Se busca estadista ético y moralmente solvente

Ilustración de Significados.com / NM

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas”.

Thomas Macaulay

Julio César Guerrero Dias

Para aspirar a ser político se requiere que la persona posee muchas cualidades personales, lo moral, lo ético, pensar en el bienestar común, ser justo, honesto, servir a la sociedad, ser verdaderamente un político, la política nunca ha estado en crisis, son los que hacen política que han desnaturalizado el quehacer político.      

Siempre hablar o escribir de temas políticos resulta un poco difícil y peor cuando el escenario o la sociedad está evidentemente polarizado, pero considero que resulta necesario al menos compartir algunas ideas acerca de este tema, políticos versus ética.

En algunos escritos anteriores he señalado que no soy político en el sentido de pertenecer a algún partido, aunque no se puede negar que todos tenemos sin excepción alguna una tendencia ideológica, es decir una concepción o idea de cómo cada uno de nosotros leemos nuestro entorno. Eso nos define de alguna manera, nuestra forma de pensar.

Lamentablemente hoy es una concepción maniquea o estás conmigo o estás contra mí, qué pobreza de pensamiento.

También, cuando una persona dice que es apolítica o antipolítica no quiere decir que desea vivir en absoluta soledad y situarse totalmente al margen de la sociedad.

Normalmente esas personas manifiestan con su actitud una crítica y quizás un hastío frente a la forma de proceder de un gobierno determinado o en general de los distintos partidos políticos y políticos que actúan en el escenario

La ética, al estudiar las actitudes y comportamientos del hombre establece tres géneros de vida: la voluptuosa, la política y la contemplativa.

En el primero los vicios y deseos gobiernan al hombre. La voluptuosidad consiste en llevar una vida excedida de placeres, esclavizado a los deseos y pasiones humanas. Este tipo de vida era considerada indigna y más cercana a lo animal en la que la razón humana aún no logra el dominio de sí.

Aristóteles se refirió a esta de la siguiente manera: “Los hombres vulgares se muestran completamente serviles al preferir una vida de bestias” (Arist. EN 1095 b 19-21) 

El segundo es la vida política. Este género tiene como atractivo principal la búsqueda de honores y reconocimiento. La honra pública, para quien es merecedor de honor, lo es por la relevancia e importancia de sus actos.

En éste género de vida las personas desarrollan el razonamiento. Se gobierna a las pasiones gracias a un esfuerzo permanente y constante de principios éticos y valores educativos.

Antiguamente, se consideraba que la vida política era un género acompañado de una excelsa educación debido a lo cual sólo unos pocos seres podían tener acceso a ella: los hombres buenos.

Bajo esta lógica, cuando un hombre aprende a vivir políticamente se vuelve dueño y señor de su conducta y actúa siempre en razón del bien común y a ello dedica su vida.

Finalmente, el tercer género de vida es la vida contemplativa, se refiere a las personas que dedican su vida a la sabiduría, al cultivo de la espiritualidad y a la búsqueda de la trascendencia. En este género se renuncia a los bienes materiales, al exceso de placeres e incluso a los honores con tal de permanecer en un estado de contemplación acompañado de sabiduría y conocimiento.

Partiendo de la anterior clasificación, quienes se interesan por los asuntos públicos aspiran al segundo género de vida, es decir, el político, el cual, aunque tiene trazado un objetivo claro, la búsqueda del bien común, no transita por un camino sencillo: el dominio de uno mismo.

La historia de los políticos y gobernantes en nuestro país en cuales de esto género de la vida se han quedado, quizás los ciudadanos que han tenido la oportunidad de vivir en diferentes épocas y en diferentes modelos políticos, tienen más referentes para situar con mayor precisión como ha sido la práctica política, aunque me atrevo a señalar que ha sido la voluptuosa.

Para incursionar a la política y en función del bienestar común y aspirar a ser gobernante el personaje debe de poseer un perfil idóneo, para cumplir con los fines señalados se requieren personas con capacidad para saber dirigir un Estado, que cuenten con un perfil específico.

Una de las características de ese perfil es poseer diversas virtudes, así como sentido de justicia. Aristóteles señaló que: En el plano de las relaciones políticas entre los hombres, no se puede hacer nada sin que haya en el hombre un carácter moral o ético.

Es decir, se debe ser hombre de mérito moral. Y mérito moral significa estar en posesión de las virtudes. Por consiguiente, es necesario, que quien quiera alcanzar o conseguir algo en orden de la política sea él personalmente hombre de buen carácter. (Arist. Gran Ética, Libro I, Cap. I, 27-28)

Conviene hacer una pausa para recordar que la ética en su definición hace referencia al modo de ser o carácter que las personas van forjándose a lo largo de su vida. Y para lograr el dominio del carácter son necesarias varios elementos, por un lado, contar con una adecuada formación y, por otro, contar con un guía moral, veamos a que se refiere cada uno de éstos.

La formación de la conciencia, previa deliberación y razonamiento, proporciona madurez de juicio. A su vez, dicha madurez hace que el hombre se incline por adoptar principios sanos, y éstos serán los parámetros alrededor de los cuales girarán sus actos, serán los guías de sus comportamientos.

Quienes poseen sanos principios no roban, no mienten, no envidian, no son soberbios ni egoístas, por el contrario, ayudan, enseñan, son verídicos, humildes en su trato, responsables en sus tareas, resuelven problemas y dan resultados en sus trabajos.

Ningún ser humano que ha llegado a un grado de conciencia realizará actos viles, de cometer alguna fechoría o prestarse a realizar alguna acción indebida será porque no ha logrado alcanzar un nivel de dominio sobre sí mismo.

Con relación al guía moral, el estagirita, refiriéndome a Aristóteles escribió: “Llevar a cualquier persona a una disposición moral no es tarea para el primer venido al azar, antes bien, si es tarea propia de alguien, lo será del que conozca la cuestión, como ocurre con la medicina y las demás artes que requieren una cierta solicitud y prudencia” (Arist. EN 1180 b, 26-28).

En nuestra época ¿existen guías morales para los políticos? La respuesta es contundente: no.  Se requiere que sean personas íntegras, que posean conocimiento y/o experiencia en asuntos públicos, que posean habilidades didácticas para saber conducirnos a todos.

En política, los políticos o quienes ejercen esta función deben poseer diversas virtudes: prudencia, paciencia, justicia, ecuanimidad, magnanimidad, sabiduría. Todas ellas necesariamente las enseña la disciplina ética. Un político sin prudencia puede precipitarse al tomar una decisión. Un político sin paciencia actúa de forma acelerada.

Un político sin sentido de justicia comete injusticia. Un político sin ecuanimidad puede errar al actuar bajo la emoción o estar alterado.

Un político sin sabiduría actuará conforme a las ocurrencias que le vengan en el momento. “Nunca nadie podría llegar a ser político con sólo familiarizarse con la política; por eso los que aspiran a conocer el arte de la política necesitan además la experiencia” (Arist. EN 1181 a 13-16).

La política sin ética genera corrupción, un sinnúmero de actos injustos. La ética sin política pierde la capacidad de poder hacer el bien a la comunidad en general. Pero el bien no consiste en saber cuáles son los deberes fundamentales del hombre y hacer propias las virtudes éticas, sino en aprender a realizar la acción del mejor modo posible.

Los principios éticos son la elección de una conducta en las relaciones con otros, es estar en acción día a día. No se considera buena a una persona con buenas intenciones, sino a quien obra bien, al que hace justicia.

Estas reflexiones que comparto con ustedes no son más que ideas ya que ahora incursionar a la política sea ha convertido en un modus  vivendis, una moda, muchos quieren jugar a la política y aspirar a ser gobernante, digo esto porque, la enfermedad de la presidentitis se nos avecina, pero es usted puede aportar a esos cambios.

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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