Crónica de Sergio Simpson: cómo fue el funeral de Eddy Montes Praslín en Matagalpa

Funerales de Eddy Montes en Matagalpa. Foto tomada de El Mundo / NM 

Sergio Simpson

A las 12:25 de medianoche, domingo 19 de mayo, el féretro con el cuerpo de Eddy Montes Praslin ingresa al salón de la iglesia de Molagüina. Tropas especiales de la policía mantienen su posición, media cuadra al sur y media cuadra al norte. Alrededor de cien personas se quedaron para recibir y velar al prisionero político muerto en la cárcel La Modelo, Tipitapa.

Los uniformados no lograron “aculillarlas”, aun cuando al atardecer del día anterior golpearon a mujeres rezando hincadas, dispararon bomba de sonido para atemorizar, y trataron derribar las rejas frontales del templo para desalojar a quienes rendían homenaje simbólico al amigo oriundo de Matagalpa.

¡Eddy Montes! -grita alto la voz aguda de la chavala, la resonancia se expande y se escucha en los alrededores, en el silencio de medianoche- ¡Presente! -responde en coro la gente con el puño en alto. El féretro es cargado en hombros, y depositado entre coronas y ramos de flores, lo cubren la bandera de Nicaragua y Estados Unidos, sus dos países. La repetición del nombre se prolonga cerca de cinco minutos continuos. ¡Eddy Montes! ¡Presente!… ¡Eddy Montes! ¡Presente!… ¡Eddy Montes! ¡Presente! Se derraman lágrimas en rostros indignados y doloridos. Le ofrendan honores.

Católicos se arrodillan ante la amenaza de los antimotines que intentaban ingresar a la iglesia de Molagüina. Foto de Havana Times

Eddy Montes Praslin, nacido en Matagalpa, con trece años de edad fue llevado a Estados Unidos, para salvarlo de la insurrección contra Anastasio Somoza Debayle, a finales de los años setenta. Ser adolescente o joven era peligroso, el régimen lo consideraba potencial subversivo. Decenas de muchachos fueron asesinados, después de sacarlos de sus casas sin orden de captura, por haber participado en acciones armadas.

La represión somocista fue cruel. El FSLN ordena a sus combatientes “ajusticiar” (matar a mansalva) en barrios y cañadas a quienes denunciaban, torturaban, o reprimían al pueblo. El odio creció entre nicaragüenses, unos a favor de la dictadura y otros combatiendo militarmente para derrocarla.

Posiblemente el chavalito que llevaron al exilio jamás imaginó experimentar una situación convulsa y sangrienta más de cuarenta años después, mucho menos ser prisionero y morir en la cárcel.

Temprano, a eso de las ocho de la mañana del domingo 19 de mayo el cuerpo sin vida de Eddy recibió la bendición de parte del obispo de Matagalpa, Monseñor Rolando José Álvarez Lagos.

Poco a poco las personas ingresan al salón hasta llenarlo, vencieron el temor al pasar frente a policías que vigilan amenazantes en derredor. Tres camionetas llenas de armados al sur y cuatro camionetas al norte. El despliegue es impresionante, contra ciudadanos desarmados y cívicos, mujeres y ancianas. Gritos de consignas y aplausos durante toda la mañana.

Una señora le dice a jovencita quinceañera: Ya no te tapás la cara. La chavala, con rostro desafiante y bandera de Nicaragua como capa, responde: Ya perdimos el miedo… me valen verga esos jueputas policías asesinos.

Aspectos del funeral de Eddy Montes. Foto de Confidencial.

Si no hubiera guardias orteguistas, todo Matagalpa sale al entierro – expresa un señor. Pero aquí estamos nosotras y vendrán más, ya verá -responde una señora con lágrimas- lo que estamos viviendo es peor o igual que cuando la guardia somocista… ¡Santo Dios… danos fuerza Señor Todopoderoso!

Esos criminales no tienen temor de Dios -interviene una señora con bandera al cuello- jamás pensé que volveríamos a estar en esta situación. Es que ese hombre no entiende, destruyó al país en los ochenta, con la guerra y la mortandad, y sigue montado en el macho… no quiere apiarse… le gustó la robadera… y el imperio del mando… matar a quien se le arreche.

Familiares, amistades, compañeros de infancia y escuela, vistiendo uniforme azul presos políticos de Managua y Matagalpa que el gobierno ha tenido que sacar de la cárcel, se abrazan y muestran su afecto ante el cadáver y su indignación por el asesinato del abogado.

Paramilitares, oficiales de espionaje del ejército y policía, transitan frente al templo Molagüina, otros cruzan en motos y vehículos; gente opositora saca el brazo de su carro y lo levanta con el puño apretado.

A las 12:57 del mediodía el lleno es total, estallan las voces: ¡Justicia para los asesinados! ¡Justicia!… ¡Matagalpa no se calla… hasta que el dictador se vaya!… ¡Era un abogado… no era delincuente!… ¡Daniel genocida… queremos tu salida!… ¡Es un delincuente… no es un presidente!… ¡El policía decente… no mata a su gente!…

En la calle se escucha el fuerte clamor proveniente del salón velatorio. Los policías se alertan, los mandan a subir en las tinas de las camionetas. Los gritos se escuchan envalentonados. ¡Libertad para secuestrados políticos! ¡No hay que negociar con el dictador! ¡No queremos amnistía!

Mientras, simpatizantes del gobierno justifican la muerte del prisionero, a quien califican de criminal, marino yanqui, agente de la CIA, y además acusan de intentar asesinar al custodio de la Galería 16 amotinada. El dictamen forense y las pesquisas de detectives independientes revelarán la verdad de los hechos donde pereció el nica matagalpa estadounidense Montes Praslin.

Entre la 1:25 y 1:40 cae lluvia refrescante. A la 1:43 sacan en hombros el féretro, cargado por exprisioneros políticos. Hacia el norte, por la avenida Bartolomé Martínez, el cortejo se dirige a catedral San Pedro Apóstol. Dos cuadras atrás la fila de camionetas con antimotines.

El centenar de caminantes con el ataúd, gritan consignas antigubernamentales. ¡Señor… señora… no sea indiferente… están matando al pueblo en la cara de la gente!… ¡Pueblo… únete! -Sin disparos de morteros ni parlantes. No quieren ninguna excusa para que los agredan. ¡Han perdido el miedo hace mucho!

Alrededor del edificio de la estación de policía, uniformados camisa celeste y pantalón azul, sin armas, ven pasar y escuchan al gentío con el sarcófago en hombros; algunos filman a los manifestantes para ficharlos o agregar datos al expediente abierto por opositor. Catedral se repleta por dentro y las afueras. Nueve camionetas con tropas especiales se visualizan dos cuadras al norte.

A las 2:19 p.m. el féretro ingresa al templo, el coro de la congregación católica interpreta Ay Nicaragua Nicaragüita la flor más linda de mi querer… la gente acompaña el canto… otros exclaman ¡Eddy Montes… presente! Se fusionan en la acústica la canción a la patria y el clamor de justicia y libertad.

Llenarán cárceles con todos los que estamos aquí -expresa un chavalo, regocijado con la población asistente. Personalidades reconocidas, diferentes profesionales, jóvenes y ancianos. Cuatro sacerdotes oficiando la misa de cuerpo presente.

El cuerpo de Eddy Montes llega a su última morada, bajo lluvia. Foto de Hispano Press. 

Monseñor Roger García, desde el podio, clama por el dolor y angustia de las madres agarradas de las mallas, indagando por sus hijos encarcelados, pidiendo que los liberen y a cambio sean ellas las apresadas y torturadas. No podemos olvidar a prisioneros, las torturas.

Solicita a políticos, que en las próximas elecciones no vayan a los basureros a buscar candidatos, que los votantes no escojan a quien tiene buena labia y aptitud para ladrón y criminal. “Hemos vivido cuarenta años de sufrimiento, aprendamos de la experiencia, no seamos serviles de nadie. Pidamos a Dios sabiduría, sensatez y madurez para no repetir la porquería que estamos viviendo” -expresó entre aplausos.

“Debemos ser sensatos, esto es una alarma, abran los ojos en futuras elecciones, no se dejen llevar por una gallinita, una laminita de zinc o un chancho, una idiotada, y por eso se arrastran como serpientes” -advierte monseñor. La feligresía aplaude.

Monseñor García amonesta a la feligresía: “No debemos ser indiferentes, fríos, medidores, no seamos groseros, antropófagos y caníbales…”

De la catedral, la muchedumbre sale con el cielo nublado. Cae la lluvia y cinco cuadras repletas de gente avanza por la avenida José Dolores Estrada, de norte a sur, y cinco cuadras atrás la fila de conductores en vehículos sonando bocinas. La policía escucha que los llaman asesinos.

La muerte de Eddy Antonio Montes Praslin generó indignación en bastante gente de Matagalpa que, aun con miedo, venció el temor a las tropas armadas de la policía que siguieron vigilando las honras fúnebres hasta el cementerio, para evitar el desborde del pueblo que sigue exigiendo libertad de los presos políticos, el restablecimiento de los derechos ciudadanos, y adelanto de elecciones.

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