Reflexiones a raíz del ensañamiento policial en niñas matagalpinas

Sergio Simpson

Cuatro fueron capturadas, dos de dieciséis años, y dos de veinte; esposadas por uniformados con armas, ya que solas ellas se movilizaban a pie gritando consignas. Asfalto y postes coloreaban con azul y blanco de la bandera nicaragüense, el Día Internacional de los Trabajadores, al suroeste de la ciudad.

Lizzye Zelaya, estudiante, campeona atleta de pista y modelo de pasarela, cuenta:

“A ellas las agarraron en la zona de los semáforos de El Familiar y la ferretería que es esquinera. En esa cuadra fueron los hechos. Exactamente las sacaron de la farmacia El Progreso.

Yo logré escaparme, corrí hacia la cuesta que queda en el lado sur. En la esquina de la cuesta me encontré a un señor conocido. Él nos había avisado que venían las patrullas, pero a nosotros se nos olvidó porque en ese momento un taxista nos estaba gritando y nos quiso atropellar. Entonces nosotras en forma de protesta seguimos gritando consignas y realizando las pintas.”

¿Entonces, dónde te atraparon?

“A mí me capturaron del Más x Menos como media cuadra al sur, exactamente en la veterinaria.

Yo me les tiré de la patrulla y corrí hacia un comedor, entré hasta la cocina, pero me caí, cuando estábamos a la vista de nada más dos señoras en la cocina aprovecharon para agarrarme físicamente, uno de ellos me retorció el brazo como si me fuese a esposar, pero no, únicamente fue la agresión.

 Después yo no me quería subir, les pedí una orden, además le dije que yo era menor de edad y que era ilegal lo que estaban haciendo. Después de forcejear tanto uno de ellos le dijo: tírala atrás (en la tina de la camioneta) que se vaya quemando el culo.”

Trasladas a la estación de policía local, las amenazaron con llevarlas a El Chipote, Managua, la temida cárcel donde torturan física y sicológicamente según denuncias de exprisioneros.

Las criaturas estudiantes denunciaron en las redes sociales, donde se viralizó el video de su arresto, que los policías les dijeron que allá las violarían. Escribo el relato y me horrorizo, desde que las atrapan las coaccionan para atormentarlas.

Se encabrita la policía si alguien enarbola los colores del pendón patrio, y más corcovean si las personas proclaman inconformidad con el gobierno.

El hecho reafirma el origen de esa actuación policiaca violatoria de la Constitución política, la verdad conocida por quienes no profesan fanatismo ni son socios financieros de gobernantes, pues seguidores de la gobierna justifican la captura en nombre del orden social y con lengua soez tratan de mancillar a las chavalitas.

Aun en ese estadio escalofriante, insólito, terrorífico, las jóvenes con sus muñecas lastimadas, encadenadas, se plantan y vigorosas reclaman su derecho a ser libres.

El clamor de libertad ha sido causa de muerte por asesinato cometido por “autoridades” en la dolorida y abominable historia nacional de caudillos y dictadores, y “las matanzinas” (como expresa el campesino) son ejecutadas y aplaudidas por nicaragüenses, sin importarles familiares o amistades.

Incluso quienes se sienten poderosos gobernando y quienes se creen protegidos por servirle a sus amos o dirigentes, en cualquier momento caen en desgracia o perecen por enfrentamientos políticos.

Avasalladas por una tropa de mujeres y hombres con armas, estas muchachitas no merecían ni tenían que comprobar la perversidad humana, nada más anhelan un país donde se respeten sus derechos y prosperar conforme su dedicación al estudio. No son delincuentes y tuvieron que liberarlas horas después.

Estas niñas no son como las que, por circunstancias, asaltaban para financiar la lucha armada o fusilaban a los enemigos, no empuñan armas, no responden a ese código, es otro su pensamiento. Aquella hazaña ya se convirtió en una trasnochada historia.

Ahora están instruidas cívicamente, saben que existen espacios superiores de bienestar y a eso apuntan, a vivir con derechos, en democracia y comodidad con su esfuerzo, por eso van al colegio. Son parte de una generación que corta el ciclo de las balas, la injusticia, la opresión, el enfoque cegado.

Conozco a las Zelaya Lizzye y Ashley, a toda su familia, la cual desde hace 33 años me ha hecho sentir parte suya por tanto tiempo como ninguna otra en este pueblo. Las he venido nombrando niñas, apenas ingresan a la adolescencia, afianzando su identidad, razonando lo que piensan, quieren, y se proponen.

No me han presentado a las otras chavalas que apresaron, Karelis López Lanza y Miladys Pineda Soza, de 20 años, pero si andaban juntas comparten, son de la misma pelota. Jovencitas expresando espontánea y sinceramente sus aspiraciones sin ganas de matar, queriendo vivir en un país mejor y si no lo permiten los gobernantes, pues la opción es emigrar con sus talentos y salvar sus tiernas existencias.

Es cruel reconocerlo, pero es verídico, la vida en Nicaragua es desgarradora experiencia, se transcurre con un torozón en la garganta, el pecho oprimido, derramando lágrimas, y entre abundante miseria económica y conceptual.

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