El pueblo de Nicaragua frente a un desafío descomunal

Henry Petrie

Ha transcurrido un año y la crisis iniciada el 18 de abril del 2018, en virtud de encontrar cauces de solución, se profundiza y promete más confrontación. Deseos, discursos y rezos por la paz de Nicaragua, de un lado y del otro, no ha sido más que una tentativa lejana, porque en la práctica, los que actúan por la democracia y la justicia han olvidado la naturaleza y el carácter de quienes gobiernan.

Quizá no sea este artículo el más ponderado de todos, porque las aristas de la crisis hay que mostrarlas sin velo ni ambigüedad. Cuando una lucha está clara de sus causas y objetivos debe marcar sus pasos y caminar con el pueblo; cuando una lucha está clara de lo que representa, del símbolo que iza, exige de sus líderes lealtad y consecuencia. En uno de mis artículos del año pasado lo expresé, este movimiento se enfrenta a una dictadura férrea, con entronizaciones irrenunciables por la cuantía de su crimen ético; se enfrenta a un complejo delictivo con fuertes nexos internacionales, más allá del fallido «Socialismo del Siglo XXI.»

¿Qué cosas son ciertas? Que las presiones internacionales están activadas y no dejan de surtir efecto. A un capitalista le duele perder, aunque sea un pellizco de su fortuna. Que la OEA amenaza con aplicar la Carta Democrática, pero mientras tanto, aguarda resultados de un supuesto diálogo. Que la economía va en declive, pero aún no llega a condiciones de calamidad.

Que muchas cosas podrían caminar desde la medianía, tal como las elecciones en las regiones autónomas del Caribe nicaragüense –¿quién habla de estas?–. Que ya no hay marchas azul y blanco en las calles de ninguna ciudad, porque la represión es brutal y, aunque no haya miedo, hay que defender la vida y evitar la prisión. Que decenas de miles de nicaragüense están en el exilio y muy poco se sabe de lo que realmente están haciendo en los países donde se encuentran, sobre todo en Costa Rica –¿sobrevivir, solamente?–. Que medios de comunicación y organismos no gubernamentales están cerrados, golpeando la libertad de prensa y de asociación.

Que los periodistas Miguel Mora y Lucía Pineda están encarcelados, mientras otros están afuera tratando de ejercer su labor con muchas dificultades. Que aún existan presos políticos y que todavía no se conozca el paradero de los desaparecidos, de los que fueron retenidos y vejados en cárceles clandestinas. Que, en una modalidad «blanda», se vapulee a quienes se capturen en cualquier conato de protesta y luego se les libere. Que el diálogo esté en veremos con incumplimientos del tirano y demandas opositoras de buena voluntad, es, en realidad, una táctica para fortalecer los pilares del poder y encontrar un cauce de negociación con el gobierno norteamericano.

Todo eso me luce cierto e indica que existe resistencia, pero también ofensiva del régimen. Tan cierto como que el Nuncio del Vaticano se bandea hacia la fuerza del tirano y teme la del pueblo; como que el Cardenal Brenes bambolea y se enreda en sus reservas; como el fuerte liderazgo de obispos renovadores (Báez y Álvarez), peligrosos para la dictadura.

Pero, nadie debe equivocarse. Ortega y Murillo no dejarán el poder así no más, porque están entronizados con un fuerte aparato represivo, incluidos Ejército y paramilitares. Y aplicarán la fuerza y la violencia como método para aplastar la resistencia cívica popular. Están determinados a no perder las calles de nuevo. Grupo que asome, grupo reprimido.

A soslayo del diálogo y la negociación, la decisión estratégica de la dictadura es conservarse en el poder hasta más allá del 2021, de manera directa o a través de instrumentos que lo asegure.

La dictadura ha logrado sostenerse en el poder mediante la fuerza de las armas; tiene la decisión de derramar la sangre que sea necesaria para cumplir este objetivo. Continuar la lucha será enfrentarse a un escenario altamente peligroso, donde más sacrificio, sufrimiento y llanto son bastante probables, como que la economía se vaya a pique. La lucha cívica frente el poder de las armas es un desafío descomunal, no esperemos escrúpulos en los tiranos. Entendamos, recuperar las calles implicará mucha determinación, inteligencia y audacia de la conciencia azul y blanco.

Comparte:

Henry Petrie

El Círculo | ¿Por qué El Círculo? Porque representa la sabiduría infinita, el espíritu de la vida en movimiento constante e interacción creativa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!