Nicaragua demanda una democracia más allá de elecciones y de reciclaje de rostros

Foto de Carlos Morales / NM

“La democracia constituye necesariamente un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. Siendo posible que todos decidan contra uno cuya opinión pueda diferir, la voluntad de todos no es por tanto la de todos, lo cual es contradictorio y opuesto a la libertad”.                                                                                                          Immanuel Kant

 

Julio César Guerrero Dias

La democracia que toda sociedad moderna desea debe ser incluyente donde el ciudadano no solo tenga derecho a elegir, si no que sea el artífice primario para proponer, que sus voces no solo se oigan, sino que se escuchen, que se sientan no solo representados, también que sean arquitectos de una nueva cultura política que sientan que es su proyecto político.         

Siempre opinar sobre temas políticos resulta un poco engorroso debido a que la cultura política que tenemos la mayoría de los nicaragüenses es de calificar o dar un juicio de valor del quien opina.

Se tipifica, se califica, se etiqueta, se insulta, en fin podés recibir de todo, pero bueno ese es el riesgo que uno toma cuando trata de compartir punto de vista.

Dentro de todo esto de la opinión, es saludable que unos compartan y otros disientan porque de eso se trata, lo principal del asunto es que tenemos que ir creando una cultura de respeto a las ideas aunque no se compartan, ese es parte del juego de la democracia de una sociedad.

Habrá que empezar a practicar para que seamos una sociedad civilizada acorde con los tiempos modernos y no continuar con una lucha intestinal de los buenos y los malos, los héroes y los villanos, los dioses y los demonios, los inteligentes y los estúpidos en fin podemos seguir dando maniqueísmo a las cosas.

Si seguimos en esta práctica nuestra sociedad se encamina a lo que decía Gandhi ojo por ojo y el mundo quedará ciego, tampoco se trata de perder de vista o hacer caso omiso de los acontecimientos que suceden en nuestro entorno.

Regresemos un poco a lo que implica el concepto de democracia dentro de una sociedad moderna. La concepción que se tiene es a partir de las elecciones como si fuera la única variable que sustenta la democracia cuando es apenas una variable.

Es también la independencia de los poderes de Estado me refiero al ejecutivo, legislativo, judicial, en el caso nuestro un poder agregado el electoral, y la igualdad, y el respeto a las libertades públicas e individuales, la protección de los derechos humanos, la libertad de expresión, y el derecho de la información.

Cuánta democracia existe dentro de las familias, instituciones, organismo, empresas, universidades, partidos políticos, medios de comunicación, en las iglesias llámese protestantes o católica, entonces como sociedad nos encontramos en una situación un poco difícil porque todos los que de alguna u otra manera representan estas instituciones son los que deciden que se va hacer como se hacer y por que y para que se harán las cosas.

El gran contribuyente para llevar a cabo esto es el pueblo y es el que menos que se toma en cuenta para su participación en cuanto a ideas y propuesta que quieran presentar.

La actual crisis de la democracia no se limita a la crisis de representación. Las elecciones tienen hoy menor capacidad de representación por razones institucionales, sociológicas, existe malestar y desasosiego ciudadano.

El pueblo ya no es aprehendido como una masa homogénea, sino como una sucesión de historias singulares. Y para dar cuenta de ello, resulta urgente ampliar la democracia de autorización a una democracia de ejercicio, lo cual requiere de una democracia narrativa, con ciudadanos iguales en dignidad y reconocimiento.

Nos hemos quedado en seguir a los caudillos por que esa ha sido nuestra práctica histórica, porque muchos creen que son los omnipresentes y que sin ellos las cosas no caminan.

Los han endiosado y me refiero a todos sin excepción alguna, aquí todos tenemos una cuota de responsabilidad, en algún momento hemos caído, porque nos hemos sentido identificados con los cantos de sirenas que nos contaban, ahora cada uno desde nuestros espacios y de acuerdo a lo que mejor hagamos podemos ir desarrollando una cultura política diferente, y encaminarnos al término que está en hit parade la democracia.

La democracia de ejercicio, más allá de la democracia de autorización. Nuestros regímenes pueden llamarse democráticos, pero aun así no somos gobernados democráticamente.

Este es el gran hito que alimenta el desencanto y el desconcierto contemporáneos. Precisemos: nuestros regímenes son considerados democráticos en el sentido de que el poder surge de las urnas luego de una competencia abierta y de que vivimos en un estado de derecho que reconoce y protege las libertades individuales. Se trata ciertamente de democracias en gran medida inacabadas.

Los representados se sienten abandonados por sus representantes estatutarios, y el pueblo, pasado el momento electoral, se percibe muy poco soberano. Pero este hecho no debe enmascarar otro, erróneamente identificado en su especificidad: el del mal gobierno, que también corroe profundamente nuestras sociedades. Aunque la vida política se organice en torno de instituciones que definen un tipo de régimen, es también resultado de la acción gubernamental, es decir, de la gestión cotidiana de los asuntos públicos, instancia de toma de decisiones y de mando.

Es el lugar de un ejercicio del poder, que en términos constitucionales se denomina Poder Ejecutivo. Con él tienen que lidiar los ciudadanos inmediata y cotidianamente, a la vez, el centro de gravedad de la exigencia democrática se ha desplazado imperceptiblemente. Aunque durante mucho tiempo esta última se relacionó principalmente con la determinación de un vínculo positivo entre representantes y representados, ahora es la relación de los gobernantes hacia los gobernados la que también debe ser considerada.

Para los ciudadanos, la falta de democracia significa no ser escuchados, ver que las decisiones se toman sin consulta, que los ministros no cumplen con sus responsabilidades, que los dirigentes mienten con impunidad, o constatar que la corrupción abunda, que la clase política quiere protagonismo y no rinde cuentas y que el funcionamiento administrativo permanece opaco.

En la época del predominio del poder ejecutivo, la clave de la democracia reside en las condiciones de control de este último por parte de la sociedad. La relación gobernados-gobernantes se ha convertido en la cuestión principal. El problema es que la única respuesta que se viene dando a este imperativo se limita a la elección del jefe del ejecutivo. Pero solo se ha puesto en marcha una democracia de autorización, el acuerdo de un permiso para gobernar. Ni más ni menos. Esto claramente no es suficiente, como podemos ver en el mundo de los funcionarios elegidos, que están lejos de comportarse como demócrata.

Nuestra sociedad busca cómo ir construyendo una democracia donde la sociedad sea la que verdaderamente participe, en nuevas propuestas organizativas de inclusión y compromiso, de explorar nuevos actores y actrices políticos ya que los que están jugando al cambio de sistema, son las mismas caras que por muchos años no hicieron nada, al contrario, fueron cómplices, y que hoy se han montado en la ola del cambio político.

Yo como ciudadano no le creo a nadie, he visto bastante, lo único que sí creo es que el ciudadano entre mas educación tenga mejor sabrá discernir, hasta donde podemos avanzar, que nos depara, hacia donde vamos, como aportamos desde nuestra trinchera de actividades que realizamos todos los días, usted puede contribuir a un cambio de cultura política, vale la pena intentarlo.

Desacelerar un poco la rabia, el rencor y la venganza para que intentemos buscar la unidad en la diversidad, quizás sea una utopía alcanzar esto pero siempre es bueno soñar, reflexione un poco y vea si es posible lograrlo.

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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