Nicaragua, el concepto de izquierda y sus retos

Fanor Alguera (*)

Vivimos en tiempos convulsos y reaccionarios. Momentos en que el continente enfrenta cambios políticos importantes. Los llamados gobiernos del socialismo del siglo XXI abandonan las jefaturas de estado o intentan sostenerse en el poder de manera autoritaria y por la fuerza. Esto ha llevado a un resurgimiento de fuerzas que se hacen llamar “anticomunistas” o “antisocialistas”, patriotas, que llaman a restaurar la “democracia” conservadora y usan el populismo para llegar al poder.

Utilizan conceptos, en campañas, tan amplios que se hacen vacíos: libertad, justicia, democracia y algunos –como Bolsonaro- utilizan los “valores tradicionales y familiares” que se traducen en homofobia, machismo y discriminación hacia algunos sectores. Avances que pensábamos habían calado profundamente en la sociedad, están siendo vulnerados por la campaña populista que se ha hecho en base a los llamados gobiernos de “izquierda” salientes.

En este tiempo, en el que el concepto de “izquierda” parece volver a estar satanizado, es importante hacer una reflexión sobre qué significa esto. Primero que todo, la izquierda es una metáfora y como decía algún político, su valor es el de cualquier metáfora.

El término tiene su origen cuando luego de la revolución francesa, en el parlamento, los antiguos monárquicos que querían mantener un sistema similar se sentaban a la derecha y los que pedían mayores cambios a la izquierda. Por lo tanto, se relaciona a la izquierda con las transformaciones, con el sector que busca la justicia social, la equidad, que no haya ciudadanos de segunda o primera categoría.

Este tipo de corriente política, es la que busca un salario mínimo digno, que las leyes sean iguales para todos, que los que más ingresos tienen más impuestos paguen. La izquierda es la que tiene que luchar contra el machismo; en este aspecto, el feminismo es un movimiento que está íntimamente relacionado con esta corriente de pensamiento y que ha logrado cambios importantes en las calles, con marchas, con pintas. En Nicaragua, en estos 11 años de dictadura, eran las feministas las que llenaban marchas con sus reclamos; ellas fueron la inspiración de muchos que salimos a marchar en abril.

La izquierda también es la que lucha porque exista un acceso a la vivienda digna, seguridad alimentaria para todos, educación y sanidad gratuita. En nuestro país han llegado a gobernar bajo la bandera de la “izquierda” con un discurso de justicia social – sí, se han hecho algunos avances para disminuir la desigualdad- y lo que han hecho es centralizar el poder en el ejecutivo, verticalizar la toma de decisiones e intentar formar un sistema que les permita perpetuarse de manera indefinida en el cargo. Es decir, han conseguido pequeños avances para reducir la desigualdad social pero gigantes retrocesos en democracia e institucionalidad.

El gobierno del FSLN ha demostrado, a través de su praxis, no ser de izquierda. Por 11 años ha pactado con la empresa privada nacional y trasnacionales chinas, venezolanas, canadienses y estadounidenses. Estas empresas recibían concesiones de impuestos, pagaban menos de lo debido o en algunos casos prácticamente nada (por ej. La compañía minera canadiense B2Gold o las empresas de zona franca).

Con la justificación de generar empleos –pasando por la corrupción y el pago a altos funcionarios- el gobierno del presidente Ortega dejaba a que estas empresas ofrecieran trabajos en precariedad, con horarios cronometrados, un salario irrisorio y muchas veces en condiciones extremas que irrespetaban varios derechos laborales. Si la izquierda es la corriente política que busca la equidad social, rápidamente podemos demostrar que el actual gobierno del FSLN no es izquierda.

El problema no es la ideología, el problema son los que han –en su nombre- gobernado de manera corrupta y nepótica, que se han aferrado al poder a cualquier costo. Íñigo Errejón, secretario de cambio político de Podemos (España) plantea que la izquierda tiene que respetar las normas, la democracia y la libertad de pensamiento. Que tiene que dejar a los otros gobernar, porque es saludable hacerlo, pero debe hacer cambios irreversibles (o casi) que no puedan ser retrocedidos fácilmente (por ej. Un aumento en el salario mínimo no podrá ser revertido fácilmente con un cambio de gobierno, sea de cualquier corriente ideológica).

“La verdad es una construcción colectiva y se construye con el consenso y con el acuerdo. Se construye convenciendo a la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos, a nuestra gente, a nuestros compatriotas. Y digo a nuestros, incluyendo también a aquellos que votan por los privilegiados, por los corruptos, por los que precarizan el mercado laboral y destruyen los servicios públicos.

Nosotros venimos a construir transformaciones irreversibles, y solo serán irreversibles cuando se anclen, cuando calen, cuando empapen el corazón y el cerebro también de una muy buena parte de nuestros adversarios. A los que les queremos decir que nosotros en la patria nueva que queremos construir les queremos guardar un hueco, que no tienen nada que temer, que van a  perder sus privilegios pero que van a tener intactos todos sus derechos y libertades como ciudadanos porque queremos construir países democráticos en los que quepan también ellas y ellos” Í. Errejón (Chile, Octubre 2018).

En Nicaragua vivimos tiempos convulsos y de este caldo de cultivo pueden nacer fuerzas reaccionarias, fascistas y ultraconservadoras, que con la consigna de la patria y de salvarnos de una dictadura pueden hacernos caer en la privatización y explotación de nuestros recursos naturales, en perder décadas de avance de feminismo o aceptación de la diversidad sexual por defender “la moral y los valores familiares” y en nombre del libre mercado o la creación de empleos, permitir que las grandes empresas paguen incluso menos impuestos y tengan menos responsabilidad social.

Entendemos que en este momento la lucha tiene que ser de todos contra la dictadura, pero debemos de comenzar a mirar de reojo hacia esta problemática que se avecina y estar listos. La lucha contra el fascismo no es solo contra los Ortega-Murillo, es contra Bolsonaro, Trump, JOH en Honduras, Jimmy Morales en Guatemala y cualquier otro que pueda salir de este caldo en Centroamérica y Nicaragua. La izquierda tiene que estar allí, con respeto a las normas, la democracia y sin intentar gobernar siempre, tiene que estar allí para luchar por la justicia social y por el respeto de los derechos de nuestros conciudadanos.

(*) Médico.

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