Se negocia “salida en frío” y la primera señal la dio la Asamblea Nacional este jueves 9 de enero

Imagen tomada de El Periódico.com / NM

Nuevas Miradas

Al finalizar el análisis de Oscar René Vargas, éste plantea cuatro escenarios para salir de la crisis en Nicaragua; todos desfavorables al pueblo, sin embargo, el escenario de una “salida suave” o “salida en frío” ha dado varias señales de ser cierta, por mensajes indirectos.

La Asamblea Nacional, dominada por el orteguismo anunció reformas electorales, lo cual, viniendo de los diputados oficialistas no brinda ninguna señal positiva, sin embargo, en la Alianza Cívica y la UNAB, dos estructuras que no recogen en su totalidad la síntesis de abril de 2018, no ha habido una señal clara al respecto.

Vargas lamenta en su análisis que el espíritu de abril de 2018 se perdió en el camino de la lucha porque la Alianza Cívica ha sido cooptada por el gran capital, el aliado de Ortega minutos antes de la insurrección azul y blanco.

Los principales escenarios políticos en Nicaragua para el 2020

Oscar René-Vargas

Ultima entrega de la tercera parte y final

Cualquier conflicto sociopolítico termina con una negociación o acuerdos, las guerras terminan de la misma manera. No se puede finalizar ningún conflicto sin negociación o acuerdos.

Para visualizar los principales escenarios políticos posibles tenemos que tener presente el comportamiento de los poderes fácticos internos y externos analizados en la primera parte como las 34 variables analizadas en la segunda parte de este ensayo.

Desde abril 2018 el epicentro del poder, meta constitucional, ha sido golpeado de manera irreversible. A partir de ese momento, la viabilidad del desarrollo nacional es nula con Ortega-Murillo en el poder.

Es decir, se produjo un punto de inflexión, la sociedad nicaragüense despertó y reclama sus derechos políticos y sociales que le habían sido usurpados. En la política nacional hay mucha simulación, es como un baile de máscaras, todos los políticos tradicionales fingen una cosa cuando en la realidad actúan de diferente manera.

El régimen Ortega-Murillo ya se acabó; Ortega-Murillo permanecen en el poder, pero no gobiernan, se sostienen a base de la represión.

A pesar del delicado contexto interno e internacional, Ortega-Murillo siguen considerando la política como un campo de batalla militar.

El principal objetivo del régimen es prolongar su estadía en el poder, ya sea por la indefinición de un liderazgo político nacional de la oposición, ya sea que resulta muy problemático definirlo por las aspiraciones individuales o la combinación de ambas; lo cual ha favorecido a Ortega-Murillo para permanecer en el poder.

El objetivo principal de Ortega-Murillo es que todo sea igual como antes de abril 2018. A estas alturas que nada cambie parece muy improbable. Sobre todo, por el aislamiento internacional, la profundización de la recesión económica, el incremento del descontento social y porque las sanciones norteamericanas hacen al país muy vulnerable.

La apuesta de Ortega-Murillo para ganar y permanecer en el poder se basa, en su creencia, que puede revertir la crisis sociopolítica siempre y cuando pueda actuar en cinco frentes: la represión al movimiento social, el acomodamiento político del sector privado, la división de la oposición, la protección a su círculo íntimo de poder y una comunidad internacional con pocos dientes como les enseña la experiencia venezolana.

El derrumbe de la economía crea serios interrogantes sobre el acompañamiento social a la política gubernamental. Esta adversidad de la economía ha sido agravada por la improvisación, inhabilidad, torpeza e ineptitud del gobierno.

Toda la sociedad nicaragüense estará desgarrada por un posible colapso mayúsculo del ingreso. El régimen está esperanzado en que la crisis venezolana y boliviana que han pasado a primer plano a nivel internacional ha situado a Nicaragua en segundo o tercer plano; creen que el tiempo que tarde en resolverse la crisis en Venezuela puede restar fuerza a la acción diplomática contra el régimen Ortega-Murillo.

Mientras tanto, internamente siguen reprimiendo para acallar, adormecer, anestesiar cualquier protesta. Todos los escenarios contemplados y posibles tienen la característica de ser salidas políticas “en frío”, sin la presencia de los ciudadanos protestando en las calles de las principales ciudades, eso no quiere decir que no habrá pequeños piquetes de protestas en las ciudades o pequeñas marchas campesinas en el campo.

El régimen Ortega-Murillo no tiene ninguna propuesta firme y única, su táctica/estratégica es “pilotaje a la vista”. Es decir, van a actuar según las circunstancias, acomodándose puntualmente, tiene la esperanza que los Estados Unidos no actúen a desestabilizarlo completamente por temor a la ausencia de una alternativa de poder unitaria y crear un caos en la región centroamericana.

Ortega-Murillo NO ha ganado la partida, aunque haya logrado controlar, a mi criterio de manera transitoria, la lucha social. Su aislamiento internacional es mayor, la crisis económica comienza hacer estragos y la protesta sociopolítica continúa.

Hemos entrado en la fase post-Ortega, una etapa de transición que puede ser de corta duración por la profundización de la recesión económica, por el mayor aislamiento internacional y por las negociaciones tras bambalinas.

Todo tiene su ocaso y la noche termina siempre con la salida del sol. Por esa razón, se inicia el año 2020 de manera incierta, con perspectivas futuras atroces: más desempleo, más pobreza, más crisis social, más crisis económica.

Mucha incertidumbre, escepticismo y falta de confianza. ¿Qué es lo ganaría Ortega-Murillo en una negociación? Si Ortega-Murillo no procede a negociar, el proceso de aplicación de la Carta Democrática Interamericana (CDI) avanza y la dictadura quedaría más aislada, sin acceso a ningún crédito internacional, sanciones a más funcionarios del gobierno y del ejército, sanciones a más funcionarios violadores de los derechos humanos y/o corruptos. Este escenario conduciría, inevitablemente, a una mayor debilidad del régimen Ortega-Murillo y tendrían que negociar en una posición de mayor fragilidad.

El dilema de Ortega-Murillo: ¿En qué momento hay que negociar el poder? No quiso o no pudo hacerlo cuando tenía la confianza de la mayoría de su base social, el silencio de la comunidad internacional y la posibilidad de una “salida al suave”. Ahora va a tener que hacerlo cuando ha perdido la confianza de la gran mayoría del pueblo nicaragüense.

La historia no lo perdonará y quedará marcado como un dictador similar a Somoza o a Pinochet. A la luz de la correlación de fuerzas geopolíticas e internacionales, es obvio, que el régimen Ortega-Murillo perdió la batalla política.

No tiene más salvación que una salida negociada. No hay forma de evitar que la actual fase post-Ortega, iniciada a principios de enero 2019, culmine en elecciones generales. La lucha futura será alrededor de qué tipo de elecciones serán.

Primer escenario: Ortega se queda

En este escenario contemplo que Ortega se mantendría en la cúspide del poder y su mensaje sería que continuaría en el poder por tiempo indefinido, aferrados a la lógica del poder o la muerte.

Pensando que mientras tengan los “fierros” pueden conservar el poder. En este escenario que Ortega se queda, estaría apostando al desencanto/cansancio de los ciudadanos, a la falta de un partido que logre aglutinar a todos los movimientos sociales y al accionar de los paramilitares y parapoliciales.

La viabilidad de este escenario sería el deterioro de todos los elementos económicos, sociales e internacionales que limitaría su implementación.

Este escenario es muy poco probable, ya que implicaría el régimen Ortega-Murillo se queda manteniendo la represión y el estado de sitio de facto, no importando el costo que tenga que pagar.

Esto implica más muertos, presos, heridos y el hundimiento de la economía e incremento de la pobreza y desempleo. Ortega-Murillo se juega su permanencia y siguiendo aquella frase de Tomás Borge, hagan lo que hagan, lo importante es no perder el poder. Dado su aislamiento internacional, Ortega-Murillo ve que ya no hay marcha atrás y decide jugarse el todo por el todo: reprimiendo.

Seguirá con su estrategia de reprimir, matar, violentar a la población. El elemento que a Ortega-Murillo lo lleva a pesar en esa variante es la lección aprendida, según su lectura, del desenlace de las elecciones recientes de Bolivia.

A su criterio, la Organización de Estados Americanos dejó de ser un juez imparcial. Esta variante, muy poco probable, significaría la profundización de la recesión económica y su aislamiento internacional.

En esta variante las sanciones internacionales se incrementarían al círculo íntimo de poder y el país quedaría sin financiamiento externo. Algunos bancos internacionales pueden retirarse a seguir prestando servicio de corresponsalía a los bancos locales y las inversiones extranjeras directas caerían y prestamos de los organismos financieros internacionales se congelarían.

¿Existe la posibilidad de que la cúpula militar abandone al régimen Ortega-Murillo? ¿Es posible que un sector pragmático le dé la espalda? Yo no creo que vayan a hacer nada.

Los altos oficiales están decididos a sostener el modelo, ya que ellos también se han beneficiado de los favores del régimen de compadrazgo. Es decir, la mayoría de los poderes fácticos internos y externos no lo acompañan.

Por lo tanto, su legitimidad sería aún más débil y las posibilidades de la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, las sanciones europeas, canadienses y norteamericanas se incrementan.

Segundo escenario: elecciones con o sin reformas

Ortega decide realizar una convocatoria a la realizar elecciones ya sean adelantadas o no; con la puesta en marcha de algunas reformas restringidas y cosméticas y aceptando la supervisión nacional e internacional para satisfacer algunas demandas de los poderes fácticos y de los organismos internacionales; sin embargo, mantendría el control de todos los otros poderes del Estado (electoral, judicial, legislativo) y el aval de los poderes fácticos de la policía, ejército y sindicatos.

Para algunos poderes fácticos y los partidos tradicionales sería una muestra de una cierta apertura del régimen Ortega-Murillo que habría que aprovechar, pensando que una “avalancha de votos” vencería a Ortega-Murillo en las elecciones.

A mi criterio, nadie iría a votar a unas elecciones donde no existan las garantías que se respetaría la decisión popular en las urnas. En esta variante, Ortega-Murillo lograría darles aire a los partidos políticos comparsas y haría que la lucha política se concentre en la elaboración un nuevo registro electoral, en cambiar algunos magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE).

Ir a las elecciones sin reformas profundas y sin garantías sería traicionar la rebelión de abril. Ir a votar con un fusil apuntando a la espalda de los ciudadanos y los paramilitares en los centros de votaciones sólo nos llevaría a un “orteguismo con Ortega”.

No creo que Ortega-Murillo vaya a ceder todos los puntos propuestos por la UNAB/Alianza Cívica, su temor a perder las elecciones en esas condiciones es real.

La presión internacional centrada en declaraciones/ resoluciones de la Organización de Estados Americanos (OEA), de Unión Europea, de los Estados Unidos y de algunos presidentes latinoamericanos no son suficientes para derrocar al régimen, es la lección aprendida por Ortega al analizar el caso Venezuela.

Tercer escenario: la “salida suave” o “salida en frío”

La política de Estados Unidos hacia América Latina se articula en una especie de una doctrina Monroe actualizada; por lo tanto, pensar la posibilidad de salir de la esfera de influencia norteamericana es una ilusión sin ningún fundamento. Todo parece indicar que el establishment estadounidense (diciembre 2019) cambió todas las cartas en la mesa.

Washington se lanzó una ofensiva para propiciar una solución final en Nicaragua. Es decir, quiere forzar una salida negociada y sin participación de la calle. Este escenario nos estaría indicando que existe una negociación en marcha entre el régimen con los poderes fácticos externos e internos, negociación que no puede ser, volver a las condiciones de antes de abril de 2018, pero que es una escalera para OrtegaMurillo.

Hay varios elementos que podrían indicar que hay negociación. i) La empresa privada que declaró a través de varios voceros que están dispuestos a aceptar un arreglo político con el régimen. ii) Las declaraciones del papa Francisco, 24 de diciembre, no hizo ninguna condena por los crímenes cometidos conociendo la represión que sufren sacerdotes e iglesias, solamente pidió reconciliación.

Se sabe que el Nuncio Apostólico es favorable a la negociación. iii) En la lógica de las negociaciones en curso, Ortega-Murillo sigue con la represión evitando, de esa manera, el resurgimiento de un movimiento social, una segunda ola, que mande al traste cualquier negociación. iv) Con la represión Ortega-Murillo ha eliminado, a la concreta, la fuerza social de la calle de los autoconvocados, permitiendo que sean los poderes fácticos tradicionales (partidos, empresa privada, ejército, etcétera) los que participen en la negociación y propongan una “salida en frío”.

v) Estados Unidos seguirá presionando, directamente o a través de la OEA, para que el régimen acepte una negociación que implique elecciones para facilitar una “salida al suave”. vi) Los norteamericanos han decidido, no aplicar todas las sanciones de manera inmediata con el objetivo de encontrar una salida de un “orteguismo sin Ortega” para evitarse complicaciones como en Venezuela.

vii) Salida que contemplaría la permanencia de Ortega-Murillo, elecciones transparentes a finales de 2020 o comienzo de 2021, etcétera. viii) Los norteamericanos y el gran capital saben que el esquema de poder vigente hasta el 18 de abril 2018 ya no es más sostenible en el futuro. ix) La excarcelación de 91 presos políticos ocurrida el 30 de diciembre de 2019, no fueron liberados totalmente, ya que pasaron al régimen de “casa por cárcel” y permanecen 89 encarcelados más de 60 presos, aunque continúan capturando a más jóvenes.

En el análisis de la “salida en frío o aterrizaje al suave” no se puede perder de vista, ya que los poderes fácticos lo único que pretenden es mantener el monopolio del poder estatal. Es decir, los poderes fácticos favorecen un cambio político y social manteniendo el “statu quo”, desarrollando un desplazamiento doméstico del poder.

A criterio de los poderes fácticos internos, los Estados Unidos, la Unión Europea, los países con representación en la Organización de Estados Americanos, el Vaticano, algunos obispos, el gran capital, la Alianza Cívica y sectores de la UNAB; para todos ellos, sería la mejor solución a la crisis sociopolítica.

Cuarto escenario: la opción militar

Es la alternativa no deseada y menos probable. Esta opción solo sería posible ya sea porque el ejército golpee la mesa o se produzca una acción armada extranjera. A la fecha no vemos ninguna posibilidad de la realización de este escenario.

El comandante del Comando Sur de Estados Unidos, el almirante Craig Faller, en una entrevista a la Voz de América, 08 de febrero 2019, explicó que Estados Unidos está enfocado en apoyar una solución política y diplomática para el caso de Venezuela.

En mi opinión existe un mismo abordaje para solucionar la crisis sociopolítica en Nicaragua.

Reflexiones finales

Tengamos el coraje de cambiar y asumir una nueva mentalidad. Los acontecimientos desde abril 2018 a la fecha nos demuestran lo expresado por el Obispo Silvio Báez, está en lo correcto cuando señala que: “Mientras en Nicaragua sigamos midiendo en billetes (dinero) el futuro del país, no tendremos ningún porvenir.

Hay que poner a los seres humanos en primer lugar…”. “La dignidad de los seres humanos sobre todo de los más pobre y de los que han sido víctimas de la represión. La persona por encima del capital”, es necesario para superar, una vez por todas, el atraso, la desigual y la corrupción del país, recordó el Obispo Báez.

Durante el mes de abril y mayo 2018, las movilizaciones y la agitación de la población empezaron a rebasar las consignas de prudencia lanzadas por voceros del gran capital y al levantar consignas cuya cargada incendiaria incitaba a luchar por la caída inmediata del dictador, por la justicia y por una verdadera democracia.

La población insurrecta expresó entonces, en sus propios términos, su profundo sentimiento anti-régimen Ortega-Murillo, y lo hizo con una amplitud, decisión y combatividad que sorprendieron a “moros y cristianos”.

A partir de abril 2018, las movilizaciones se extendieron por todo el país, como una mancha de aceite, ganando sectores más diversos de la población: estudiantes, campesinos, pobladores de los barrios de las principales ciudades, periodistas, mujeres, jubilados y ciudadanos autoconvocados.

El pueblo nicaragüense desbordado y desorganizado, mostró tener sin embargo una enorme decisión de lucha y la fuerza social requerida para derribar al régimen Ortega-Murillo. Lo cual exhibía a las claras que estamos en presencia del inicio de un tsunami social.

El movimiento social de abril, mayo y junio 2018, demostró que la rebelión carecía de una dirección política nacional, propia y unificada, capaz de conducir las movilizaciones, de acuñar sus propias consignas y definir sus propios objetivos.

En medio de la crisis sociopolítica que empezaba a rebasar el “statu quo”, los representantes del gran capital adoptan la tesis de una “salida al suave” para canalizar y mantener el descontento dentro de los límites manejables.

Desde mayo 2018, el objetivo del gran capital ha sido poner en práctica una “salida en frío” de la crisis. Un inusual documento que reunió a todos los empresarios, incluidos la oligarquía financiera se hizo público el 30 de mayo 2018. La misiva está dirigida a Daniel Ortega y pretende convencerle de la necesidad de adelantar las elecciones e implementar un conjunto de reformas democráticas: la “salida al suave”.

En su parte medular, la carta de los principales empresarios, publicada en el diario La Prensa, expone lo siguiente: “(…) consideramos urgente implementar las reformas necesarias, que permitan adelantar las elecciones de una manera ordenada y con un Consejo Supremo Electoral renovado, ambas fechas a ser determinadas en el diálogo nacional. (…) para procurar la agilización de los mecanismos de diálogo y negociación y salvar a nuestra nación, creemos conveniente invitar a que se involucren como asesores y garantes de la implementación de los acuerdos a representantes de organizaciones internacionales como la OEA y la Unión Europea (…)”.

El capital en jaque

En concreto, las intenciones de los empresarios son: no quieren la renuncia del gobierno Ortega-Murillo, sino que este, en conjunto con la OEA y los Estados Unidos, aplique un paquete de reformas democráticas para adelantar las elecciones, para evitar que triunfe la insurrección popular sobre el régimen.

Quieren cambios graduales que no pongan en riesgo sus negocios, no desean el triunfo de una verdadera revolución democrática, y en este punto vuelven a coincidir con el gobierno Ortega-Murillo.

A principios del mes de junio 2018, tanto el presidente del COSEP, José Adán Aguerri, como la presidenta de AMCHAM, María Nelly Rivas, le expresaban a la dirigente Zayda Hernández, miembro de la Alianza Cívica, que era una locura pedir sanciones contra el régimen.

Incluso después de la matanza del 30 de mayo 2018, delegados del gran capital cabildeaban en Washington a favor del régimen Ortega-Murillo.

En junio 2018, aprovechando la represión del régimen contra las barricadas y los tranques, el gran capital lanza el paro nacional.

El Paro General del 14 de junio fue convocada por la Alianza Cívica no para derrocar al gobierno sino para reanudar las negociaciones. Es decir, como un simple mecanismo de presión.

Su objetivo era mantener las movilizaciones dentro de los límites aceptables. La huelga fue exitosa ya que el pueblo quiere acciones contundentes que ponga fin a las masacres y al gobierno OrtegaMurillo.

La huelga permitió, dado el repliegue de los líderes de los tranques, por su destrucción por los paramilitares, trasladar la dirección política de la rebelión de abril a la Alianza Cívica.

En estas condiciones, se da la reanudación del Diálogo Nacional, el 15 y 16 de junio, el gobierno Ortega-Murillo “cede” en que lleguen al país la misión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la instalación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, el Mecanismos de Especial de Seguimientos para Nicaragua (MESENI), delegados de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Unión Europea y de la OEA.

A pesar de la represión, el factor incontrolable siguió siendo el odio popular, generalizado, incontenible contra la dictadura por los centenares de muertos, heridos y desaparecidos.

A pesar de la represión, el pueblo nicaragüense quería seguir participando en sus propios términos, de manera decisiva y visible, en la caída del dictador. Lo cierto, sin embargo, es que, durante los siguientes 20 meses de protestas incesantes, el pueblo no ha podido construir una organización política independiente del gran capital y elaborar un programa que recogiera las necesidades y exigencias de los campesinos, estudiantes, ciudadanos autoconvocados y del pueblo en general.

Desde enero de 2019, las condiciones políticas para una transición del “pos-orteguismo con Ortega” al “pos-orteguismo sin Ortega” están dadas, pero el reflujo de la resistencia social de los ciudadanos y el rechazo de Ortega-Murillo de abandonar el poder han dificultado la implementación de la operación.

El silencio de los gamonales

Durante las semanas y meses que duró la ofensiva de los paramilitares contra los tranques, las barricadas y contra la población en general, sectores del gran capital y los partidos políticos tradicionales, adoptaron una actitud de silencio cómplice ante las matanzas con la policía y las bandas progubernamentales acallaban los focos de resistencia social.

Los políticos tradicionales callaron ante la represión de los paramilitares y los grupos de choque afines al régimen, callaron como los alemanes ante el exterminio de millones de personas y fingieron no ver los muertos ni el oler humo de la casa del barrio Carlos Marx.

Lo característico del comportamiento de la población en las ciudades donde no se realizaron tranques, fue una mezcla de sentimiento general de apoyo y de impotencia de no poder hacer nada por la falta de una organización política que transformara ese apoyo, intenso pero disperso, en una acción articulada social y políticamente.

Es decir, la gran mayoría de las ciudades donde no hubo tranques se vieron condenadas a cierta pasividad por la falta de una organización que orientara a la población.

En las ciudades donde hubo tranques muchos sectores sociales se sumaron a la lucha contra la dictadura. La falta de una organización política que ordenara y disciplinara la participación, impidió estructurar mejor la resistencia y ampliarla hacia otras ciudades del país.

No cuajó el ímpetu libertario del pueblo, ni Ortega pudo derrotarlo

El pueblo nicaragüense exhibió en todo momento su decisión de luchar, su espíritu de sacrificio y su voluntad de derrocar al régimen Ortega-Murillo.

La razón fundamental para no alcanzar el objetivo de la caída de la dictadura debe de buscarse en la no existencia de un trabajo político previo, en la ausencia de una organización que aprovechara la coyuntura y desencadenara la movilización social de forma articulada, y, a la ausencia de un plan político.

En los últimos 20 meses, Ortega-Murillo no ha podido resolver la crisis política y social que sacude a la dictadura. Está más debilitado, aunque mantenga el apoyo del ejército, la policía y los paramilitares para implementar una salida a su favor.

Mientras tanto, Ortega-Murillo continúa reprimiendo cualquier acción de resistencia social con el objetivo de obligar a la población a acomodarse, a fin que se pueda establecer, otra vez el cuarto diálogo/negociación con los poderes fácticos y pueda encontrarse una solución negociada en una mesa, no en medio de movilizaciones sociales, para una solución a la crisis sociopolítica.

Nicaragua se encuentra en los umbrales de un “pos-orteguismo sin Ortega”. El dictador ha podido sostenerse en poder debido fundamentalmente a la policía, los paramilitares y al Ejército. Así como el temor del gran capital de un desborde político y social de los ciudadanos dispuesto a mandar al traste al dictador.

En las negociaciones en curso, es posible que los representantes del gran capital van a garantizar la conservación de los bienes y capitales de adquiridos por la “familia”, la “nueva clase” y sus aliados.

La solución que propone la dictadura, en suma, es una especie de “pos-orteguismo con Ortega”, ya que la coyuntura impide regresar a la situación previa de “simple orteguismo a ultranza”.

Sin embargo, a partir de los acontecimientos de abril 2018 a la fecha, Ortega-Murillo ha sido incapaz de garantizar las condiciones sociales y políticas que requiere la economía.

Los grandes empresarios están dispuestos hoy, a otorgar las seguridades que exigen tanto el dictador, el Ejército y la nueva clase.

El margen de maniobra del dictador se ha restringido notablemente. En ese marco se da la liberación parcial de los presos y presas políticas el 30 de diciembre de 2019 como acto de buena voluntad de parte del régimen a fin de continuar las negociaciones y tratar de parar más sanciones internacionales que lo llevaría a la fragilidad total.

Presos políticos, moneda de cambio

Los presos políticos son utilizados por el régimen como “moneda de cambio”. Coincido con Fabián Medina cuando expresa que el régimen Ortega-Murillo libera a los presos políticos cuando se siente presionado por la comunidad internacional y para que se les reconozca como una “buena señal”; sin embargo, inmediatamente después comienza a echar nuevos presos para dar “buenas señales” cuando, posteriormente, lo necesite.

Es una historia de nunca acabar. Así, en las últimas semanas, los representantes del gran capital se muestran dispuestos al diálogo/negociación con el dictador. No les importa ya los centenares de muertos ni los miles de heridos ni los desaparecidos.

Sólo necesitan que no haya más presos políticos para quitarse la presión social y llegar a un acuerdo electoral con el dictador. La consigna es: acelerar el diálogo/negociación para evitar que la profundización de la recesión en el 2020, estimule la crisis política y social.

La presión es pareja para el gran capital y para el mismo Ortega y sus aliados. Cada vez más juntos y con menos fisuras, como antes de abril 2018, el gran capital y Ortega-Murillo buscan y buscarán al René Schick Gutiérrez que les permita la transición necesaria, la salida estabilizadora de la crisis, o sea, la “salida en frío”.

Porque no basta con separar a Ortega-Murillo del poder, hay que hacerlo además lo más pronto posible y “en frío”. Están conscientes que entre más se prolongue la crisis, más profunda se hará la recesión económica por la falta de condiciones políticas propicias y más cercano estará el día en que la presencia de Ortega-Murillo en el poder, desencadene otra ola social, un tsunami social y político que ponga en peligro ya no solamente al orteguismo y sus aliados, sino la hegemonía de las clases dominantes.

A todos urge una solución

En la dialéctica de la crisis de Nicaragua: el gran capital, los poderes fácticos internos y externos necesitan resolverla rápidamente, pero también requieren hacerlo “en frío”.

Por otra parte, les urge deshacerse de Ortega-Murillo para evitar un posible tsunami; por la otra, lo necesitan para evitar el desborde popular y sus consecuencias. Esta contradicción tiene un doble significado: a) necesitan que la salida de Ortega sea “en frío” a través de elecciones o de un gobierno de transición consensuado; b) la “salida en frío” que se ponga en práctica tendrá que enfrentar el descontento social que la recesión económica seguirá generando, por eso necesitan al ejército y a la policía renovada.

La “salida en frío” puede ser posible dado los errores estratégicos de la dirección política de la Alianza Cívica, lo cual ha hecho que sectores de la población quieran acomodarse a la “salida en frío”.

El sacerdote Edwing Román expresa que existe el riesgo que “el pueblo pueda acomodarse a vivir en el asedio, a dejarse dominar”, aunque reconoce saber “que muchos no se van acomodar”.

¿Es posible la “salida en frío”?

La “salida en frío” sólo será posible si la dictadura libera a todos los presos políticos, elimina el matonismo político, desarma a los paramilitares y hace concesiones en los derechos humanos básicos. De otra forma, le será muy difícil al gran capital justificar su negociación/diálogo con el régimen.

Pese a todo, los que están negociando los poderes fácticos es una “salida en frío” mediante un nuevo equipo de gobierno que fusione y represente los intereses tanto del gran capital, como de la “nueva clase” y que garantice a la “familia” sus bienes y sus capitales.

Vale decir: una “salida en frío” para que sea una especie de un “orteguismo sin Ortega”. El diálogo/negociación que se va a implementar a partir de enero 2020 es precisamente para acordar la forma específica que tendrá la “salida en frío”.

En el otro polo de la crisis y pese a su heroísmo, el pueblo no ha encontrado una dirección política nacional, muchos líderes surgidos en abril 2018 no lograron independizarse de la política del gran capital y de su programa.

La tarea futura es tomar conciencia de ello y empezar a actuar en la formación de un polo político que luche por la democratización verdadera del país, para obtener justicia para las víctimas de la represión y evitar la “salida en frío” favorable a Ortega-Murillo y al gran capital, esa es la tarea de todos.

Comparto el pensamiento del Obispo Silvio Báez cuando expresa que: “En Nicaragua se necesita un cambio de sistema social, de raíz. Hay un problema ético y moral. Hay una ausencia de valores profundos que están hiriendo el corazón de la sociedad y esto ha llevado a que haya una ausencia de liderazgo y esto es uno de los problemas más grave que está padeciendo el país.

No hay en este momento líderes confiables que puedan dirigir un proceso de transformación y la sociedad está enferma en Nicaragua”.

San José/Costa Rica, 31 de diciembre de 2019.

Fin del informe Vargas.

 

Comparte:

4 comentarios sobre «Se negocia “salida en frío” y la primera señal la dio la Asamblea Nacional este jueves 9 de enero»

  1. ORV no pone una, su actual odio visceral al sandinismo es igual a los esfuerzos que hacía en el pasado para justificarlo, parece no entender que el sandinismo es una fuerza vigente sustentada en el patriotismo, internacionalismo y antimperialismo que está más allá de Daniel Ortega y la cúpula dirigente, que a pesar de los esfuerzos mediáticos por minimizarlo y ensuciarlo, perdurará en el presente a corto y mediano plazo muy a pesar de los intentos por destruirlo porque es una ideología arraigado en la fibra más sensible de miles y miles de nicaragüenses que mantendremos firme en las siguientes generaciones y que Sandino nos enseñó que mientras más amenazas recibimos, más nos fortalecemos.

    1. Muchas gracias por su opinión, la respetamos pero debería argumentarla con hechos para que no se diluya en discurso apologético. Nuevas Miradas se abre al debate pero lamentablemente no existen argumentos o hechos tangibles para alimentarlo, saludos

  2. A como están las cosas, en Nicaragua, la verdad meridiana está contenida en el penúltimo párrafo del análisis político de Oscar René Vargas:
    “La tarea futura es tomar conciencia … y empezar a actuar en la formación de un polo político que luche por la democratización verdadera del país, para obtener justicia para las víctimas de la represión y evitar ‘la salida en frío’ de Ortega-Murillo y el gran capital, esa es la tarea de todos.”
    Yo he pensado igual; hasta tengo ideado una táctica y nombres para las organizaciones a formar, hace poco en un intercambio de ideas con un amigo le hice conocer en Facebook como pienso que se llamaría el gran conglomerado nacional que aglutine a todos: Bloque Cívico Republicano. Debo reconocer que mi estado de salud y otros factores me detienen.
    Pienso sí, que el gran capital todavía está a tiempo de empujar acciones enérgicas que lo rediman. Otros actores no criminales también. La patria necesita a todos. Es asunto de conciencia.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!