Partidos y políticos deben entender que ya perdieron credibilidad y legitimidad

“Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar. Pablo Neruda.

Julio César Guerrero Dias

La crisis social reflejada en los movimientos sociales a través de las movilizaciones que el mundo está planteando es producto de un descontento social, político y económico, donde cada día los partidos políticos y los mismos políticos van perdiendo no solo credibilidad y legitimación si no que la gran mayoría de las sociedades los perciben como inoperantes, oportunistas, interesados, llenos de ambición y que no sirven para servirle a los intereses de las grandes mayorías.

América Latina está pasando por una encrucijada en la búsqueda de cambios sociales a través de las movilizaciones sociales que se han agrupado para demandar cambio de sistema, de replantear situaciones que conduzcan a un equilibrio social, político y económico donde las desigualdades sean reducidas y que todas tengan las mismas oportunidades para mejorar el nivel y calidad de vida, además, exigen protagonismo, ser actores y actrices de esos cambios, la sociedad convertirse  en los guardianes o los contralores sociales.

Insatisfacción y desconfianza, de la sociedad es el problema general, el sentimiento de insatisfacción respecto a los resultados de la democracia es un fenómeno casi universal, si bien en general los ciudadanos afirman preferir la democracia a cualquier otra forma de gobierno. Los gobernantes, los partidos y los políticos en su conjunto son valorados negativamente, incluso en casos en que se les reconoce una gestión eficaz (Maravall, 1995). Lo más llamativo es que algunas de las razones que explicarían esta insatisfacción no parecen responder a la realidad.

Las sociedades ahora se pueden preguntar para qué sirven los partidos políticos, ¿son necesarios?, por tanto, junto con la pérdida de valor de las identidades partidarias para ordenar las metapreferencias, al desarrollarse nuevas demandas y preferencias sociales, se produce un cambio de dichas identidades partidarias, cambio que será percibido por sus electores tradicionales como un desdibujamiento y causa previsible de desconfianza.

Lo esperable, entonces, será no sólo que se debiliten o disminuyan los vínculos de identificación entre los ciudadanos y los partidos, sino que caiga drásticamente la funcionalidad de los partidos para agregar las preferencias sociales sobre un único eje cambio de sistema que favorezca a las grandes mayorías.

 La consecuencia será que las políticas capaces de obtener el apoyo de la mayoría serán, simultáneamente, incapaces de satisfacerla: los partidos podrán ganar las elecciones, pero no la confianza de los electores, en la medida en que éstos no reconozcan ni hagan suyas las prioridades de los partidos. Crecerá, por el contrario, la distancia entre la lógica de la gobernación y la lógica de las demandas individuales.

Los regímenes democráticos atraviesan en todo el mundo un proceso de adaptación a dos cambios fundamentales. Por un lado, los cambios en los valores y demandas de los ciudadanos, que a su vez se relacionan con una pérdida de peso de los partidos políticos, y de la identificación con ellos: la consiguiente individualización de la política provoca probablemente una visión más crítica de los partidos y de los gobiernos.

América Latina se debate entre una nueva propuesta de sistema una nueva forma de hacer política, una nueva función de los partidos políticos, están exigiendo un compromiso social más directos acabar con lo tecnocrático, la burocracia, la corrupción, el nepotismo, el respeto al derecho ciudadano, el respeto a la vida, a libre expresión, a la libre movilización a la igualdad de oportunidades, a estar informado

¿Qué hemos visto en estos últimos días de cara a las manifestaciones sociales, producto de un descontento social en otros países? Más de lo mismo, aquí no importa qué modelo tiene ese país, se actúa de la misma manera, se reprime, se criminaliza las protestas, se encarcela, actos de violación se desaparecen a las personas, se enjuicia los comunicadores no se les deja realizar su trabajo.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre nosotros y aquellos? Ninguna, el estado a través de los órganos represivos que son los encargados de “velar por la seguridad ciudadana” actúan siguiendo los patrones filosóficos de sus escuelas militares, o es que usted cree que existe alguna policía o militar en el mundo que es buena, si cree eso está bien, está en su derecho, pero cuesta creerlo.

Michael Dobry, quien en su Sociología de las Crisis Políticas (pág. 27) utiliza la teoría de Clausewitz respecto de la guerra: «La crisis política es la continuación de las relaciones políticas por otros medios». En sus explicaciones posteriores sobre cuáles son los medios que utilizan las crisis políticas llega a la conclusión de que las movilizaciones que facilitan los cambios políticos son los medios de acción en este tipo de crisis.

Desde el principio, Dobry señala que los procesos de crisis políticas están asociados a las movilizaciones, y para comprender la dinámica de estos procesos utiliza la perspectiva clausewitziana que en síntesis, sirve para distinguir la actuación en los distintos niveles: el táctico que utiliza los medios, el estratégico que organiza los modos y el político que busca los fines. En resumen, la crisis política es el elemento que utilizan los políticos para favorecer el cambio en el poder, según la secuencia histórica que el mismo Dobry señala (pág. 5) como un proceso del tipo: integración, desintegración, reintegración, en otras palabras, los políticos o los que aspiran a ser político se montan sobre la ola de las crisis sociales o movimientos sociales en busca de aspiraciones de poder político.

Los medios disponibles son genéricamente las movilizaciones que en una escala variable ofrecen todo tipo de instrumentos políticos para la acción, como son: declaraciones, conferencias, libros, manifestaciones, huelgas y agresiones más o menos revolucionarias. Define la movilización como: «Un proceso por el cual una unidad social política adquiere o trata de un control significativo sobre unos recursos que antes no controlaba».

Vemos, así como la movilización es el principal instrumento de la crisis política que busca favorecer el cambio de poder. La movilización requiere disponer de unos recursos calculados para poner en marcha una determinada línea de acción una jugada, todo ello en un contexto conflictivo.

Las jugadas cumplen una función decisiva en el desarrollo de la crisis política. Se realizan alternativamente, como en el ajedrez y constituyen movimientos tácticos de un plan de ataque o defensa, contando con las reacciones del contrario.

Todo ello se materializa con el anuncio y ejecución de las movilizaciones correspondientes. Alrededor de la serie de jugadas de los actores principales se realizan también jugadas secundarias de apoyo que se mueven en distintos ámbitos, como son los de la información, la economía y la política. Algunos de estos movimientos tácticos, principales o secundarios, serán irreales o falsos, con la intención de desconcertar, al contrario.

Por otro lado, los cambios en la economía, que afectan a las políticas y resultados posibles de los gobiernos, que tienen así más dificultad para satisfacer las demandas sociales y, sobre todo, para ajustarse a las prioridades de los electores en el diseño de sus políticas. Estos cambios explican probablemente que en todos los países democráticos exista un clima de relativa insatisfacción y desconfianza hacia los partidos políticos y hacia los resultados de los gobiernos.

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Julio César Guerrero Días

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