Los televidentes: ¿Vivimos la sociedad de la información o del espectáculo?

 “La civilización democrática se salvará únicamente si hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica, y no una invitación a la hipnosis”.

                                                                    Umberto Eco                                                                                           

Julio César Guerrero Dias

La televisión como medio audiovisual se ha convertido en el medio de mayor consumo de la sociedad, a pesar que hoy hay más acontecimiento que suceden en todo el mundo lo que nos representan estos medios carecen de significado, debido que lo más interesa, es el espectáculo, y como todo espectáculo tiene que ser vendido para una audiencia que vive el presente.    

Cada día los medios se convierten en el ojo del huracán de las sociedades debido al contenido que presentan en su agenda de programación cotidiana.

Reflexionaremos acerca de la televisión que se ha convertido en el centro de atracción de la sociedad, en este aspecto surge la pregunta que se le debe de  proporcionar a la ciudadanía ¿lo que le gusta o lo que necesita? Probablemente la respuesta es sencilla hay que proveerlo de las dos cosas.

¿Qué necesita la gente desde los medios de comunicación particularmente desde la televisión? la información a través de la televisión, hoy tienen un reto mayúsculo proveer un contenido de utilidad, de valor de uso de la sociedad ¿estamos recibiendo eso?  ¿qué se representa a través de las imágenes? ¿cómo se representa? ¿por qué se representa?

Cada día la información va adquiriendo, para la gente, significados trascendentales el valor de uso que le pueda dar al consumidor si la información es de utilidad, es para aumentar el nivel de conocimiento y para poder tomar decisiones, si eso no se cumple desde las prácticas informativas no se está cumpliendo con el compromiso que hoy los medios televisivos deben asumir, un cambio de actitud en la sociedad.

La globalización, posmodernización o como les queramos llamar, los medios televisivos nos han convertidos en una sociedad hiperconsumista donde se pone más énfasis en el espectáculo que en el aporte para un cambio social de la gente, el espectáculo no es ese producto necesario del desarrollo técnico mirado como un desarrollo natural.

La sociedad del espectáculo es, por el contrario, la forma que elige su propio contenido técnico, si el espectáculo, tomado en el sentido restringido de “medios de comunicación de masas”, los cuales son su manifestación superficial la más arrolladora, puede parecer invadir a la sociedad en tanto que simple instrumentación, ésta no es en realidad nada neutro, sino la que conviene a su automovimiento total.

Si las necesidades sociales de la época en la que se  desarrollan tales técnicas no pueden encontrar satisfacción más que a través de su mediación, si la administración de esta sociedad y todo contacto entre las personas no pueden ejercerse más que por intermedio de esta potencia de comunicación instantánea es porque esta “comunicación” es esencialmente unilateral; de tal suerte que su concentración consiste en acumular en las manos de la administración del sistema existente los medios que le permiten proseguir esta administración determinada.

La escisión generalizada del espectáculo es inseparable del Estado moderno, es decir, de la forma general de la escisión en la sociedad, producto de la división del trabajo social y órgano de la dominación de clases.

Al finalizar el siglo XX, la televisión se convirtió en el medio de mayor influencia y relevancia, desplazando al cine, la radio y a la prensa escrita. Su incidencia abarca los espacios privados y públicos, las áreas culturales, políticas, económicas, educativas y en general todos los renglones del convivir social.

La televisión se introduce en el seno familiar. El aparato receptor ocupa un lugar central y preferente en la sala, la cocina o el dormitorio, es decir los espacios más íntimos del hogar, la televisión hoy se ha convertido en un miembro más de la familia frente a ella existen unos rituales y ceremonias de respeto y armonía social, es un recurso socializador en el seno de la familia, se convierte en el catalizador constante de disipar por un momento los problemas que puede atravesar una persona.

Existen múltiples enfoques de cómo analizar el fenómeno y el discurso televisivo, hay autores que la satanizan, argumentando que la TV moldea las actitudes y la conducta de los públicos. Señalan, por ejemplo, que los programas violentos constituyen una de las causas para el incremento de la delincuencia. Los defensores interesados del status quo, en cambio, le atribuyen cualidades informativas, educativas y recreativas. Por otro lado, autores post-modernistas, como Jesús González Requena, analizan el fenómeno solo en su función meramente especular o espectacular.

La televisión busca atrapar al televidente mediante un contacto familiar y cercano. Los personajes miran a la cámara, como buscando los ojos del espectador, cómo si éste estuviera ubicado en el interior del universo narrativo. Esta familiaridad, entre otros factores, hace que alguna gente tienda a verse atrapada en un proceso continuo de “adicción” a la televisión. En esta línea, la novela o el culebrón es un relato que pretende no acabar nunca. Se reproduce, dice González, indefinidamente y mantiene el deseo del espectador quien se encuentra atrapado frente a temas como la violencia, el dinero, el sexo y la traición. Por estos factores, González, señala que “el consumo televisivo no es comunicativo, sino escópico, gira todo él en torno a un determinado deseo visual.

Los noticieros están cargados de noticias “espectaculares”. Antes que el contenido de las noticias, lo que importan son las imágenes que impactan. Así, no interesa la noticia en sí, sino la imagen que se recuerda, es una noticia sin contenido. Aquí nuevamente se debe anotar que se estaría apuntando a reforzar la tesis de que no hay una información de carácter significativo de utilidad, sino solo consumo espectacular. De hecho, los noticieros se construyen con una buena dosis de espectacularización, ofrecen informaciones breves, descontextualizadas y anecdóticas. Pero ello también responde a determinados intereses y a las exigencias de la publicidad. En ningún momento están desligados de la ideología y de las concepciones de quienes manejan la programación.

Baudrillar en 1988, hace 31 años señalaba, donde todavía no se presentaba toda esa magia de la televisión y lo que es hoy el mundo de las nuevas tecnologías “estamos seducido por el mundo hiperreal y posmoderno de puras imágenes flotando, detrás de las cuales no existe nada, el objeto se ha convertido en un artículo de consumo, sin duda alguna nuestra época, prefiere la imagen al objeto, la copia al original, la representación a la realidad la apariencia a la forma de ser” cuanto de cierto hay en lo que plantea Baudrillar.

El espectáculo de la televisión nos está llevando a disipar, a olvidar todas aquellas situaciones que son de suma importancia  para la sociedad, que nos atañe a todos, porque nos guste o no estamos involucrado y somos parte de la sociedad y nos vemos afectado, como la política, la economía, los problemas de educación, salud, seguridad ciudadana, pobreza, medio ambiente.

La calidad de vida, la transparencia, la democracia, el estado de derecho, los femicidios, por supuesto que existen otros, que hay de estos temas en los medios especialmente en la televisión, como lo representa la tv, me atrevo a decir que muy poco, con algunas excepciones que si se arriesgan a entrarles a estos temas y que aportan al menos, para que la gente que mira y escuche reflexione sobre situaciones importantes que se están desarrollando en nuestro país.

Estamos según Eco “vivimos en un universo de los medios en el que existe cada vez más y más información, y cada vez menos y menos significado, todo esto debido al exceso de información que se recibe este exceso y la alta velocidad con se transmite dicha información, pierde las perspectivas de significado”.

Lo único que queda es negociar como espectador lo que estamos viendo y escuchando es decir discernir o debatir el contenido que nos presentan

No hay información objetiva, sino la interpretación de quien la produce. Gubern va más allá al señalar que ni siquiera la información en directo es comparada con la recepción directa del acontecimiento, ni está exenta de manipulación distorsionadora.

 

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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