Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cada día más vigente en Nicaragua

 

Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Detrás del pensador e incansable periodista inmortalizado en la memoria nicaragüense, se encuentra el constantemente exiliado, torturado y apresado periodista quien a pesar de sus fracasos, nunca se dio por vencido en su lucha contra la dinastía de Somoza.

Carlos Morales Zapata

Sorteando una especie de recorrido por la vida del Periodista que inició un 24 de septiembre de 1924, se puede decir que su niñez y vida entera casi tuvo un paralelo con la dictadura contra la cual él lucho incansablemente a como le fue posible; primero con las armas, luego con la palabra. Irónicamente se realza el término paralelo, pues a más de un año de su muerte, la estirpe sangrienta que le costó la vida al fin terminó.

Tal como Edmundo Jarquín lo nombrara en su libro, Pedro tuvo su bautizo político a palos. Fue en una gran manifestación universitaria en que jóvenes de León y Managua protestaron en contra de la campaña de reelección que lanzó el general Anastasio Somoza García entre junio y julio de 1944.

Universitarios rebeldes

El joven Pedro cursaba el segundo año de la carrera de derecho en la  Universidad Central de Managua, y en compañía de Francisco Frixione, Rafael Córdova Rivas, Cesar Carter Cantarero y Luis Andara Úbeda, fundaron el periódico El Universitario que ellos mismos distribuían, y en el cual denunciaban abiertamente a los asesinos de Sandino y reconocían a éste por primera vez como héroe. 

Los jóvenes salían constantemente a las calles invitando a la gente a rebelarse abiertamente contra el naciente régimen de Somoza.

En junio de 1944 arribó al país en una visita oficial el presidente de Chile, Juan Antonio Ríos, y los enardecidos estudiantes y pobladores aprovecharon para hacer un gran abucheo de repudio en una manifestación multitudinaria que provocó la primera captura de jóvenes. Entre ellos por supuesto, estaba el  joven Pedro Joaquín. Horas más tarde, él y decenas de jóvenes más, -la mayoría menores de edad.- fueron entregados a sus padres.

El 4 de Julio del mismo año, en el aniversario de la Independencia de los Estados Unidos, el general Somoza realizó un acto de apoyo a los aliados que luchaban contra el nazismo. Se instaló una tarima en la cual Somoza pronunciaría un discurso, pero en los primeros momentos, la multitud encabezada por los jóvenes universitarios comenzó a abuchearlo y gritarle sin dejarlo hablar. El general tuvo que abandonar la tarima mientras la muchedumbre anti-somocista marchaba enardecida por la avenida Roosevelt rumbo al Palacio Presidencial.

Represiones de sangre

En ese momento el general Somoza impuso la fuerza y ordenó la represión en el sector donde hasta hace unos años fue la Asamblea Nacional y el Palacio Presidencial. La guardia detuvo a la multitud a punta de palos y culatazos, y hasta los cadetes de la Academia Militar contribuyeron a detener a la multitud a punta de bayonetas.

Al igual que el joven Pedro Joaquín, decenas de universitarios resultaron heridos, golpeados, con las cabezas rajadas y las costillas rotas…. Y al igual que él, muchos fueron acarreados por vehículos de la policía con rumbo a la cárcel que los guardó por varias semanas.

A partir de aquel 4 de Julio de 1944, muchos catedráticos y  universitarios tuvieron que pedir asilo en las embajadas, o refugiarse en el rincón que les fuese posible. Algunos fueron expulsados del país y otros confinados a regiones remotas de Nicaragua. Ese mismo día, La Prensa fue censurada una vez más entre 1944 y 1946.

Archivo familiar/ Pedro Joaquín Chamorro en su primer exilio, en México.

Al salir de la cárcel, él y su familia se exiliaron en México y Estados Unidos respectivamente, y Pedro no regresaría a Nicaragua sino hasta 1948.

Retorno del exilio

Durante sus años en México, Pedro Joaquín se desempeñó como periodista en diversos periódicos y diarios, de los cuales aprendió las técnicas y métodos modernos de abordar la noticia y atraer al público. Al regresar a Nicaragua trabajó en el diario junto a su padre, y al morir éste, en 1952, Pedro toma la dirección de La Prensa.                

Tal responsabilidad fue lo que le permitió seguir alimentando su pensamiento frontal y abierto de crítica a la dictadura. Fue así mismo, lo que provocó que a inicios de 1954 Pedro se integrara a las filas de la UNAP, -Unión Nacional de Acción Popular- y comenzaran a organizar un movimiento armado que en síntesis pretendía hacer renunciar por la fuerza al sanguinario dictador Somoza.

Movimiento de Abril

El plan original del Movimiento de Abril, estaba compuesto originalmente de tres fases; primero se reunirían en un sitio llamado Casa Colorada, en las Sierras de Managua, las armas suministradas por el presidente de Costa Rica, José Figueres, y los 150 hombres que participarían en el asalto. En la segunda etapa los jefes dirigentes del complot se reunirían la noche del 3 de abril de 1954 en una Quinta llamada “La California”, en el sector de carretera sur para discutir los últimos detalles de la toma del palacio.

Y en la última fase, alrededor de las 2 am del domingo 4 abril 150 hombres marcharían en caravana a través de la Avenida Roosevelt para, -según el plan- en dos minutos y medio tomar el La Casa Presidencial y obligar a Somoza a renunciar al poder, exiliarlo y hacer un nuevo gobierno conservador.

El plan comenzó a fallar cuando uno de los altos contribuyentes del Partido Conservador tuvo inseguridades respecto de la naturaleza del nuevo gobierno y se echó para atrás. De los 150 hombres del plan original apenas se lograron reunir 75, y resultó ser un abierto suicidio intentar hacer renunciar a Somoza con 75 hombres.

Aquella medianoche del sábado 3 de abril del 54 se improvisaron decenas de nuevos planes para la conjura, lo que a fin de cuentas acabó en desastre. Se propuso hacer una emboscada al amanecer y varios, -entre ellos Pedro,- se rehusaron y se retiraron por principios religiosos y de consciencia.

Los hombres de la conjura

El nuevo plan ahora consiste en emboscar a Somoza cuando pase por una de las curvas de la carretera sur con rumbo a su ingenio azucarero en Montelimar. Los hombres están escondidos entre el monte, armados, esperando que pase el general. Pasan una, dos, tres horas y el presidente aún no cruza la carretera con su caravana. En contra de toda costumbre, el patriarca se fue a su hacienda “Las Mercedes”, en la otra punta de Managua.

Es casi mediodía y regresa Pedro para tratar de disuadirles y hacerles entender que era un suicidio seguir con la idea de la emboscada con tal desorganización. Nadie desiste.

Minutos más tarde, Somoza aún no ha pasado por la carretera y los hombres de la conjura reciben la información de que su plan se ha filtrado y que la guardia está dándoles caza. En total desorden, todos los implicados huyen a pie o en vehículo a través de los cafetales de Carazo con rumbo a Costa Rica.

Cacería

Es la tarde del domingo 4 y se escuchan en el cielo los aviones de la Guardia Nacional ametrallando los cafetales de Jinotepe y Diriamba. Caen decenas de campesinos inocente y algunos conjurados. Otros se rinden o se entregan para intentar salvar la vida. Algunos son capturados vivos, asesinados y enterrados en fosas comunes en las haciendas de Carazo, mientras en los comunicados oficiales ellos mismos morían en encarnizados combates que en realidad nunca se dieron.      

Uno de los conjurados fue capturado vivo y se le obligó a cavar su propia tumba. Lo mataron a la par de la fosa.

Varios de los dirigentes del complot son llevados vivos a la vista de Somoza y comienzan las torturas. Se dice que entre las sádicas prácticas que sufrieron, algunos de ellos fueron colgados de los testículos y golpeados salvajemente. De Pablo Leal, el jefe de toda la conjura, se dijo que le reclamó a Somoza todos sus crímenes, robos y asesinatos y le cortaron la lengua antes de asesinarlo.

Pedro Joaquín fue arrestado la tarde del 4 de abril en la hacienda de un familiar. Fue torturado durante algunos días y luego sometido a un Consejo de Guerra Extraordinario que lo condeno por rebelión a varios años de prisión de los cuales cumplió 2. Obtuvo la libertad en julio de 1956.

Archivo familiar. Pedro Joaquín el día que salió de la cárcel en julio de 1956.

 Más cárcel y torturas

De la mano de un joven leonés llamado Rigoberto López Pérez, salió la bala emponzoñada que mató a Anastasio Somoza García según fecha oficial el 29 de septiembre de 1956. La noche del 21, la del disparo, el país entero se conmocionó no tanto por el atentado, sino porque en apenas unas horas se puso en marcha la mayor represión conocida, sangrienta y mortal, donde ningún opositor conocido quedó libre de las torturas y la cárcel. Pedro Joaquín incluido.

Archivo familiar. Pedro al ser tomado nuevamente como preso político en septiembre de 1956.

Desde septiembre de 1956 hasta marzo de 1957 Pedro estuvo preso en distintos sitios y sufriendo diversas torturas físicas y psicológicas. Una de ellas fue pasar 24 horas en un estrechísimo cuarto frente a un potente y quemante bombillo a diez centímetro del rostro. Fue sometido a un Segundo Consejo de Guerra Extraordinario en el cual se le condenó por rebelión y se le obligaba a pasar cuarenta meses en Confinamiento Mayor en el pequeño poblado de San Carlos en el Río San Juan.

El Viernes Santo de 1957, huyó en un pequeño bote de remos con rumbo a San José de Costa Rica junto a Violeta Barrios, su esposa, para pasar su segundo exilio junto a ella.

Complot en el exilio

Durante 1957 y 1958 Pedro y Violeta estuvieron en Costa Rica padeciendo un exilio obligatorio que los tendría en el extranjero un año más. Mientras tanto, Pedro ejercía el periodismo en diversos diarios y con la ayuda de colegas también exiliados.

En los primeros días de 1959 el entonces ex presidente de Costa Rica, José Figueres, Reynaldo Téfel, Enrique Lacayo Farfán y Pedro Joaquín Chamorro viajaron a Cuba a pedirle ayuda para una nueva expedición a Fidel Castro y al Che Guevara. La ayuda les fue negada por diferencias políticas e ideológicas. Precisamente por la filosofía marxista-leninista que adoptaron los cubanos y que los expedicionarios nicaragüenses rechazaban.

En febrero, marzo y abril de 1959 fueron reclutados en Nicaragua más de cien jóvenes voluntarios principalmente procedentes de Granada, de la Juventud Conservadora. Ellos mismos se costeaban sus pasajes para permanecer más de un mes en una playa costarricense llamada “La llorona”. Era un sitio inhóspito en el cual estarían más de un mes entrenándose para lo que más tarde sería el primer desembarco aéreo conocido como La Expedición de Olama y Mollejones.

Olama y Mollejones: Expedición de sangre

El 30 de mayo de 1959 se sumó a las filas de voluntarios el padre Federico Argüello Solórzano quien sería el capellán de la expedición. La mañana del 31 de mayo del 59 los primeros sesenta voluntarios subieron al avión DC-46 que los llevaría de vuelta a Nicaragua.

Para dar el ejemplo a sus hombres, el comandante Pedro Joaquín Chamorro, jefe político del movimiento, fue el primero en subir al avión en el cual minutos después, a varios cientos de metros de altura se filtraba una densa niebla por algunos vidrios rotos del avión destartalado.

Archivo familiar. Expedición de Olama y Mollejones. De izquierda a derecha de pie: Padre Federico Argüello Solórzano, Reynaldo A. Téfel, Mayor Freddy Fernández, José Medina Cuadra. Sentados de izquierda a derecha: Pedro Joaquín Chamorro, Luis G. Cardenal y Amán Sandino.

El meticuloso plan decía que en el interior de Nicaragua ya estaría todo preparado para apoyar a los expedicionarios desde distintos puntos del país y en diferentes formas. El complot inició con el desembarco en los llanos de Mollejones el 31 de mayo y el 1 de junio en los llanos de Olama. El frente interno les proveería de más hombres y de 150 mulas. Al llegar sólo había tres campesinos y ninguna mula.

De acuerdo a los planes habría una huelga general entre las empresas, los comercios y los trabajadores el día primero de junio. Se planearon actos de sabotaje en lo interno de la Guardia Nacional y el país entero. Pero nada de eso ocurrió. Los expedicionarios estaban solos.

Archivo. El batallón de Mollejones liderado por Pedro en tierras nicaragüenses.

Cuando el avión DC-46 que llevaba a los expedicionarios de Olama aterrizó, no pudo despegar más y algunas horas más tarde el avión fue destruido por una fuerza de aviación que ordenó el presidente Luis Somoza. Los 48 guerrilleros del segundo grupo se desbandaron luego de la quema del avión con la mayoría de las provisiones. Varios batallones de soldados asediaron a los grupos de Olama y Mollejones que terminaron siendo una presa fácil para la Guardia Nacional.

Pasaron  algunos días y los aviones seguían bombardeando a los rebeldes mientras los batallones en tierra le pisaban los talones a los insurrectos. Llegaron a un caserío en el cual encontraron a un grupo de periodistas extranjeros que les informaron del desastre que había en el país. Uno de los periodistas les transmite el mensaje del presidente Somoza diciendo que les perdonará la vida a los rebeldes si se entregan.

Dos columnas se entregaron y otro grupo andaba extraviado entre las haciendas ganaderas de Chontales. Con Pedro sólo quedaban quince hombres que aún no se daban por vencido.

A la medianoche del 13 de junio de 1959, cuando todo estaba en silencio en la hacienda que refugiaba a los insurrectos,  de pronto, desde todas las direcciones, aparece un escuadrón que los rodea desde las sombras y que grita que se rindan. Uno a uno, salen con las manos en alto los quince rebeldes flacos barbudos y malcomidos que intentaron hacer una revolución que terminó en más sangre, torturas y muerte.

Traición a la patria

El 12 de septiembre de 1959, Pedro Joaquín y otros jefes de la expedición armada fueron hallados culpables, -entre otras cosas- del delito de traición a la patria. Ese día terminó la primera fase de la vida de El Periodista en la cual su lucha se basaba tanto en el verbo como en las armas. Ahí descubrió que la única forma de acabar con el régimen sería con una verdadera unidad entre todos los estratos del país, no entre fracciones como había sido tantos años.

Con el delito de traición a la Patria escrito en fuego sobre su conciencia, Pedro inició la incansable lucha cívica que el 10 de enero de 1978 le costaría la vida y lo inmortalizaría.

Es verdad que la dictadura estuvo paralela con su vida.

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