A un año del terrible asesinato de Marcelo Mayorga en Masaya

Foto tomada de redes sociales / NM

Auxiliadora Cardoze vio esta imagen y aunque intuía que era su esposo, esperaba que no lo fuera.

Su cuerpo quedó tendido en el suelo sobre un charco de su propia sangre. Sus compañeros intentaron recuperarlo pero la Policía no lo permitió, y luego su esposa gritaba desesperada pidiendo auxilio para poder llevárselo.

Carlos Morales Zapata

Es la mañana del martes 19 de junio de 2018. Hace días las balas llueven en los tranques de la ciudad de Masaya y varias de las barricadas han sido tomadas por los grupos antimotines y paramilitares que intentan recuperar la ciudad “a cualquier costo”. A inicios del mes una avioneta circundaba el cielo volando bajo y rociaba con veneno a todas las casas. La mayor concentración de este caía en las barricadas de Monimbó y hubo varios intoxicados. De vez en cuando algunos drones espías hacían lo mismo.

Caminando bajo el ardiente sol de mediodía, sorteando barricadas derruidas, escombros metálicos, trozos de piedra y restos de pólvora, casquillos de bala en el suelo y manchas de sangre y sombras en todas partes, va Auxiliadora Cardoze con un pañal blanco en su mano derecha. Lo ondea como señal de paz para que las balas que lanzan los policías y paramilitares no la alcancen.

Cardoze debe caminar unas 10 cuadras al oeste, en dirección al barrio San Jerónimo. En una esquina hay un cuerpo masculino vestido con camiseta blanca y una mochila negra en la espalda. Un charco de sangre bajo su cuerpo y la cabeza abierta por un disparo de bala. La mujer vio la foto por whatsapp y aunque sabe puede ser su esposo quien yace en el suelo con una tiradora en la mano, guarda la esperanza de que no lo sea.

En medio del fuego cruzado y con el pañal blanco en la mano Cardoze comienza a gritar desesperada pidiendo auxilio, porque su esposo está tirado en una esquina, a mitad de una calle con escombros y custodiado por decenas de policías que no dejan que los rebeldes recuperen el cadáver del hombre moreno y de piel tostada que se ganaba la vida como comerciante.

Grita desesperada pidiendo auxilio

Redes sociales

La esposa de la víctima caminó unas 10 cuadras entre el fuego cruzado para recoger el cadáver de Marcelo tirado en el suelo.

Desde las casas vecinas se ve a una mujer de estatura media vestida con camiseta color naranja cómo se parte en llanto gritando adolorida ¡por favor él no es un perro, ahora cómo me lo llevo. ¡Ayúdenme!

“¡Ayúdenme a sacarlo de aquí por favor!”

La mujer mira para todas partes gritando por ayuda. “¡Ayúdenme, él no es un perro!” Los antimotines a su alrededor no hacen nada.

La mujer se toca la cabeza en señal de dolor y al fondo se escucha el sonido sordo de las balas y los morteros al ser disparados. Se arrodilla adolorida junto al cadáver y grita el nombre de Marcelo.

¿Un estorbo?

Un oficial le dice que se lleve a ese perro de ahí, que más bien estorba.

El sol del mediodía se calienta sobre su cabeza mientras grita bañada en lágrimas: ¡ayúdenme! Marcelo falleció hace una media hora y es uno de los seis que asesinó la policía el 19 de junio.

Dentro de su mochila negra había unos libros de secundaria de su hijo, que él creía amortiguarían el impacto de una bala si le disparaban por la espalda. En una bolsa de su pantalón había unas 20 chibolas. En su mano izquierda una tiradora de madera que empuñaba al momento de ser asesinado.

Auxiliadora Cardoze debe caminar varias cuadras más y sortear barricadas para encontrar un carretón de basura y poder llevarse el cuerpo de su esposo tirado en el suelo sobre un charco de sangre.

Al regresar encuentra el cadáver de Marcelo en un sitio diferente al que lo encontró. Ahora está sobre un charco de agua y le falta su celular, su billetera y su reloj.

Un policía arrastró el cuerpo de Mayorga hacia un costado de la calle mientras 7 camionetas Hilux pasaban por el sitio. Seis de esos vehículos eran civiles.

Con gran dificultad su esposa monta el cuerpo inerte de Marcelo al carretón y se lo lleva sorteado barricadas y escombros.

Redes sociales

Policías arrastran el cuerpo de Marcelo Mayorga para poder pasar.

Los hombres que cargaban el ataúd de Marcelo, con rumbo al cementerio, lo hacían con el rostro cubierto por temor y a paso acelerado. En ese momento las balas se detuvieron por unos instantes.

La gorra que llevaba el día que lo asesinaron aún mantiene el orificio de la bala al costado izquierdo.

Y según la policía hay 3 versiones oficiales y en ninguna figuran ellos. Una hipótesis es que una bala perdida de los rebeldes lo mató. La segunda es que hubo una venganza personal, y la tercera es que un amante de la viuda lo asesinó para quedarse con ella.

Unos minutos antes de ser asesinado, Marcelo Mayorga habló por teléfobo con su hijo mayor. Le pidió que cuidara a su madre y a su hermano menor.

Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!