Comunitarios desafían sequía de 10 mil kilómetros cuadrados en Nicaragua

Las mujeres de las comunidades vulnerables han sido la avanzada en la organización comunitaria. Foto cortesía del MCN / NM

Nuevas Miradas

Audilia Hernández, esposa de Juan Francisco Morales, tiene 78 años, realiza pocas tareas de campo, pero ella es quien abastece de agua el recipiente para un sistema de riego. También cuida de hortalizas ubicadas en maceteras improvisadas con llantas de vehículos. Aunque no asiste de manera directa a las capacitaciones, se incorpora a labores del desarrollo de la familia, por intermedio de su esposo.

Esto es apenas una gota en el esfuerzo comunitario de centenares de familias que habitan la zona más seca del país y que según Guillermo Bendaña, autor de estudio publicado en febrero de 2018 por la Revista de Temas Nicaragüense, la sequía afecta con mayor severidad los departamentos de Nueva Segovia, Madriz y partes de Estelí, León, Matagalpa y Jinotega.

Los esfuerzos en capacitación y proyectos familiares se enfrentan a un área aproximada de 10,000 kilómetros cuadrados y con más de medio millón de habitantes.

Fuentes de agua languidecen

En estos territorios las fuentes de agua superficiales son escasas, las que desaparecen en la época seca, las aguas subterráneas son muy profundas y las lluvias son muy escasas.

Otra beneficiaria, Juana Antonia Alvarado de 43 años es quien asume un papel determinante en el cuido y atención del huerto. Hace la siembra y limpieza, pero además da las recomendaciones directas a los hombres para que preparen condiciones, como la instalación de las cercas en el contorno del área sembrada para protegerla de los animales domésticos.

También está el caso de María Guzmán de 42 años, quien junto a su cónyuge, Jesús García, llevan el registro de datos de un pluviómetro instalado en su casa como parte de un sistema de monitoreo de lluvias. Con esto se conoce el volumen de agua que cae en la comunidad en el periodo lluvioso y la información se comparte con las familias con el fin de apoyar las decisiones para la siembra.

Cuando la comunidad suple al Estado

La ausencia de políticas públicas para este territorio o abandono del Estado, y los sobrados discursos acerca de promesas para sacar de la pobreza a estas familias, han permitido que sus propios habitantes busquen la solución de la mano con el Movimiento Comunal Nicaragüense en un programa denominado “Acción Comunitaria: Pobladores del Corredor Seco en el Norte de Nicaragua frente al Cambio Climático”.

Cambio climático trastocó señales del campesino

El cambio climático expresado con rigor en esta vasta zona de historial productivo, tanto en el agro como en lo pecuario ha cambiado bruscamente las señales de la naturaleza para sus labores agrícolas.

Para los campesinos, ver migración de las hormigas con alas era una señal inequívoca de la llegada y asentamiento de la estación lluviosa y que ya sería tiempo de preparar la tierra. Con las primeras lluvias se hacia la siembra, pues se tenía la seguridad de que el agua no faltaría.

Estas señales denominadas bioindicadores, son conocimientos acumulados que poseen las familias campesinas y que han adquirido por medio de la observación, la experiencia e historias contadas por las abuelas y abuelos, que han pasado de generación en generación a través de la tradición oral y se revitaliza en cada ciclo de siembra.

Buscar resolver graves afectaciones al campesinado

Según un informe del Movimiento Comunal apoyado por la Agencia Católica Irlandesa para el Desarrollo, Trocaire, la pérdida de la cosecha o baja productividad tiene tres efectos directos en la vida de estas familias como el riesgo en la seguridad alimentaria, limita el acceso a otros bienes de consumo de primera necesidad como azúcar, sal, aceite, calzado, medicinas y otros.

También pone en riesgo la comercialización de los productos del campo y los próximos ciclos agrícolas.

“Para sobrevivir al cambio climático las especies de animales y plantas y los seres humanos debemos adaptarnos a un nuevo ambiente o desaparecer en el intento. Se trata de desarrollar acciones para contribuir a un ambiente con menos calor, asegurar y proteger las fuentes de agua, buscar formas de trabajar la tierra utilizando semillas que resistan la sequía, cuidar la comunidad de los posibles efectos de las lluvias y otros fenómenos naturales que acrecientan con el cambio climático”, consigna el informe.

El caso Mancico es ejemplar

Según el trabajo, en la comunidad de Mancico, del municipio de Somoto, en las cercanías de la montaña Tepesomoto, La Patasta a seis kilómetros de la ciudad cabecera municipal, cuenta con una población de 470 personas (240 hombres y 230 mujeres), distribuidas en 119 familias y albergadas en 86 viviendas.

El clima predominante en la comunidad es tropical seco y ostenta una temperatura promedio entre los 27 y 30 grados centígrados, con precipitación pluvial media anual de 600 a 900 milímetros, con un periodo lluvioso entre los meses de mayo a noviembre, según datos registrados por la comunidad del 2010 al 2015.

La principal actividad económica es la agricultura y la ganadería en menor escala, que se ha visto afectada por el cambio climático. Una parte de la población busca otras alternativas en los centros urbanos; las mujeres prestan servicios como asistentes del hogar y los hombres en trabajos temporales como albañiles.

Otros ingresos de las familias provienen de las remesas de dinero de familiares que trabajan en países como Costa Rica y El Salvador.

Búsqueda de una mejor calidad de vida

A partir del 2014, el Movimiento Comunal Nicaragüense trabaja de forma sistemática en la comunidad y ha impulsado un proceso de fortalecimiento organizativo que ha favorecido acciones que mejoran la calidad de vida como la agricultura diversificada, que incluye, entre otros, el establecimiento de huertos de hortalizas, recuperación de áreas de bosque con regeneración natural y un banco de semilla para asegurar dicho insumo en cada ciclo agrícola.

También pequeños negocios rurales no agrícolas, creado a partir de una donación destinada a estimular pequeños emprendimientos como pulperías y energía renovable, un proyecto de energía eléctrica domiciliar a base de paneles solares.

Participación comunitaria es clave

El fortalecimiento organizativo propicia la apertura de espacios de participación de acuerdo con las temáticas de interés de los diversos actores que se incorporan; niñas, niños y adolescentes, jóvenes, adultos y de la tercera edad.

Por ejemplo, las mujeres y jóvenes de ambos sexos se aglutinaron en un componente de acceso a la tierra, con miras a adquirir un área para la siembra y romper el círculo de la pobreza.

Lo anterior dio como resultado que en los encuentros sostenidos en el año 2018 en los que convergieron las doce comunidades, participaran 108 mujeres y 45 hombres, principalmente jóvenes quienes mejoraron sus conocimientos sobre el derecho y mecanismos de acceso a la tierra como la mediería y el alquiler. Este fue un primer paso que permitió beneficiar a seis mujeres de la comunidad La Carbonera que también participa en el proyecto.

En general se apoyó con alquiler de tierras a doce familias compuestas por 5 mujeres jóvenes, 5 adultas, 2 hombres adultos.

Soluciones alcanzadas 

Después de cuatro años de organización, formación y trabajo, la  comunidad de Mancico recoge los frutos de sus esfuerzos. El Comité de Recuperación del Fondo Comunitario maneja un monto de 30 mil córdobas destinado a pequeños emprendimientos de mujeres de la comunidad. Con ello, en el año 2018 se han impulsado actividades como la inversión en tres pequeños negocios con equipos de refrigeración: dos congeladores para igual número de pulperías y un refrigerador para una venta de helados y refrescos.

También la construcción de un horno artesanal para la elaboración de pan, un banco de semillas para apoyar a las familias productoras.

Basilia Báez Hernández, de 41 años, una de las beneficiadas se dedica a la elaboración de pan, aunque antes trabajó en el campo a la par de los hombres, sin recibir remuneración alguna.

Aprendió su actual oficio en capacitaciones que recibió en Somoto y fue beneficiada con un préstamo de nueve mil córdobas para la construcción de un horno artesanal.

Báez Hernández recuerda que antes participaba en las reuniones sobre gestión del riesgo y se capacitó en primeros auxilios. En su testimonio destaca que sus vecinos de la comunidad les decían que eran locas, “porque caminábamos dando reuniones sobre desastres naturales, ahora no piensan que es locura”.

La comunidad desarrolla actividades como huertos familiares, la recuperación de áreas de bosques de regeneración natural, mantiene activas sus actividades de gestión del riesgo según lo establecido en el Plan de Respuesta y la participación permanente de grupos de jóvenes en temas relacionados a sus derechos sexuales y reproductivos, prevención de la violencia, entre otros.

Una mujer campesina vigila un pluviómetro en su comunidad. Cortesía de MCN / NM

Comunitarios llevan el registro de lluvias

María Guzmán de 42 años, junto con su cónyuge, Jesús García, llevan el registro de datos de un pluviómetro instalado en su casa como parte de un sistema de monitoreo de lluvias. Con esto se conoce el volumen de agua que cae en la comunidad en el periodo lluvioso y la información se comparte con las familias con el fin de apoyar las decisiones para la siembra.

También gestionan pequeños negocios como pulperías, elaboración de pan, sastrería, cuyo apoyo va dirigido de forma directa a mujeres en condiciones de vulnerabilidad social, como por ejemplo madres solteras.

No hay asistencialismo

El técnico del Movimiento Comunal Nicaragüense en Somoto, David Antonio Aroca afirma: “Cuando llegamos a la comunidad no les decimos que le vamos a dar o resolver las cosas, hablamos con la comunidad, hacemos un diagnóstico de los problemas y promovemos que la gente se organice y en conjunto se van buscando las soluciones”.

Este proceso es difícil de llevar porque se identifican demandas que muchas veces tienen un enfoque asistencialista. No obstante, el MCN asume el papel de facilitación y promoción lo que provoca en la comunidad la necesidad de organizarse como un medio para la búsqueda de soluciones.

Así mismo, ante la falta de financiamiento para algunas acciones y la asistencia técnica en el campo surge la fortaleza del voluntariado y la gestión de alternativas con otros actores para fortalecer los procesos.

Mujeres y hombres llevan las estadísticas de sus actividades. Cortesía MCN / NM
Comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!