Los Tiburones del Granada, una máquina que fabrica prospectos

Milena Lanuza Méndez

Estudiante de Comunicación, UCA

 

¿Será cierto eso de que los granadinos aseguran ser los mejores en todo? Lo sea o no, tienen de qué presumir en béisbol. Ernesto López, Diego Ráudez, Julio Cesar Ráudez, Eddy Talavera, Iván Marín, Darwin Sevilla, Bayardo Dávila, Róger Acevedo y Herberto Portobanco, forman parte de la extensa lista de jugadores que han dejado su huella en la historia beisbolera de Nicaragua, y que le une el factor común de que todos son granadinos y jugadores de los Tiburones de Granada.

“Yo inicié a jugar con los Tiburones de Granada justo un año después que iniciara la Liga de Primera División (béisbol), en 1986. Tuve la dicha de jugar con peloteros de gran envergadura”, expresó con regocijo Bayardo Dávila, quien desde los diecisiete años participó en campeonatos de béisbol superior como jugador, luego como coach y finalmente como manager.

Un line up de lujo

Diego Ráudez, Ernesto López, Humberto Macías, Sebastián Jiménez, Luis Fierro, Roger Acevedo, Larry Zavala, José Carmen Barberena, David Sánchez y Bayardo Dávila, algunos fallecidos como Diego Ráudez, fueron el line up de primera y segunda generación de los Tiburones de Granada. Barberena era el receptor, Macías el antesalista, Acevedo el parador en corto y Zavala el camarero. Fierro era el inicialista ideal, con más de seis pies de altura, reflejos de gato y energía para jugar, que lo hacía un inicialista envidiable. Jiménez, Sánchez y Dávila eran los jardineros derecho, central e izquierdo respectivamente, y el infaltable bateador designado era Ernesto López, hoy mejor conocido como El Tiburón Mayor, ya que desde su llegada al equipo fue querido por su juego y su persona.

La audacia y el ejemplo de Heberto Portobanco

El timonel desde 1985 hasta 1998 fue Heberto Portobanco, quien para algunos peloteros fue un ejemplo a seguir en su forma de jugar y de actuar fuera del terreno de juego, y este es el caso de un pelotero que es catalogado como uno de los mejores cinco paradores en corto de la historia del béisbol nicaragüense.

El jugador Bayardo Dávila, afirmó que “a pesar que Heberto era un hombre de carácter fuerte, fue un ejemplo dentro de mi trayectoria como pelotero, porque a pesar que algunas veces me regañó, yo dije: no vuelvo a cometer ese error y no me vuelve a decir nada. Eso sirvió para que yo mejorara, pues no es lo mismo venir de jugar en una liga juvenil y pasar a primera división, pero él me ayudó a adaptarme”.

Dávila jugó veintitrés años, cinco más estuvo de coach y entrenador de infield, y luego fue el manager de los Tiburones durante tres temporadas. Actualmente trabaja como delegado del Instituto Nicaragüense de Deportes (IND) en Granada.

Cómo llegó Portobanco al Granada

Heberto Portobanco, nació en Granada en 1925. Su prestigiosa carrera dentro del béisbol nacional inició durante el desarrollo de la Liga de Béisbol Profesional, al ser nombrado miembro del Cuerpo Técnico del conjunto granadino desempeñándose como coach. Según los archivos de datos del Salón de la Fama nicaragüense, asumió el cargo de manager, cuando en una de las temporadas, el mentor del club, el colombiano Antonio “Manilla” Torres renunció, oportunidad para que Portobanco se convirtiera en manager en la Liga Profesional.

De él, peloteros de su época como Dávila y Eddy Talavera, expresan que siempre trataba de darle la atención al pelotero. Si un miembro del equipo estaba enfermo, Portobanco de su propio bolsillo lo ofrecía para llevarlo donde el médico y tratar de que se mejorara lo antes posible.

Talavera oriundo de Nandaime, inició su carrera beisbolística con las Fieras del San Fernando, pero llegó en 1992 a los Tiburones de Granada, donde jugó por más de dos décadas. Él formó parte de la séptima generación del equipo, que incluye a Bismarck Guadamúz, Martín Alemán, Marvin Treminio y Juan Álvarez.

Recuerdos de la “Chavelona”

Entre sus recuerdos de antaño están “las comelonas donde la Chavelona”. Relató que después de prácticas o después del juego, el equipo comía en un lugar que sirvió de hotel, restaurante y casa club del equipo durante muchos años.

Isabel Molina, conocida popularmente como la Chavelona, era quien se encargaba de cocinar y hacer el fresco para todos los jugadores granadinos, “ella era una señora muy aseada, hacía comidas muy riquísimas y, además, el fresco que hacía era muy rico, podías tomarlo hasta que quedaras lleno, podías servirte las veces que vos quisieras, no era que te daban un vasito de fresco y ya, además, ella te decía que si querías más comida que te sirvieras, era parte de su cortesía”, recordó Talavera.

 Una madre para el equipo

Este “lugar especial”, aún existe, pero ya sin la presencia de Molina, pues hace un par de años falleció mientras los granadinos disputaban un partido en la capital. Dávila afirmó que “cuando dieron la noticia de que había fallecido todo el equipo se entristeció, llegamos al entierro y todos los peloteros la cargamos, sacamos el ataúd desde adentro de la casa para llevarla al cementerio. Todo el equipo la cargó porque era una señora querida y era como una madre para nosotros.”

Nueve mánageres en 34 años

Los Tiburones de Granada han pasado por altos y bajos desde su inicio. Han sido dirigidos por nueve manageres desde hace treinta y cuatro años. Heberto Portobanco, Roger Acevedo, Ernesto López, Rodolfo Marenco, Hubert Silva, Bayardo Dávila, Eddy Talavera y Aníbal Vega, quien es el actual timonel del equipo.

El Roque Tadeo Zavala Sandino, es un estadio lleno de historia. Con capacidad de alojar a más de seis mil almas, con cuatro pares de torres luminarias que datan desde su construcción hace más cinco décadas, con la acostumbrada grama de estadio verde y florecida, su peculiar olor a estadio, y su infaltable gente que llena de jolgorio sus graderías, es el escenario perfecto para disfrutar juegos de pelota y el patio del equipo de la Gran Sultana.

El campeonato de la lluvia

En 1993 el equipo obtuvo su primer título contra el San Fernando, mismo que fue muy difícil de conseguirlo, fue polémico y se le conoce como “el campeonato de lluvia” porque después del quinto inning, los Tiburones estaban al frente en el marcador 5 x 3. Eran aproximadamente las ocho de la noche y cayó un aguacero que inundó el estadio por lo que no fue posible continuar el juego. Los fanáticos del equipo de Masaya no querían aceptar la decisión, pero reglas son reglas y ese año el trofeo fue para el equipo de la Gran Sultana. Sus otros dos títulos fueron obtenidos en 2007 contra Los Leones de León y en 2009 contra Estelí.

“Para mí, el mejor equipo de los Tiburones que yo he visto, es el del 2007 que fue capaz de remontar una final de 0-3 contra León y le ganó el campeonato. Ese conjunto no tenía baches, estaba muy bien estructurado”, afirmó con convicción Armando López quien desde hace una década es cronista deportivo en Granada y desde 2009 ha narrado las victorias y derrotadas de Los Tiburones en la nueva etapa de los Campeonatos de Primera División que ahora son llamados “Campeonato Germán Pomares Ordóñez”.

Diferencia abismal

La afirmación de López es compartida por Bayardo Dávila y Eddy Talavera. “La diferencia es abismal ahora. Antes había un poco más de entrega en el terreno de juego por parte de los peloteros, se jugaba más bravo como se dice en el béisbol, ahora es menos pues si hacen las cosas pues bien y si no, pues también. Antes se jugaba con garra, y el amor de defender la camiseta de su ciudad se ha perdido un poco”, explicó Dávila.

“Recuerdo que en el tiempo de Heberto (Portobanco) se les trataba como peloteros, se les daba alimentación saludable, el mánager se preocupaba porque los peloteros tuvieran sus medicinas y vitaminas, el salario se pagaba a tiempo, o sea, la atención que recibían los peloteros era mucho mejor que la que hay en estos tiempos”, explicó Eddy Talavera.

Sin embargo, los esfuerzos de los entrenadores y cuerpo técnico de los Tiburones por crear un mejor ambiente, mejor juego, fortalecer técnicas y fomentar la garra a la hora de jugar en los peloteros, han dado fruto. Desde el año 2015 se ha visto evolución en el equipo. Con la regla de tener menores en el equipo, y al menos uno en el line up, se ha venido una nueva “camada” de jugadores, nuevos prospectos, nuevas filosofias de juego. Lo que ha hecho que los Tiburones tengan una cantera con jugadores que poseen talento y de los cuales puedan echar mano.

La historia de Dumas Vado

Además, los entrenadores de bateo y pitcheo han puesto de lo suyo para aportar al equipo, tal es el caso del entrenador y preparador físico del equipo desde hace cuatro años, Douglas Dumas Vado.

“Soy nandaimeño ciento por ciento puro y de corazón. Tuve la oportunidad de jugar en Los Tiburones de Granada en la categoría de segunda división sub 21 en 1998 cuando tenía 17 años. En ese tiempo fui catcher titular del equipo y recuerdo que nuestro manager fue el exgrandes ligas Dennis Martínez. Me dijeron que tenía talento y un buen juego, alegre y agresivo”, narró Dumas.

A lo largo de su carrera Douglas Dumas ha recibido apoyo de muchos personajes como Pedro Torres y Luis Guillermo Castillo, quienes vieron talento en él como entrenador, y más importante lo supieron reconocer dándole consejos y reforzando sus conocimientos beisbolísticos.

Entrenó a Cabrera

Sus esfuerzos valieron la pena, y vio los resultados de su trabajo; entrenó a Everth Cabrera, quién firmó contrato con una sucursal de un equipo de la Ligas Mayores de Béisbol de Estados Unidos y Álvaro Hanon, quién recibió una invitación para viajar a Republica Dominicana a perfeccionar su juego. Esto lo motivó a seguir esforzándose en lo que se venía desempeñando: ser un coach.

“Dios nos premió y esto fue lo que años más adelante me ayudó a soñar en grande y luego mi esposa Vanessa Idiáquez, una muchacha capitalina empezó a meterme en la cabeza que en Managua surgiría como entrenador más rápidamente. Me dejé llevar por mi esposa y nos fuimos a vivir a Managua. Dios tenía todo listo para mí”, expresó Dumas.

Estando en la capital conoció a Cecilio Moreno, quien miró cómo entrenaba a su hijo, por lo que le ofreció trabajo en la Academia Don Bosco. Fue así como conoció a Marvin Throneberry, Scout de los Bravos de Atlanta. “Ahí empezó todo. Entrenábamos con muchos prospectos buscando mejorar y buscar firmas, el conocimiento que obtuve fue mayúsculo, estuve en muchas capacitaciones profesionales extranjeras, con ex grandes ligas y técnicos del país”, dijo Dumas, quien desde entonces ha sido un consistente preparador físico.

El talentoso Noel Jarquín

El talento juvenil también ha venido a tomar el protagonismo en las mejoras del equipo, tal es el caso de Noel Jarquín, nacido en Granada, quien se unió a Los Tiburones cuando tenía diecisiete años de edad. Jarquín relató que empezó a jugar desde los siete años y poco a poco fue subiendo de categorías, pasando por las Infantiles, Juvenil AA y AAA, LGPO e incluso la Liga Profesional.

“En mi familia el único que jugaba era mi primo Evaristo, pero mi tío le dijo a mi papá que me llevará a practicar porque vio talento en mí, pues desde pequeño siempre me ha gustado mucho el béisbol, y mi papá decidió apoyarme; nunca olvidaré que siempre que salíamos de práctica me ponía a correr desde Inturismo hasta el puerto Azeze-Granada. Hoy le agradezco a mi padre por siempre motivarme a ser mejor y dar lo mejor de mí”, recuerdó con emoción.

En 2015 Jarquín militó con el equipo de Nueva Segovia, con el que inició su carrera en los Pomares, pero al año siguiente con espíritu positivo se trasladó al equipo de los Tiburones de Granada, y formó parte del equipo obteniendo buenos resultados por lo que en ese mismo año fue firmado para jugar con los Orientales de Granada en la Liga Profesional de Béisbol Nacional.

Este joven pelotero con talento por pulir, fue seleccionado nacional para formar el equipo que representó a Nicaragua en la Sub 21 del 2016, ganando tres juegos, dos en calidad de relevo y uno en calidad de abridor.

Actualmente los números de Noel Jarquín son buenos. Es el primer abridor del equipo y su efectividad es de 6.65, producto de dieciséis carreras permitidas en 21.2 inning, convirtiéndose en el segundo lanzador con más inning trabajados, sólo superado por el veterano Juan Pablo López que se jacta de tener una efectividad de 3.46 después de haber lanzado 26.0 inning.  Julio Ráudez Rodríguez es otro de los mejores lanzadores del equipo, haciéndose de una efectividad 5.47 trabajando 21.0 inning.

 Una estrella oculta

Los Tiburones no sólo se enorgullecen de la evolución en su picheo, sino también en la de sus jugadores de campo, sus bateadores.

Darwin Roberto Sevilla Obando, nacido y residente en la Gran Sultana, es un pelotero destacado en nuestra pelota nicaragüense. A sus veintiocho años se caracteriza por ser un guante seguro en el infield, en las siguientes posiciones, tercera base, paradas cortas y la segunda base. En la Liga Profesional de Nicaragua juega la segunda base, en cambio en la Liga Germán Pomares, lo hace en la tercera base y en ocasiones en el short stop. También es muy efectivo con el madero reconocido por ser un hábil bateador en la caja de bateo.

Darwin Sevilla empezó su trayectoria como pelotero a los decisiete años, en 2007 jugando en la Academia Villalon NC- Granada, ocupó la posición de short stop, pero las cosas no le salieron tan bien ese año. “Me lesioné en un partido y en la academia no me ayudaron para mi recuperación, entonces mi mamá me llevó a jugar a la juvenil de Masaya. Le agradezco mucho a Miguel López por ayudarme y hacer que regresara al béisbol. Ahí me vio jugar Sandy Moreno que dirigía el Bóer American College y me ofreció una beca en esa misma universidad pero con la condición que jugara para ellos.”

Un año más tarde, en 2008, Sevilla aceptó jugar para el Bóer American College donde con la beca hizo sus estudios universitarios sacando la carrera de Ingeniería Industrial. En esta oportunidad continuaba puliéndose en las paradas cortas y en la segunda base.

Debutó por primera vez en campeonatos de primera división en 2009, con el equipo de su ciudad, los Tiburones de Granada. Ese año estaba al mando del equipo el mánager Hubert Silva, quien le dio la oportunidad de hacer el equipo, ese mismo año aún siendo novato le permitieron ser titular, pero hasta mediados de la temporada. Sevilla inició jugando en primera división como camarero, pues su otra posición a la que estaba acostumbrado jugar la ocupaba el reconocido campo corto, Iván Marín. 

“En el año que debuté, me gané la titularidad y ese mismo año fuimos campeones. O sea, tengo un campeonato en primera división, y fue con el equipo de los Tiburones en 2009”, contó entusiasmado Sevilla.

El granadino es un experimentado pelotero en nuestra pelota, incluso juega en la Liga Profesional de Nicaragua desde la temporada 2012 – 2013 con el equipo Indios del Bóer, coronándose campeón en dos ocasiones.

Un bache en el camino

Actualmente los Tiburones con todo y la calidad de sus peloteros, pasa por un mal momento. De las seis series disputadas a lo que va del undécimo campeonato de béisbol superior, sólo han ganado tres de los quince juegos, bateando colectivamente para .270 y lanzando colectivamente para una efectividad de 6.30, ocupando el puesto número quince en la tabla de posiciones.

La pregunta que surge es ¿qué es lo que está fallando en el equipo? ¿Será el cuerpo técnico o los jugadores? Si siguen jugando de esta manera, corren el peligro de no pasar a la siguiente etapa del campeonato, eliminando así cualquier aspiración de correr con el trofeo por el estadio Roque Tadeo.

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