Cuidado con el “síndrome de Procusto*”, cuando el talento de unos es veneno para otros

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Una constitución democrática que no se apoye sobre instituciones democráticas en sus detalles, sino que se limite al gobierno central, no sólo no es libertad política, sino que con frecuencia crea un espíritu que es precisamente el opuesto, llevando hasta las capas más bajas de la sociedad el deseo y la ambición de dominio político.                                                                                              John Stuart Mill

 

Julio César Guerrero Dias

La organización social es importante ya que permite a la sociedad velar por el bien común, garantizar la participación ciudadana involucrase y comprometerse con el cambio social, político y económico del país.

Las sociedades cada día buscan como interactuar en busca de socializar conocimiento, vivencias que les permita estar un poco más cerca de lo que sucede en el entorno social, político y económico inmediato.

La interactuación social es el punto de partida, para para ir construyendo lo que llamamos organizaciones sociales, una necesidad en esto momento de suma importancia para enfrentar y responder de una manera más efectiva y razonable las demandas de diferente naturaleza que demanda el país.

Esto para la gente implica involucramiento y compromiso personal y social con miras al bienestar común, en este proceso de construcción organizacional se corre el peligro que los involucrados vayan creando formas de poder y creer que la organización es de ellos, y mantenerlas como propias y es donde se inicia la entronización del poder a través del manejo y dominio organizacional.

“Si la tendencia del poder es a concentrarse en pocas manos, originando grados de desigualdad en la distribución del mismo, en las organizaciones, este fenómeno se expresa en la relación que existe entre el poder y la jerarquía, donde ambos están relacionados con el puesto o cargo que una persona ocupa y sus relaciones con los demás.

“En este sentido, la distancia jerárquica debe ser vista como una variable de análisis en las relaciones jefe-subordinado, en los fenómenos y acciones de liderazgo y en la mentalidad que en un momento dado asuman los miembros de la organización frente a determinada situación” (Hofstede, 1993).

En el caso nuestro muchas de nuestras organizaciones sociales, políticas, económicas, culturales y de otra naturaleza tienen dueño se han posesionado y las consideran como suyas y hacen de ellas lo que quieren, su razón social de origen, sus normas y reglamentos se acomodan de acuerdo a sus intereses personales en otras palabras se han desnaturalizados.

Es así que se discrimina, se excluye, se aparta a toda aquella persona que critica, que propone que piensa diferente, eso lo notamos en muchas organizaciones de diferente índole, los que están dirigiendo estas organizaciones padecen del síndrome o incapacidad de Procusto que define a aquellas personas que al verse superadas por el talento de otros, deciden menospreciarlos deshacerse de ellos.

El miedo los lleva a vivir una mediocridad, donde no avanzan ni dejan que otros hagan, miedo a ser superados profesionalmente o personalmente, la envidia les carcome su pensamiento y toma decisiones para frenar iniciativas, eso lo percibimos y creo que lo hemos sentido dependiendo de la organización donde estemos involucrados.

Desde un punto de vista conductista, Simon (citado por Ibarra y Montaño, 1984) profundiza el estudio del poder en la toma de decisiones en el contexto organizacional en términos de su estructura y propiedades internas, debido a que se requiere una concepción operativa.

Simon sostiene que el proceso decisorio se guía a través de la racionalidad limitada que caracteriza todo comportamiento humano, incorporando los mecanismos de influencia a través de los cuales la organización controla el comportamiento de sus miembros. Luego el individuo es controlado por la organización por medio de la autoridad, el consejo, la información y el entrenamiento como mecanismos externos, y a través del criterio de eficiencia y lealtad e identidad organizacional.

En conclusión, Simon crea una teoría organizacional que proporciona medios de dominación para asegurar el mantenimiento de la organización, del capital sobre el trabajo (Ibarra y Montaño, 1984). Las relaciones de subordinación son una constante dentro del contexto organizacional.

Es a partir de estas situaciones de formas de conducir las organizaciones que surgen los conflictos organizacionales por el ejercicio del poder dentro de ellas eso lo miramos, lo sentimos en el contexto que estamos viviendo.

Al respecto Morgan (1996) señala:

El conflicto surge siempre que los intereses chocan. La reacción natural al conflicto en las luchas organizacionales, por lo general se visualiza como una fuerza disfuncional que puede ser atribuida a un conjunto de circunstancias o causas lamentables.

Es un problema de personalidad, son rivales que siempre chocan de frente, los de producción y los de mercadotecnia nunca se la llevan bien, todo el mundo odia a los auditores y a los contadores.

El conflicto se visualiza como un estado infortunado que desaparecería en circunstancias más favorables.

Pero si nuestro análisis es correcto, entonces el conflicto siempre está presente en las organizaciones. El conflicto puede ser personal, interpersonal o entre grupos y coaliciones rivales.

Puede estar construido en las estructuras, papeles, actitudes y estereotipos organizacionales, o surgir por una escasez de recursos. Puede ser explícito o encubierto. Cualquiera que sea la razón, o la forma que asuma, su fuente está en una divergencia real o percibida de intereses. (p. 155)

La práctica del poder se hace evidente entonces en el campo organizacional, aquel constante debate sobre el poder impuesto y el reconocido, que desde una mirada superficial, sólo toma el ejercicio del poder en la organización como la tarea que el dirigente debe realizar con el fin de hacer converger las actividades de los miembros de la organización hacia la realización de los objetivos establecidos con antelación, sin importar los procedimientos que se practiquen lo que se busca es lograr el fin..

El discurso del ejercicio del poder en las organizaciones, en la práctica, se sitúa en toda una tradición de medios o de fórmulas ideológicas empleadas por los dirigentes para garantizar que las acciones de los miembros de la organización tiendan a servir a sus propios objetivos.

Es el medio para manipular el comportamiento y ganar la cooperación de los participantes en la organización, tiene la ventaja de proporcionar, a quien lo utiliza, una apariencia de legitimidad, entonces el poder se presenta como un nuevo medio de control y de dominación, ya sea por el control de lo informal o de la irracionalidad, esta última noción siempre se ha asociado a lo simbólico y a lo imaginario.

El ejercicio del poder en las organizaciones no tiene otra función que la de la represión que conduce necesariamente a entablar una relación de fuerza, la cual implica, a su vez, de manera tradicional, una relación de poder guiada como ley y prohibición.

Es de suma necesidad que la sociedad esté organizada para enfrentar las situaciones que se presenten, no debemos de perder de vista que también los que asumen la dirigencia organizacional la asumen con fines interese y propósitos determinados.

(*) Síndrome de Procusto

El síndrome de Procusto hace referencia a la intolerancia a la diferencia. Es muy común en los ambientes profesionales y domésticos por la presencia de individuos con actitud egoísta, generalmente por el miedo de ser superados por otros.

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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