo me llevó al  taller de Filemón Sosa, ubicado en Monimbó. ”Este es uno de mis muchachos”,  me dijo Filemón al presentarme a Julián. En sus ratos libres tejía hamacas aunque su verdadero oficio era talabartero. Hacía monturas y botas repujadas. Yo me acordé porque Julián me llevó a su taller donde tejía hamacas junto a sus hijos, mientras estos platicaban y jugaban.

EL autor y cantor de Monimbó, se presentó en España en compañía de Juan Solórzano y Luis Pastor González.

-¿Y entonces? –pregunto, como provocando, en busca de más información?

-Entonces, no sé a qué se debe que hayan metido preso a este hombre y andan torturando a quien aparece en una canción. No puedo entender esto. Es lo que Eduardo Galeano llamaba la lógica del mundo patas arriba. Nunca vamos a poder entender todo esto. Desde nuestra posición firme, seguimos augurando para Nicaragua que venga ese día en que podamos restablecer la paz y podamos vivir como hermanos y que cese esta represión brutal y esta  situación tan dramática para todos.

Al comentarle que según la encuestas es el hombre más popular de Nicaragua, se me ocurre provocarlo y le pregunto si esos resultados no le despiertan deseos de ir como candidato a la presidencia  de haber unas futuras elecciones.

-No, no, -responde con firmeza-. Ya tuve una experiencia similar hace algunos años. Ya quemé esos cartuchos. No me interesa ningún cargo político. Yo nací para ser un comunicador a través de mis canciones y eso es un oficio bastante complejo que asumo con toda dignidad. Y como dije ya en una declaración, esa popularidad es de quienes  me hicieron a mí cantor. Soy cantor de nación, como decimos allá, entre el campesinado. Cantor de nacimiento. Me siento orgulloso de poder  utilizar estas herramientas que Dios me dio y que el pueblo puso en mis manos para cumplir con mis obligaciones como ciudadano y como patriota.

-¿Cómo se las arregla  para, con su edad, componer con tanta vitalidad y  frescura?-le pregunto.

Carlos Mejía Godoy ríe por lo bajo, con cierta picardía campesina y luego, en un tono en donde flota la modestia y, al mismo tiempo, la seguridad de sentirse querido por los suyos, afirma con complicidad:

Yo solamente sigo leyendo en los ojos del pueblo. Sigo poniendo el oído en el corazón de la gente que es quien, de alguna manera, me dicta con su actitud, valentía y coraje la letra y la música de estas canciones. No me encierro en una torre de marfil. Soy un artesano más que, en vez de hacer hamacas como Julián el Monimboseño, hago canciones. Así es que seguiremos cantando, seguiremos cumpliendo con este oficio que el pueblo nos dio y tenemos la esperanza de volver pronto a Nicaragua.

Fue una emotiva entrevista confiesa Emilio Surí Quesada, quien revivió sus tiempos de paso por Nicaragua.

Por mí lo seguiría entrevistando mucho más tiempo, pero no es bueno robarle el tiempo a alguien que te trata como a un amigo y quien no oculta su emoción cuando le cuentas que sus canciones, entonces en casetes, te acompañaron en la montaña en los días que reportabas la guerra de los 80 y que, luego, se fueron con uno al exilio y que, muchas veces, sirvieron como nanas para que durmieran mis hijos. Me da placer decirle que, gracias a  sus canciones descubrí los nexos entre la palabra rumana dor, la portuguesa saudade y esa cabanga que te muerde sin remedio el alma cuando te resuenan pecho adentro, en forma de latido, las palabras Nicaragua, Masaya o Monimbó.

(*) Miembro del Consejo Editorial de Nuevas Miradas.

 

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