¿Por qué los gobiernos satanizan la cultura de paz?

 

 

Los resentimientos son para aquellos que insisten en que se les debe algo; el perdón, sin embargo, es para aquellos que son lo suficientemente valientes como para seguir adelante”.

Criss Jami

Julio César Guerrero Dias

La búsqueda de construir una sociedad más justa, donde todos podamos convivir sin violencia pasa por el tamiz de la cultura de paz la cual no se compra, se tiene que ir creando una conciencia social, a través de la educación en todo el sentido de la palabra, la familia, la escuela en todos sus niveles, la religión, los medios de comunicación y sobre todo el Estado, el más responsable de aportar hacia esa concepción de la no violencia.

Cada día el mundo vive momentos difíciles debido a una inconformidad social donde gran parte de la sociedad se siente que ya tiene que decir basta frente a modelos políticos y económicos que los ahoga y no pueden seguir soportando un sistema injusto donde son pocos los privilegiados y la gran mayoría son los que los que asumen la dinámica para que el país siga caminando.    

La evolución de la humanidad está llena de guerras y conflictos y realmente no se puede explicar sin ellos. Muchísimas veces nuestra alternativa personal para resolver un conflicto es la violencia y la imposición.

Durante el proceso de la historia y en la vida cotidiana vemos que cuando un poder o alguien se impone a otro mediante la fuerza, este poder está predispuesto a que se vuelva a perder por el mismo sistema, por la fuerza.

Hoy las sociedades tienen otra manera de enfrentar estos conflictos dando ejemplo para perpetuar el mismo mecanismo de resolución de conflictos, la fuerza, y se está construyendo una sociedad violenta y en permanente amenaza, siempre en nombre de la razón y la verdad.

 Cada vez que hay una imposición por la fuerza se dan muchos pasos hacia atrás en el progreso social, si no es que se destruye totalmente lo conseguido hasta ese momento.

A pesar de esta realidad la mayoría de las personas continúa pensando que la violencia y la imposición no es el mejor camino para resolver los problemas y que una sociedad en paz sería muy deseable para el bienestar propio y para el progreso de la humanidad.

El problema de la violencia social no nace de la nada es producto de un sistema injusto que atropella a las mayorías de las personas, es decir te empujan a la búsqueda de un cambio y finalizan pensando y actuando que la única forma del cambio es la violencia, porque es el único lenguaje que saben leer los que tiene el poder.

Para conseguir una sociedad en paz, como rasgo distintivo de la especie humana, tenemos la inteligencia que nos permitiría comprender y reflexionar sobre la realidad que nos rodea desde una perspectiva global, además de comunicarnos, asociarnos y utilizar la libertad para crear y construir una sociedad mejor.

También es cierto que la inteligencia se puede utilizar para todo lo contrario, pero sería una inteligencia mal entendida en cuanto estas actuaciones van en contra del progreso de la misma humanidad.

Actualmente se habla de orientar y educar para construir un nuevo modelo de convivencia, es una educación para la paz, parece que la definición de paz no tendrá que ver tan solo con que no haya guerra, hecho que por descontado es imprescindible para el desarrollo.

Esto sería una concepción muy frágil y un tanto negativa en cuanto que concebirla solamente como la ausencia de guerra sería indicativo de una cultura de violencia. Por lo expuesto anteriormente se deduce que la paz es una forma de interpretar las relaciones sociales y una forma de resolver los conflictos que la misma diversidad que se presenta en la sociedad hacen inevitables.

Y cuando hablamos de conflictos, no nos referimos tan sólo al conflicto bélico, sino también a la contraposición de intereses entre personas o grupos o las diferentes formas de entender el mundo.

Nos referimos al conflicto como un hecho natural de las relaciones sociales por lo que la solución de estos conflictos no puede ser mediante la violencia pues estaríamos asegurando de forma permanente una sociedad violenta.

Tampoco los mecanismos de solución establecidos por la sociedad pueden dilatarlos tanto como para que estos conflictos deriven en violencia o conflicto armado.

Por tanto, la paz sería evidentemente una ausencia de guerra, pero ante todo y como estructura preventiva, la paz sería un estado activo de toda sociedad en la búsqueda de una sociedad más justa.

En esta sociedad los mecanismos para resolver los conflictos deberían ser los propios de las capacidades que la inteligencia humana nos permite como: la comunicación, el diálogo y la cooperación. Estas capacidades consideradas las básicas de una cultura de la paz, deberían ser aplicadas en todos los ámbitos y escalas de la sociedad: en la familia, en la escuela, en la empresa, en la política y también a nivel local y a nivel internacional.

Generalmente se dice que la resolución de los conflictos de esta forma es una utopía y que no se puede hacer nada, está aceptando la sinrazón de la violencia y bloqueando cualquier intento de solución pacífico.

Y por qué no, también podríamos decir que es una utopía pensar que con una cultura de la violencia como la dominante, la humanidad puede progresar y que las futuras generaciones recibirán como legado los elementos y las condiciones para un futuro mejor que el nuestro, como sería nuestra responsabilidad, y de todas formas equivocarse en el intento de un proyecto de desarrollo correspondiente a una cultura de la paz no sería tan dramático como lo es y está siendo, desarrollarse en la cultura de violencia.

También se dice que hablar en términos planetarios de salud, paz, libertad, justicia, democracia es utópico, pero de forma contextualizada la utopía de estas palabras tiene grados y significados diferentes y concretos.

A pesar de considerase utópica, la inmensa mayoría de las personas considera deseable esta utopía y quieren caminar en esta dirección considerando negativo cualquier paso en sentido contrario.

La utopía es un instrumento al servicio de la transformación de la sociedad. La educación también tiene esta función transformadora y necesita de utopías para ir hacia ellas.

Una de estas es la paz, y desde una visión sistémica la construcción de la cultura de la paz podría ser la utopía referente, para lo que deberíamos hablar también de justicia, libertad, democracia, tolerancia y desarrollo.

Porque no podemos olvidar que en la raíz de la violencia están las desigualdades económicas y la pobreza, el bloqueo de las posibilidades de desarrollo, los gobiernos autoritarios, las discriminaciones por razón de sexo, cultura o color de piel, etcétera y que la solución de estos problemas sociales y económicos a todas las escalas es prioritaria para que se pueda eliminar la violencia y construir la paz.

La paz empieza por el rechazo de la violencia como forma de solucionar los conflictos. Y para que esto pueda ser posible se debe dar un amplio consenso al respecto, es decir la paz se debe interiorizar culturalmente y esto supone erradicar la cultura de la guerra y la violencia como forma de resolver los problemas que genera el modelo de desarrollo actual.

La cultura de la paz se centra sobre todo en los procesos y en los métodos para solucionar los problemas y esto supone generar las estructuras y mecanismos para que se pueda llevar a cabo.

Su generalización persigue la erradicación de la violencia estructural pobreza, marginación, exclusión, respeto a los derechos individuales, así como la violencia directa, mediante el uso de procedimientos no violentos en la resolución de conflictos y mediante medidas preventivas.

Se trata de generar una conciencia colectiva sobre la necesidad de una cultura de la paz enraizada en la sociedad con tanta fuerza que no deje lugar a la violencia. Y se trata de que los gobiernos tomen conciencia de esta cultura de la paz y de los factores y condicionantes que la facilitarían, tal como eliminación de las situaciones de injusticia, distribución más equitativa de la riqueza, eliminación de la pobreza, derecho a la educación en igualdad de condiciones, y por otro lado que conviertan esta conciencia en una nueva cultura de administrar el poder.

 

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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