El poder de la imagen y el mensaje liviano contra la memoria de los hechos

Imagen de Sebastián Paschmann / NM

“Internet es como un gran inventario (de información), pero no constituye en sí misma la memoria.”

                                                                                                         UMBERTO ECO

Julio César Guerrero Dias

Lo mediático es lo que marca la existencia o no de los acontecimientos, las matrices mediáticas son las que validan los hechos actúan como caja de resonancia, se multiplica a la velocidad del sonido, es una coreografía informativa, lo unísono de los medios mas el gran acompañante las redes sociales determinan la concepción maniquea del bien y el mal.  

Los medios de comunicación han venido construyendo, en el ciudadano, una nueva forma de pensar y actuar en cuanto a las relaciones sociales, a la socialización del conocimiento y las maneras de ver los diferentes fenómenos que acontecen en cualquier parte del mundo.

Este es un mundo postmoderno donde la presencia de los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales marcan la ruta u orientan el quehacer de la gente.

La generación actual, la que ha nacido en la era digital tiene una cultura diferente provocada por los medios de comunicación, caracterizada por lo efímero, lo rápido, lo ágil de una atención corta donde el discurso dominante está en las frases pegadizas de los treinta segundos o a través de imágenes fijas o móviles que proporcionan una fijación mental de lo que se escucha o se mira.

Nos encontramos en un momento donde lo visual es palabra de Dios veo y creo como dice Sartori estamos en la era “del homo viden”, en un mundo donde estamos tan acostumbrado al pase de los anuncios, de las rifas y promociones donde se interrumpe la información para dar pase a esta actividad y donde la información pasa a un segundo plano. Así están estructurados nuestros noticieros televisivos a esta acción más que todo el espectáculo que se genera desde estos medios se le denomina como el show de los sesenta minutos.

La nueva cultura forjada desde los medios audiovisuales nos viene a dar un comportamiento diferente como espectador según Ingatieff ,“es una cultura que nos induce a rozar tan sólo los canales de televisión, zapeando hacia adelante y hacia  atrás, siempre que nuestro umbral del aburrimiento se desencadena  en vez de ver un programa completo…es una cultura en la que muy raramente alguien hace una sola cosa  a la vez de forma concentrada y durante un periodo de tiempo”.

Nos van formando y abasteciendo de forma creciente en personas con una capacidad mínima para prestar atención, eso es lo que estamos viendo en el momento actual particularmente con los jóvenes que no se despegan su celular o su computadora, donde el chateo, el correo electrónico, y las redes sociales son los grandes distractores para no prestar atención.

Lo más delicado de todo esto es que van convirtiendo al ciudadano en ir desarrollándole una cultura amnésica, de olvidar todo rápidamente, sin prestar al más mínimo interés si lo que estás viendo es real o fabricado.  

Nos encontramos los que algunos estudiosos de la comunicación y de los medios llaman sociedad del espectáculo o a como Baudrillard señala “estamos seducidos por el mundo hiperreal y posmoderno de puras imágenes flotando, detrás de las cuales no existe nada.

El objeto, llámese información que se ha convertido en un artículo de consumo, como cualquier artículo que se adquiere en un establecimiento. El valor de su aplicación ha sido totalmente eclipsado por el valor de intercambio” cada tiempo marca un comportamiento cultural y los grandes animadores de este concierto son los medios de comunicación.

En las temporadas de verano, festejos de la navidad y otras nos están mostrando todo lo que es necesario y que debemos hacer, comprar, disfrutar; los regalos , pasear, gastar nos están fomentando el hiperconsumo en una sociedad donde la mayor parte de las personas tienen muchas dificultades para vivir. Lo menos que nos orientan es que muchas de estas actividades no son necesarias y que si no  la hacemos no pasa nada, que el mundo no va cambiar porque no la llevamos a cabo.

A tenor de esta idea surge el término de “meme” su producción está vinculada a las actividades de las personas sin distingo de clase en el plano político, religioso, cultural, deportivo, económico de lo cotidiano (Dawkins, 2000) y, en esa misma línea, pero centrándose en algo específico en el caso de Internet, el de “artefacto cultural” (Hine, 2004).

Si nos detenemos en el concepto “meme”, podemos definirlo como la unidad de información cultural que se transmite socialmente a través de distintos mecanismos de reproducción, y que se agrupa en dimensiones culturales (Dawkins, 2010). Estos memes son pequeñas muestras de la cultura dominante, tangibles y memorizables. Uno de los mecanismos de reproducción de los memes es, por excelencia, los medios de comunicación.

El mercado de la información domina ya las políticas es casi un axioma universal. Los medios son generadores de opinión, muchas veces en formato unidireccional. Ese poder que los medios poseen es razón más que suficiente para que su control esté siendo disputado por aquellas fuerzas que buscan perpetuar sistemas de producción, consumo y vida.

Este mercado se asienta con fuerza en la falacia de la democratización de la información, en la firme creencia de que todos podemos y debemos, para ser ciudadanos activos acceder a informaciones plurales y diversas.

Sin embargo, a los mass media no les interesa una toma de decisión activa y popularizada, un pensamiento disruptivo y mucho menos, una conciencia de unión, de grupo lo que es lo mismo, una búsqueda de intereses comunes por parte de uno o varios colectivos. “La gente busca sentido al mundo colectivamente” (Aparici, 2010).

Los grandes medios y las industrias que penden de estos medios son parte del sistema, de un sistema que se articula en torno a informaciones concretas, en donde las fuentes de información concretas se legitiman como estandartes del saber y de cultura globalizada, única, global.

Tras ese dibujo público, encontramos una realidad diferente: “Los medios de masas de verdad intentan básicamente distraer a la gente. Que hagan cualquier otra cosa, pero que no nos molesten a nosotros, la gente que manda. Que les interesen los deportes profesionales, por ejemplo. Dejemos que se vuelvan locos con ellos, o con escándalos sexuales, o con las personalidades y sus problemas o algo así” (Chomsky  2007)

El mercado de los mass media ha evolucionado y recorrido el camino hacia nuestros días de la mano de Internet. Controlar los medios de masas es controlar las reacciones, las ideas, y el pensamiento de los y las que beben constantemente de ellos. Y al ser seres sociales necesitamos información para enfrentarnos a esa socialización buscada y pretendida.

Nos han educado en una cultura de los medios, pero no nos han educado para los medios (Aparici, 2010), por lo que nos faltan mecanismos y recursos para enfrentarnos a ellos de forma activa y reflexiva. Sin embargo, conviven con nosotros, los interiorizamos, y son fuente de información que referenciar y a la que acudir.

Vivimos en un universo donde los medios de comunicación cada vez existen más y más información y cada vez menos y menos significado, el exceso de información obstaculiza el proceso de poder darle significado a todo lo que se recibe, por la velocidad y la cantidad de información recibida.

Esta cita la escribió Feuerbach en Alemania a mediado del siglo XIX pareciera que el tiempo se haya congelado “Sin duda alguna nuestra época…prefiere la imagen al objeto, la copia al original la representación a la realidad, la apariencia a la forma de ser” eso es lo que estamos viviendo. Juzgue usted ¿Será cierto?

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