Los dilemas de la lucha política: unidad en la diversidad o seguir estancados

Oscar-René Vargas

El estrangulamiento de las zonas rurales y ciudades, con métodos policiales y paramilitares ha logrado que la mayor parte de la población adverse al régimen. Los ciudadanos no ven el actuar de estas fuerzas como una protección sino como un acto de violencia.
El ejército, bajo el control de oficiales que acuerpan las decisiones del dictador, se hace de la vista gorda ante los actores armados no estatales, o sea, los paramilitares o bandas armadas, tanto en las ciudades como en el campo.
Hay que tener en cuenta que todas las contradicciones y defectos del régimen siempre se expresan de manera concentrada en el ejército. Sin embargo, para su continuidad, el ejército necesita tanto del crecimiento de la economía, como de la independencia personal, la libertad de deliberación, reflexión y decisión como institución.
Dentro de su estrategia global, el régimen intenta producir un efecto social, producto de la represión generalizada, que llamamos “gas paralizante”; es decir, hacer que los movimientos sociales se queden paralizados.
Pienso que ni las sanciones individuales ni la caída del PIB ni las condenas internacionales, por sí solas, marcarán el final del régimen. Únicamente la lucha organizada del pueblo en todos los frentes, más la presión internacional lo pueden obligar a aceptar unas elecciones transparentes, situación que el régimen trata de soslayar para evitar una derrota
El régimen, cegado por su provincialismo, pretende prescindir del entorno internacional (sanciones, aislamiento, inversión extranjera, cooperación internacional, etcétera) para permanecer en el poder hasta el 2021.
Si en la historia política nacional el azar, lo imprevisible y las subjetividades siempre han tenido un papel en el quehacer político, hoy el régimen está jugando –literalmente- a la ruleta rusa.
Antes que nada, el régimen busca cómo mantenerse en el poder. Aprovecha la falta de unión de sus adversarios para amenazarlos, dividirlos, cooptarlos, extorsionarlos, y buscar así mejores ventajas bilaterales en las futuras e inevitables negociaciones.
Debemos estar claros que las amenazas del régimen, sus chantajes y golpes de mesa son solamente un bluff, para atemorizar al gran capital, porque sabe que, dada la perspectiva de la profundización de la recesión económica, el gran capital no se disparará en el pie apoyando una salida política que no sea de aterrizaje al suave.
Existe una extrema oligarquizacion del poder, concentrado en una nomenclatura. Ésta es sin duda la clase que dirige la política y la sociedad, gracias a una inmensa acumulación de poder en la economía, el Estado y la comunicación. Pero, ya no es la clase dirigente, ya que está quebrantada su hegemonía sociopolítica.
Sin embargo, las fuerzas de los movimientos sociales están sumidas en una situación muy compleja que esperemos no acabe en un callejón sin salida, ya que hemos llegado a una situación exacerbada y en reflujo.
Obviamente, a quienes nos situamos en el espacio democrático progresista nos interesa reflexionar sobre los pasos a seguir para salir de empantanamiento actual, teniendo en cuenta en qué contexto se mueve la Alianza, la UNAB, y la Articulación de los Movimientos Sociales y los fines que persiguen. Es necesario debatir fraternalmente con todas las fuerzas de oposición a la dictadura.
Desde abril 2018, una gran mayoría social ha dejado de creer en la capacidad y la voluntad presente y futura del régimen para satisfacer sus necesidades y expectativas, pero no cuenta ni con instrumentos de organización, ni con objetivos de ruptura compartidos y de confianza para alcanzarlos, imprescindibles para constituirse como alternativa al poder.
Para hacer frente a una situación sociopolítica-económica que tiende a agravarse, y en la que el tiempo de reacción social está en cuenta hacia atrás, hacen falta alternativas unitarias, pero fuertes.
Alternativas unitarias que se propongan cambiar a la dictadura y al país. Que hayan aprendido de las experiencias de los últimos meses, de que sólo puede haber una política posible que se gane la credibilidad de la mayoría de la población, y sepan hacerlo.
Lo que significa, ahora mismo, tener como principal prioridad la construcción de la unidad y adaptar a este objetivo, cualquier táctica, incluso la electoral.
En el transcurso de los últimos meses se ha ido conformado lo que podemos considerar un “estado de opinión” ampliamente compartido en los movimientos sociales y políticos sobre la necesidad de construir una alternativa política unitaria, con un programa de “mínimo común denominador” y un instrumento electoral con voluntad y capacidad de ganar y formar gobierno.
Tenemos que tener en cuenta que no es lo mismo ganar en sentido electoral (obtener una mayoría electoral), ganar en el sentido político (tener la capacidad y los medios para poner en práctica un programa de gobierno) y ganar en sentido social (contar con una movilización activa de la mayoría social que oriente, controle e impulse la acción de gobierno y socialice la política).
Estas categorías simplificadas no son entidades autónomas, sino interrelacionadas, y la fuerza de esta interrelación se basa en las posibilidades de éxito del proyecto político de los ciudadanos autoconvocados.
Por lo tanto, ganar en sentido social es la condición de la victoria popular. Y para ello hace falta una mayoría social organizada, articulada entre componentes diversos, solidaria entre sus diversas demandas y capaz de asumir y superar los obstáculos legales y materiales que se interpongan en el camino.
El debate sobre las elecciones adelantadas en el 2020 o las elecciones en 2021, como lo desea el régimen, no sólo es legítimo, sino necesario. Debate que no se resuelve ni con fórmulas, ni con eslóganes y menos con descalificaciones.
Las situaciones complejas no admiten simplificaciones que acaban en simplezas y sectarismos. El debate debe de partir de que a priori ninguna solución es ideal, porque desde el punto de vista de los movimientos de los ciudadanos autoconvocados, hoy se parte de una situación de reflujo social.
Por lo tanto, es una cuestión de valorar ventajas e inconvenientes en tres terrenos de cualquiera de las dos alternativas electorales: 2020 o 2021:
a) Qué resultado beneficioso/perjudicial puede tener para la mayoría social.
b) Establecer el coste/beneficio en términos sociopolíticos-electorales para las diversas fuerzas.
c) Qué características deben de tener las fuerzas políticas con las que se puede establecer una alianza, aunque sea puntual.
Para salir del impasse táctico en que se encuentra la lucha contra la dictadura, pienso ese es el camino. Es hora de abordar seriamente estas cuestiones, el orden no altera el producto.
La estrategia para ganar debe ser la unidad en la diversidad. El movimiento de abril necesita de la inmensa mayoría de la población para derrotar a la dictadura.

San José/Costa Rica, 06 de agosto de 2019.

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Un comentario sobre «Los dilemas de la lucha política: unidad en la diversidad o seguir estancados»

  1. En este momento cualquier alianza con partidos políticos no debe ser electoral porque nos podría llevar a cederle innecesariamente grandes espacios a estos partidos si aceptamos el ofrecimiento de sus casillas para correr en las próximas elecciones. La Alianza Cívica debe tener su propia casilla y formar alianzas electorales después, pero esto debe darse con las reformas electorales. No tendría sentido hacerlo antes.
    Una alianza política en este momento, y menos si es electorera, tampoco es una garantía para potenciar la lucha. Para entender mejor esto basta ver la experiencia negativa de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) de Venezuela.
    Aquí el problema está en la parálisis del movimiento Azul y Blanco por el efecto del “gas paralizante”, pero esto se podría intentar contrarrestar con una acción también “paralizante” en contra de las instancias represivas del estado, hecha por la comunidad internacional. Si estas instancias del gobierno insisten en reprimir las protestas pacíficas, que son un derecho constitucional, pues que paguen un alto precio por ello. De momento lo están haciendo a sus anchas y sin afectación alguna.

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