Un gráfico de la última encuesta de CID Gallup que muchos no quieren ver

Gráfico tomado de Confidencial / NM

Juan Ramón Huerta

En la última encuesta publicada por CID Gallup existe una severa advertencia para quienes están más preocupados por candidaturas o puestos que por cambiar un sistema que no llena las expectativas de los nicaragüenses. Un 72% de los nicaragüenses no quiere saber nada de los partidos políticos tradicionales.

Quizás la leyeron, pero se resisten a analizarla en su dimensión moderna, misma que han planteado quienes iniciaron esta insurrección azul y blanco, los jóvenes que con vehemencia hablan de un cambio radical de sistema político, no de personas.

A muchos, incluso algunos que están apoyando la lucha cívica, les cuesta trabajo verse subordinados a los designios de una sociedad que no quiere saber nada de partidos políticos, estructuras caricaturescas que desde su nacimiento apenas después de la Colonia, no han logrado presentar un plan de nación desprovisto de intereses personales y mezquinos.

Nicaragua ha llegado a un punto de inflexión: o cambia el rumbo histórico marcado por partidos políticos tradicionales, dictaduras, cárcel, torturas, arribismos, nepotismos, robos de elecciones, corrupción, vicios, irrespeto a los derechos humanos, atraso productivo de cien años o atiende lo que quiere la población, mayoritariamente joven y apuesta por un cambio de sistema, desde la misma participación política en los gobiernos locales y el nacional, o se monta en los rieles del sistema para cambiar nombres y quedar igual, con el mismo estado de cosas.

La oportunidad es mayúscula para Nicaragua, sin embargo, quienes se han puesto a la cabeza de esta lucha, deben impermeabilizar sus rostros y corazones y no caer en la tentación de la ambición personal, no hacer caso a los activistas de la división que abundan en las redes sociales y hacer caso a ese no despreciable 72% que refleja la última encuesta.

La historia de Nicaragua está plagada de hipocresías políticas, vicios y conductas reñidas con la moral, la honestidad y la transparencia.    

José Dolores Gámez escribe: «Los Liberales con la camándula en una mano y con la bandera roja en la otra y comandados por Cleto Ordóñez se mancharon con robos y saqueos en Granada. Por su parte los ‘hombres del orden’ acaudillados por un aventurero que huyó robándose el ‘prest’ del ejército, cometieron los mismos excesos en León y acabaron incendiando los edificios y asesinando y mutilando a los prisioneros».

Los líderes políticos de Nicaragua han vivido de la conspiración, rebeliones armadas, siguiendo incondicionalmente a un líder carismático dispuesto a todo para derrocar al tirano de turno; o bien, resignarse a sufrir las consecuencias de disentir públicamente (exilio, cárcel, confiscación, tortura o muerte); o negociar un pacto, como lo afirmaba en sus textos el doctor Emilio Álvarez Montalván.

El doctor Álvarez Montalván aseguraba siempre que “quien detenta el poder, (hace todo) a cambio de conseguir permiso para existir (y tomar) algunos puestos públicos. Finalmente les quedaba la opción muy frecuentada, de quitar al dictador y convertirse en una copia al carbón del derrocado”.

Hoy no se debe caer en este ciclo maldito. Ojalá escuchen y dejen la mayor responsabilidad a los jóvenes de abril y a los campesinos. Los oportunistas arrepentidos deben de agenciarse de una pizca de honor y reconocer que sus tiempos pasaron. Dejen en paz a Nicaragua.

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Juan Ramón Huerta

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