Rebelión universitaria de abril 2018, tuvo como antecedente inmediato la lucha campesina y la de los mineros

Nuevas Miradas

En esta segunda entrega que constituye apenas un tercio de la primera parte del análisis de Oscar René-Vargas, los hechos, puestos en el tapete blanco dejan reflexiones muy tangibles: la descomposición política del propio sistema por el propio régimen; la rebelión de abril de los universitarios no comenzó ese mes, sino que tuvo antecedentes como la lucha campesina y que la derrota del régimen es irreversible.

En política lo real es lo que no se ve: derrota del régimen es irreversible

 Oscar René Vargas

Segunda entrega

Desde 2007, Daniel Ortega abandonó los viejos ideales revolucionarios, abrazando el modelo capitalista de compadrazgo, manteniendo un talante autoritario, manipulando las instituciones y violando la Constitución Política; es decir, Ortega se transformó en el “Termidor” de la revolución social de 1979.

La política lo real es lo que no se ve. La política real se esconde detrás de las negociaciones debajo de la mesa, en el trasfondo de los acuerdos y pactos, en los intereses que mueven las alianzas – pasajeras o prolongadas-, en la falsa promesa, hasta en la inocente invitación a compartir la mesa o sumarse a la tertulia de una fiesta, etcétera.

Para analizar la política real hay que basarse no sólo en los planes del régimen, sino también en las complicaciones que pueden surgir de sus propias políticas.

El mundo de la política criolla es un mundo de engaños, de hipocresía calculada y cinismo sin límites. De falsa modestia y oculta prepotencia. Un verdadero teatro.

La historia política de Nicaragua nos enseña que las dictaduras siempre apuntan sus pistolas contra la inteligencia, porque una de su fuente de poder es la ignorancia de los ciudadanos “de a pie”, a los que oprimen.

Cuando surge una protesta social masiva de los “de abajo”, el poder autoritario acusa de injerencia extranjera o a sectores de querer implementar un “golpe de estado”. Antiguos enemigos políticos de Ortega hoy son sus aliados y amigos. Antes lo denigraban y hoy lo bendicen.

Ortega les remunera con cargos y beneficios. Son los nuevos “orteguistas” que predican a favor de Ortega. Estos “orteguistas” tienen como doctrina los privilegios, las prebendas, el servilismo y la corrupción”.

El “orteguismo” se caracteriza por su cohesión en torno a la corrupción, a los beneficios que se obtienen de ocupar espacios de poder. Eso resulta atractivo a gente que lo único que quiere es un puesto, un cargo, un salario, prebendas, privilegios.

Con esa estrategia, entre 2007 y abril 2018, Ortega quería mostrar que él tenía numerosos aliados. Ortega jugaba a que tenía grandes aliados: liberales, somocistas, resistencia (ex contras), católicos, evangélicos. Quería enseñar que tenía muchos aliados cuando en realidad eran subordinados de él, que le servían de pantalla, para que hablarán bien de él, lo elogiarán y marcharán a favor de él y exhibir al exterior que, en Nicaragua, había consenso.

Fue la represión de los estudiantes por protestar por la quema en la Reserva Indio Maíz, la represión los adultos mayores en la ciudad de León y la represión en el Camino de Oriente lo que permitió el inicio de la explosión social de abril.

El movimiento de abril 2018, no estalló a través de un tranquilo proceso ininterrumpido, sino a través de una serie de protestas sociales separadas, espaciadas por intervalos bien definidos, a veces prolongados, durante los cuales se fueron modificando las relaciones entre el gobierno y los movimientos sociales.

Al observar el proceso social entre 2007-2017, se verá que el estallido social de abril 2018, venía precedido por pequeñas oleadas de malestar que se expresaron, entre otros, por las 95 marchas del movimiento campesino en defensa de la tierra, las protestas en las minas La India y El Limón, las movilizaciones de Rancho Grande y las incansables pequeñas luchas de ciudadanos en diferentes regiones del país.

Así, bajo la delgada cáscara de una normalidad autoritaria, cada vez más aislada de la sociedad y de un desarrollo económico engañoso, se dejó por fuera a importantes sectores de la población.

El descontento fue creciendo de manera invisible para los medios oficiales y para la mayoría de la clase política; a partir de abril 2018, el enfado social se expresó en las calles y arrinconó al régimen autoritario que se sentía inmune a las turbulencias sociales y políticas que tuvieron lugar en diferentes lugares del país.

Desde abril 2018, las contradicciones entre el régimen y la sociedad se aceleraron. Las posibilidades para mantener el mismo sistema político de alianza con el gran capital se agotaron; las condiciones económicas internas, la presión internacional, los nuevos liderazgos, etcétera; hicieron imposible volver para atrás.

 Cada paso comenzó a producir resultados contrarios a los intereses de la dictadura. Desde abril de 2018, asistimos en “sensu stricto” al fin del ciclo político de Ortega-Murillo. Los acontecimientos entre abril 2018 a diciembre 2019 confirman el inicio del fin de la dictadura y la iniciación de una coyuntura política caótica y difícil.

De la crisis de abril 2018 surgen dos lecciones importantes: (a) antes de abril, el régimen juzgaba la situación política como muy estable para su permanencia en el poder de manera indefinida; (b) después de abril, la dictadura no se quedó esperando pasivamente el desarrollo de los acontecimientos, sino que tomó la iniciativa, lanzando a sus bandas armadas a la calle para reprimir a los ciudadanos.

Para Ortega-Murillo el mecanismo de mantenerse en el poder es esencialmente la represión. Al movimiento de abril se le puede ver como un parteaguas en la lucha contra la dictadura, pero, a la vez, como una consumación de movilizaciones y confrontaciones sociales que se dieron entre el 2007 y 2017.

Recordemos la lucha del movimiento campesino, mineros, trabajadores de la zona franca, mujeres, ambientalistas, estudiantes, personas de la tercera edad, etcétera.

Entre 2007 y 2017, se dieron movimientos de ruptura, tanto en el orden intelectual como social, que señalan que algo se estaba desplazando en la sociedad; sin previo aviso, las protestas campesinas y el reclamo juvenil devinieron ser una llama para la conciencia cívica que rechazaba el autoritarismo, la corrupción y la impunidad, que se dan por inconmovibles en la política criolla.

Estoy convencido de que, sin la insurgencia del movimiento campesino, casi cien marchas, contra la concesión canalera no se hubieran creado las condiciones del movimiento de abril; el movimiento campesino no sólo exigía respeto a sus tierras, sino además plateaba una alternativa, un cambio en la política ambiental, la protección del lago Cocibolca.

Universitarios prácticamente de todos los centros de estudios y buena parte de ciudadanos del país, amplios grupos sociales, clases medias mejor educadas, mujeres, pequeños comerciantes, profesionales, encarnaron el reclamo; un reclamo unánime de legalidad y modernidad democrática.

En realidad, el país experimentó una auténtica revuelta democrática, no hubo grupo social que escapara al movimiento de abril. Miles de jóvenes se movilizaron contra la represión que el autoritarismo gubernamental había dado siempre por sentado para congelar los movimientos sociales, ya que antes del 18 de abril la incuestionable razón de Estado era ley por encima de la ley.

La juventud salió a las calles para impugnar al gobierno Ortega-Murillo en todas sus acepciones. Ha sido la movilización social más importante por la democracia en la Nicaragua en el siglo XXI.

Desde abril 2018, no existe ninguna estabilidad para el régimen Ortega-Murillo. El epicentro de la rebelión se inició en la ciudad de Managua, pero la onda expansiva se extendió por una buena parte del territorio nacional. En el fondo, lo que se cuestionaba era la vigencia del régimen que se consideraba sempiterno. El movimiento social de abril es un punto de inflexión en la historia política de Nicaragua.

Las movilizaciones estudiantiles alcanzaron diferentes centros universitarios, inmediatamente comenzaron las movilizaciones de campesinos y población en general en apoyo a los estudiantes; las redes sociales proliferaron, al igual que la simpatía de los ciudadanos “de a pie” y otros sectores sociales.

La respuesta no se hizo esperar, el manotazo represivo arrojo decenas de muertos, centenares de heridos, indeterminado número de desaparecidos e innumerables presos políticos. Las acciones implementadas mostraron que el régimen tenía a su disposición todas las palancas de mando policial y militar.

El régimen implementó, para reprimir a la revuelta social, la combinación de dos estrategias, la “guerra de desgaste” y la “guerra de abatimiento”.

La utilización de los paramilitares y las fuerzas de choques para la destrucción de los tranques y las barricadas fue la expresión exterior del derrumbe completo del equilibrio político previo. Los procesos que se desarrollan a posteriori de abril 2018, tienen una importancia excepcional para apreciar la situación política.

La rebelión y crisis sociopolítica expresan, ante todo, la falta de confianza del pueblo en los partidos tradicionales para resolver el problema de cómo salir de la dictadura.

La última encuesta de Cid Gallup, septiembre 2019, revela que el 57 por ciento de la opinión pública ciudadana calificó de mal o muy mal la labor de Ortega-Murillo frente al Poder Ejecutivo, frente al 19 por ciento que lo respalda. Al mismo tiempo, señala que Ortega y Murillo cuentan con una desaprobación de menos -38 puntos y menos -25 puntos respectivamente.

El régimen permanece enormemente debilitado, y sigue marcado por el autoritarismo, la represión, la mala gestión y la corrupción masiva, tampoco es capaz de remontar la pendiente de la economía cuando en paralelo las sanciones norteamericanas, canadienses y europeas pesan mucho sobre las condiciones sociopolíticas y económicas de la “nueva clase” en el poder.

Frente a la ofensiva represiva del régimen se constata el mantenimiento de las fuerzas sociales y las resistencias colectivas que expresan que la rebelión de abril 2018 no ha sido derrotada; a pesar de la amplitud de la represión estatal y de la criminalización de las protestas con centenas de muertos, miles de heridos, prácticas de torturas, violaciones, desapariciones, detenciones ilegales y asesinatos por parte de una policía militarizada, los paramilitares y los grupos de choque.

El 82 por ciento de las personas que han muerto durante la crisis sociopolítica ha sido producto de disparos. De ese porcentaje, el 51 por ciento han sido a la cabeza, cuello y tórax, lo que deja claro el uso de francotiradores durante la matanza.

El 64 por ciento de los asesinados eran menores de 40 años. El régimen sabe que una nueva reacción popular no la podrá controlar y sería el inicio de la segunda ola de protestas sociopolíticas que culminaría con la caída de la dictadura.

Hay un proceso de recomposición de la lucha social que configura un período marcado por la incertidumbre, tanto desde el punto de vista del poder autoritario como de los sectores sociales. Estos intentan reorganizarse, pero en un contexto degradado por represión extrema y sin hacer el necesario balance crítico del período abril 2018 a diciembre 2019.

El futuro de Nicaragua no está prefijado, el futuro es pocas veces predecible. El objetivo de este análisis es diferenciar entre lo posible y lo imposible, y hallar las variantes más probables, entre las teóricamente posibles. Hemos de tomar conciencia de los escenarios posibles y reflexionar sobre el rol de cada uno de los principales actores que vayan a intervenir, conocer sus intereses en juego y fijar el posible rumbo de la sociedad nicaragüense.

La tarea del análisis es interpretar los zigzags de la cúpula del poder y sus aliados. El objetivo de este ensayo es exponer los hechos concretos y aportar un análisis que contribuya al necesario balance.

Este análisis es solamente una hipótesis de trabajo sobre el proceso sociopolítico en movimiento constante y cambiante. La tarea de los sectores progresistas es controlarlo constantemente, precisarlo más y más, acercarlo más a la realidad con el objetivo de derrocar a la dictadura.

Sigue. Poderes fáticos internos y externos en el contexto de la lucha del pueblo de Nicaragua

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