Repliegue social o reflujo social en Nicaragua

Foto de Frank Cortés / NM

Oscar-René Vargas

Quienes conocen la historia política nicaragüense, saben cómo funciona la naturaleza cíclica del descontento social, la forma sinuosa en que evolucionan los hechos, el avance en zigzag, nunca en línea recta, de los acontecimientos sociopolíticos.
Es necesario hacer una lectura correcta del estado de ánimo colectivo, para diseñar la táctica y la estrategia adecuada. Dirigir un proceso político se requiere ciencia, al mismo tiempo, se requiere arte. Es decir, se requiere conocimiento, intuición, presión contenida y sabiduría popular.
Si no somos capaces de leer correctamente el repliegue social momentáneo, transitorio; no seremos capaces de diseñar ni aplicar la estrategia debida en el advenimiento de la segunda ola social. El reposo social es una forma encubierta de movimiento para acumular fuerzas.
El movimiento social protagonista y propulsor de la rebelión de abril de 2018, después de 20 meses, su potencial continúa intacto pese a la represión. Nada le gustaría más al régimen amedrentarlo y descabezarlo hasta la impotencia.
La gente no es cobarde, pero piensa y se cansa. La rebeldía se desgasta, como cualquier forma de energía social y obliga al necesario repliegue social, pero no es la retirada final. Sin embargo, las formas de protestas se trasladan a todos los espacios cuando el régimen intenta cerrarlos.
Es un interregno para acumular fuerzas y, un buen día, retornar al escenario sociopolítico callejero. No hay pueblo miedoso ni indiferentes. Lo que hay son líderes incapaces de interpretar correctamente el sentimiento de la masa y acertar el momento de la nueva ola social.
Alianza con los partidos zancudos. Los partidos zancudos no son aliados leales, su flirteo con el régimen terminaron pensado igual que ellos. Su actual posición de conformar una “gran coalición” opositora puede ser cualquier cosa.
Desde oportunismo interesado, falsa oposición, simulación calculada, quinta columna; pero no lealtad política. Su objetivo es transformarse en agentes activos del apaciguamiento político para obtener réditos políticos.
En política la lealtad se fundamenta en la identificación de ideales, intereses comunes y coincidencia de compromiso. Los partidos zancudos se olvidan de la desigualdad, la corrupción y la justicia social.
No hay que olvidar que la rebelión de abril fue contra el sistema político pactado incluyendo a los partidos comparsas que han participado en las elecciones pasadas haciéndole el juego al régimen Ortega-Murillo.
Las tentativas de controlar al movimiento social y despojarlo de su energía y creatividad, al igual que deformar sus demandas que él porta han quedado al desnudo con las declaraciones de algunos miembros de la Alianza Cívica.
Mientras que los sectores movilizados han experimentados muertes, torturas, mutilaciones, violaciones de las fuerzas policiales y paramilitares denunciadas por organizaciones internacionales reconocidas, sectores a favor del apaciguamiento quieren negociar unas elecciones a cualquier costo.
La rebelión de abril 2018 es histórica y sorprendente. Es un movimiento social radicalmente nuevo por cinco circunstancias.
Primero, tiene que ver con la prolongación de las protestas. Veinte meses después, las protestas siguen a pesar de la represión.
Segundo, es su carácter pacífico y grandes movilizaciones que salieron a las calles miles de miles de personas en diferentes ciudades del país.
Tercero, se rompió el miedo. Movilizaciones que desbordan los espacios tradicionales y los partidos políticos, movilizaciones que se hacen de manera espontánea.
Cuarto, movilizaciones que desbordan los sujetos políticos más conocidos, donde participan múltiples sujetos sociales: jóvenes, desempleados, trabajadores de la clase media, estudiantes, etcétera.
Quinto, lo más importante es que se rompió la hegemonía del orteguismo en la sociedad nicaragüense y en la sociedad nicaragüense urbana.
Antes de abril 2018, hubo movilizaciones de campesinos contra la concesión del canal interoceánico, movilizaciones de Rancho Grande, en las minas de El Limón y La India, las protestas de las mujeres de Nueva Segovia, etcétera. Pero ninguna tuvo la magnitud y la repercusión nacional alcanzada por la rebelión de abril.
Es decir, la rebelión de abril, es el resultado de distintas luchas de los once años anteriores (2007-2017) que se dieron de manera localizada en distintas partes del país.
Actualmente, estamos en presencia de una nueva coyuntura política, pero que no sabemos, en este momento, hacia dónde puede ir.
A mi criterio, es necesario organizar el Comité Nacional pro Paro Ciudadano que pueda aglutinar las demandas más sentidas de los ciudadanos autoconvocados, en hacer el planteamiento de una manera organizada y unificada.
En los paros del 2018, se paralizó la actividad productiva desde arriba y de manera forzosa, porque tenemos una clase trabajadora muy debilitada y fragmentada, la influencia sindical se da en los servicios como la salud, educación, universidades y en los funcionarios del estado.
Son sindicatos controlados por el orteguismo. No existe organización sindical independiente. Por ejemplo, existen 120 mil trabajadores en las zonas francas sin dirigencia sindical nacional independiente.
Es muy importante la creación del Comité Nacional pro Paro Ciudadano porque una táctica que suele usar el régimen y las clases dominantes es dividir, empezar a ofrecer cosas a sectores por separados, por departamento, por gremios; y así mantener su dominio político-social en el país.
A través del Comité Nacional pro Paro Ciudadano se puede mantener la unidad de los autoconvocados, la movilización y las demandas más sentidas: verdad, justicia y reparación.
No podemos olvidar que, en el pasado reciente, el Estado logró su objetivo de desmovilizar y desarmar a la “resistencia”, sin cumplir prácticamente nada de lo firmado y después asesinar, poco a poco, a sus principales líderes desmovilizados.
No podemos olvidar que la represión demostró el carácter asesino y terrorista del Estado dictatorial, lo cual no tiene paragón en la historia reciente del país.
El peligro inmediato es que producto de un pacto debajo de la mesa se negocie el desmontaje de la rebelión de abril, emergiendo un “gobierno gallo-gallina antidemocrático”, dando origen de un nuevo autoritarismo y se produzca, como en el pasado, la eliminación selectiva de los líderes de abril.
No hay que olvidar que la gente se encuentra en repliegue social, no es la retirada final. Es un interregno para acumular fuerzas para la nueva coyuntura.

San José/Costa Rica, 10 de diciembre de 2019.

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