Nicaragua debe elevar la parada con alternativas programáticas de salvación nacional

Foto de Norwin Mojica / NM

Henry Petrie

Insisto, la dictadura Ortega Murillo está derrotada estratégicamente, se quedó pequeña ante la grandeza del pueblo nicaragüense, tan pequeña que acude a las armas y a la represión, porque sus activos políticos se quemaron, quedándole la manipulación y la propagación de la mentira sistemática, al grado de la esquizofrenia.

La resistencia cívica y pacífica, desde septiembre pasado, entró en un estancamiento que, de extenderse a febrero del 2019, podría resultar peligroso para sus objetivos inmediatos, disminuida en capacidad de incidencia en las negociaciones y la transición política. Sí, estancamiento.

El dictador continúa ahí y su mujer se desvela para aparentar la normalidad de un país rumbo al colapso total. 

Podemos afirmar que el 80% (o más) del pueblo repudia a la dictadura, lo que no variará por un buen tiempo. Pero, ya no hay marchas en las ciudades, ni chimbombas azules y blancas que invadan calles, ni cacerolazos.

Al contrario, los encarcelamientos, las amenazas y violaciones, las detenciones selectivas y la represión generalizada han estado a la orden del día.

Para salir del estancamiento, la Unidad Nacional Azul y Blanco requeriría entrar en ofensiva y desarrollar un proceso acelerado de construcción de una nueva fuerza política electoral; elaborar un programa que convoque al pueblo a trabajar por la salvación nacional y el impulso de transformaciones integrales. Su organización en los territorios es urgente. Repito: organización.

Pese al estancamiento general, hay movimiento; la opinión y la conciencia le hacen frente a la represión dictatorial, pero no basta. Ya es momento de reactivar la lucha definitiva, sin dilación; se requiere de un cuerpo líder que conduzca y represente esta etapa, en la idea de asegurar su incidencia real en la transición que, pese a los deseos de la pareja dictatorial, tendrá que darse, porque no tienen más alternativa que negociar y ceder. Tienen al mundo en su contra y sus millones decrecen.

La lógica de defender la vida es correcta y justifica el refugio y el asilo político. Sin embargo, cuando se trata de líderes no deja de afectar el proceso de lucha y de crear contradicciones entre los que están dentro y aquéllos. Por supuesto, una de las ventajas de este gran movimiento es su capacidad de reproducir liderazgo, pero requiere solidez para relanzar la lucha con nuevos vigores. La exigencia y la consecuencia de objetivos fortalece; las actuales circunstancias plantean riesgos permanentes.

Toda lucha exige cuotas de sacrificio, dentro o fuera, por muy pacífica que sea. El liderazgo surgido a raíz de las protestas, debe tener en cuenta esta realidad, no solo para proteger su vida, sino también, para saber actuar en condiciones totalmente adversas en la trinchera que cada quien ocupe, incluida la diplomacia. 

Las calles se ganan y se preservan, abandonarlas es comenzar a perderlas. Sin embargo, en Nicaragua existe una conciencia, una decisión popular: ¡Ya no más Ortega y Murillo! Esa es la diferencia. Y justo por esa conciencia, la lucha debe preservar su espíritu indoblegable y creativo. Conciencia y decisión de pueblo que la dictadura ha combatido con la represión policial y la acción paramilitar. El destino inmediato de este liderazgo está en las calles.

Si de momento las marchas no son posibles, se podría pasar a la acción individual y de pequeños grupos organizados, moviéndose y burlando, visítese y comuníquese, juguemos a puente y submarino, susurro y piquete, en la noche salen los fantasmas y las lechuzas cantan, concrétese la acción escarabajo… desde el territorio con acompañamiento de redes sociales. Sí, no se equivocan, hablo de conspiración total y de elevar el contenido del trabajo de opinión, nuevos ejes del discurso, identificación clara de las banderas de lucha, promoción de nuevos paradigmas.

Organizar la conciencia popular, el repudio generalizado a la tiranía. Y elevar la cualidad de esa voluntad, para traducirla en voto mayoritario por la justicia y la democracia, por la nueva Nicaragua sin caudillos ni sistema político corrompido.

La normalidad que intenta imponer la dictadura y el claro estancamiento del movimiento azul y blanco, se asientan en una realidad rotunda que los supera: Nicaragua todavía hierve, en sus entrañas vibra el cambio total, y en cualquier momento explota, con o sin líderes capaces, con o sin instrumento político que encauce sus energías.

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Henry Petrie

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