La democracia necesita de movimientos sociales con autonomía y legitimidad

Gráfico de AEIH / NM

             “Mientras luchan por separado, son vencidos juntos”.  Tácito

Julio César Guerrero Dias

Los nuevos movimientos sociales no aspiran en convertirse en partidos políticos, ni tampoco a poseer el poder político, más bien se han convertido en los grandes negociadores para el bien común, entre el poder político y la sociedad.      

La historia de nuestro país está marcada por fenómenos de carácter sociales, políticos y económicos que marcan el quehacer de la sociedad, situaciones en la que empujan a crear de manera espontánea los movimientos sociales.

Para reflexionar sobre este tema empecemos por definir qué es un movimiento social, para acercarnos sobre la base de qué es lo que los movimientos tratan de suplir, qué carencias tiene la sociedad, qué frustraciones se manifiestan en el seno de la sociedad, qué negaciones ha tenido la sociedad. A partir de esto es que surge un movimiento social.     

Es una forma de acción colectiva la cual implica la preexistencia de un conflicto, de una tensión que trata de resolver, haciéndolo visible, dándole dimensiones a esa acción colectiva, pero importante llamada de atención, no cualquier conflicto desemboca en una acción colectiva que toma la forma de un movimiento social.

Podemos señalar algunas características sociales, políticas y económicas que son el punto de partida para la creación de un movimiento social.

Surgen porque existen tensiones estructurales, que generan vulneración de intereses muy concretos, muy visibles, muy sentidos y muy vividos a veces. Así pues, surgen por carencias o fracturas estructurales, que dicho sea de paso, siempre existirán y como siempre existirán, también siempre existirán los movimientos sociales.

Un movimiento social surge porque otras formas preexistentes de organizaciones de solucionar ese conflicto no pueden llegar a él, no saben llegar a él o no quieren llegar a él. Surge, pues, porque existen carencias organizativas, quizás eso es lo que ha ocurrido en nuestro país. 

Un movimiento social surge, además, porque a determinada gente no le gusta cómo se vive, cómo viven ellos en general y cómo se vive la resolución de esa injusticia, de esa negación de intereses colectivos, pero muy cercanos en particular. Preferiría vivir relacionándose con los otros de otra forma y preferiría solucionar esos problemas colectivos de la misma manera que le gustaría vivir.

Creen que los problemas, a favor de cuya solución ha decidido movilizarse, deben solucionarse de forma participativa, igualitaria y cooperativa, y por tanto buscarán organizarse, moverse de forma solidaria, participativa para solucionar esos problemas.

Prefiguran en su acción colectiva el mundo o una parte del mundo que tratan de establecer, estas acciones las podemos notar en todas partes del mundo donde la acción de los movimientos sociales puede incidir en los tomadores de decisiones, así, un movimiento es una respuesta a carencias a las necesidades que la sociedad manifiesta es la incomodidad hacia determinadas situaciones que se presentan en el seno de una sociedad. 

Se considera que existen algunos rasgos que son la que impulsan una acción movilizadora, pueden estar determinadas por lo siguiente: un sentimiento de que algo injusto está ocurriendo y de que hay alguien culpable de esa injusticia.

Sentimiento de que esa injusticia recae sobre un colectivo con el que el individuo se siente solidario, de que existe un nosotros una identidad colectiva, violada por esos otros culpables y finalmente, sentimiento de que es posible, en una movilización colectiva, vencer juntos esa injusticia. Y por lo que se refiere al primer rasgo el sentimiento de injusticia con sus correspondientes culpables éste surge a partir de otras tres posibles circunstancias.

Viven de una desigualdad ilegítima grupal, daños o agravios colectivos inesperados y violación de valores o creencias compartidos. En determinadas circunstancias este descontento, debida y colectivamente enmarcado, se transforma en acción.

El conjunto de incentivos que pueden determinar que un individuo pase del descontento a la acción, podemos dividirlos en dos grandes grupos. Colectivos y selectivos. En el primero, el individuo se ha convencido de que su participación en el movimiento es necesaria para lograr esos bienes colectivos que a él le parecen relevantes y por los que lucha el movimiento.

En el segundo, el individuo decide participar porque el movimiento le ofrece, al margen de poder obtener unos bienes colectivos, unas particulares ventajas. Ventajas materiales como uso de determinados locales sólo para miembros, o sociales, como sentirse reconocido por aquellos a los que quiere o admira o sentirse reconocido, sin más, por alguien.

Por lo que se refiere a la decisión participativa basada en los intereses colectivos creo que ésta se sitúa fuera del estricto cálculo de costos y beneficios que tiende a conducir a la posición del conformista.

Creo, por el contrario, que al margen ahora de la oferta de incentivos selectivos, se decide participar, aunque se crea que desde una perspectiva cuantitativa no se incrementan las posibilidades de éxito por esa participación individual.

No es cierto que los individuos toman sus decisiones de forma aislada, como si no existiesen otras gentes con las que consulta, con las que vive y comparte la solidaridad, a las que se siente ligado por promesas, por las que se siente presionado, como si no existiesen todos esos factores sociales que hacen que la gente luche junta.

Precisamente porque la gente es consciente del riesgo de que nunca se obtendría un bien colectivo si demasiados optasen por ser unos atenidos, precisamente por eso eligen participar en un movimiento social y tratan de asegurarse de que otros también lo hagan.

La sociedad hoy demanda de nuevos movimientos sociales, con nuevos participantes, también se debería incluir en este aspecto lo de la autonomía, la estrategia política de estos nuevos movimientos sociales.

Sin duda exigen cambios al poder político, se relacionan con él. Sin embargo, no pretenden ser poder político, tomar el poder político y desde él dictar normas imperativas, ni tampoco quieren vincularse, depender o transformarse en un partido político con vocación, o ejercicio práctico, de poder político.

Los nuevos movimientos sociales creen que sólo permaneciendo en la sociedad es posible no sucumbir a la tentación de la imposición exterior y consecuente pérdida de autonomía individual, de no acabar perdiendo la autenticidad en aras de la supuesta operatividad del poder político.

Este apartado es muy significativo en el caso nuestro, entonces la pregunta sería, cómo percibimos nuestros movimientos sociales los que encabezan estos movimientos sociales que buscan llegar al poder político y una vez si lo logran alcanzar dictar más de lo mismo.

O creen ustedes que las acciones que hacen es para un colectivo o para un bien individual, se dice que los nuevos movimientos no buscan el poder político, si no, más bien ser un puente y de vigilancia de los que ostentan el poder y ser actores colectivos del buen desarrollo del país.

En los partidos existe una estructura organizativa que funciona de forma vertical, existe un proceso jerárquico en la toma de decisiones y por otro lado los afiliados al partido establecen en su seno relaciones reglamentariamente establecidas, tiene derechos regulados y precisos deberes cuyo incumplimiento puede suponer hasta la expulsión del partido. En un partido no todo el mundo puede tomar todas las decisiones y por supuesto no todo el mundo participa por igual en los distintos procesos de decisión, partiendo de este concepto de partido nuestros movimientos sociales son muy parecidos o no, ¿qué dice usted?   

Por el contrario, en un movimiento son otras las tendencias organizativas dominantes. Predomina la toma de decisiones horizontal, se supone que todo el mundo debe o al menos puede decidir, sobre todo, y los derechos y deberes de los participantes no suelen estar regulados.

Prima la buena fe sobre la eficacia y en este sentido la informalidad organizativa es la regla, nunca la excepción. Los que se mueven en un movimiento social no se definen como miembros sino como participantes.

Un movimiento social debe tener capacidad movilizadora, para lo cual necesita un mínimo de organización, pero para un movimiento es igualmente importante que los que en él participan sientan que no han delegado su protagonismo a una o varias personas, que retienen su soberanía a la hora de tomar decisiones, estas ideas nos conducen a reflexionar que estamos haciendo en la acción participativa estamos participando como partido aunque no tenga la etiqueta de partido o estamos participando como miembro de un movimiento social.

De todas maneras, usted es quien decide en qué lugar puede estar ubicado, también tiene ese derecho como ciudadano.

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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