30 septiembre, 2020

Los gobiernos cleptócratas deben ser desterrados como sistema

Ilustración de Elena del Valle / Taringa / NM

“Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer”

                                                  Mahatma Gandhi

Julio César Guerrero Dias

Diferentes sociedades en el mundo están sufriendo el flagelo de la cleptocracia, una enfermedad que cada día se va desarrollando, es un virus político con el cual se convive, no abona a la transformación de una sociedad.

Las diferentes sociedades en el mundo, los organismos internacionales, los diferentes organismos no gubernamentales especialmente de transparencia internacional, los gobiernos y estados emblemas de carácter democrático han buscado diferentes procedimientos para ir no solo investigando como se administran los recursos públicos de un país.

Ahora surge con más insistencia la terminología socio- política para calificar a aquellos gobiernos que proceden a dirigir bajo la figura de la cleptocracia o cacocracia que en término directo es la corrupción institucionalizada.

A través de figuras jurídicas que encubren y justifican el robo al erario, en otras palabras, el robo al pueblo. Así andamos en muchos países especialmente en Latinoamérica, sin dejar de ver también a países de los otros continentes, la cleptomanía desde el poder político es el cáncer de los gobernantes y es el diálogo social de todos los días.

Mariano Grondona en su libro sobre el tema (1993), distingue entre “acto corrupto” y “estado de corrupción”. Define al primero como la solución perversa de un conflicto de intereses. Tiene lugar cuando el mandatario, una persona obligada moral o legalmente hacia un interés ajeno (el mandante), lo pospone en función de un interés propio.

Esta definición amplia del acto corrupto incluye tanto al sector público como al privado, tanto al tutor que robó el dinero del menor que estaba a su cargo como al funcionario que hizo trampas en una licitación.

A pesar de que ambos son casos de corrupción, existe una diferencia entre ellos. Mientras los actos de corrupción que ocurren en el sector privado pueden ser controlados o castigados por el Estado, ¿quién podría controlar o castigar al Estado?

Por otra parte, la corrupción en el sector privado, si existe, tiene a detraer de los beneficios, lo que genera una tendencia automática a su autorregulación.  Si los mecanismos del Estado están infiltrados por la corrupción, el sistema queda sin apelaciones.

Por eso coincido con Grondona en que la corrupción pública es más grave que la privada La corrupción del funcionario público, que abusa haciendo uso de su poder de extraer, atraer, o aceptar sobornos del sector privado o haciendo negocio propio en nombre del bienestar social o excluyendo a otros agentes sociales, políticos y económicos.

El robo y los ladrones han estado presentes desde siempre, con muchas modalidades, entre ellas la corrupción gubernamental. Un nombre para los corruptos que se apoderan de los recursos de la sociedad se ha acuñado desde 1968: se les denomina “cleptócratas” y el Diccionario Oxford de Ingles los define como “un ladrón en una posición de poder político codicioso y corrupto”.

Lo de cleptócratas viene de la palabra cleptómano, persona que no resiste la tentación de apoderarse de lo ajeno bajo cualquier circunstancia. El término cleptomanía data de 1830 y fue definido como la tendencia irresistible al robo por parte de personas que no necesariamente necesitan del objeto robado.

La persona que sufre de este trastorno tiene un fuerte impulso por robar cosas. El impulso es tan fuerte que él o ella no pueden simplemente abstenerse de robar.

Está contemplada la cleptomanía como un desorden mental. Se puede argumentar que una persona en una posición de autoridad gubernamental debe ser capaz de resistir esa tendencia, sobre todo si ya es bastante rica.

La cleptomanía en América Latina, no es el caso que la mayoría de mandatarios han sido ricos, serán contado con los dedos de la mano aquellos presidentes que cuando asumen el poder son y declaran su patrimonio sus millones de dólares y no necesitan tener más riquezas.

El caso de nuestro continente es a la inversa, la mayoría de los mandatarios han llegado siendo pobres y han salido siendo millonarios, producto de la corrupción.

El cleptócrata se mueve en una “cleptocracia”. Qué es una cleptocracia? Es una institución gubernamental manejada por ladrones. Una nación entera puede ser una cleptocracia y quienes la dirigen son en su mayoría ladrones.

Otras definiciones de cleptocracia son: a) sistema de gobierno caracterizado por la corrupción rampante y mala asignación de fondos públicos. b) organismo gubernamental corrupto compuesto por ladrones, también manchados por nepotismo y amiguismo. c) gobierno de ladrones; palabra técnica, originada en el término psicológico cleptomanía (impulso de robar) y cracia de democracia.

Lo grave de este asunto es que se mire y se convierta en la sociedad como algo común que se puede y se debe de llevar a cabo ya que los que deberían ser ejemplo social son los que más practican este tipo de actividad.

Este tipo de enfermedad social pareciera que fuera incurable es como tener cáncer y que has alcanzado la metástasis, si llegamos a ese estado quiere decir que es irreversible, los creyentes creen en dos opciones las esperanzas y los milagros, será posible que las sociedades bajo estos sistemas cleptocráticos, logren transformarse y buscar el sendero de ser un verdadero servidor público, para servir a la sociedad.

Desde el punto de vista de la psiquiatría y la psicología se ha estudiado la personalidad del corrupto o cleptócrata como la de una persona con rasgos de trastorno mental caracterizado por el deseo de apropiarse de lo que no es suyo por una subjetiva de ambición de riqueza.

Los términos cleptócratas, cleptomanía y cleptocracia vienen de la raíz griega “klepto” que significa ladrón o robar. Últimamente estas palabras son cada vez más usadas por periodistas y analistas para referirse a la corrupción si bien han sido acuñadas desde hace dos siglos.

El cleptócrata (corrupto) planea su delito como lo hace el criminal autor de otros delitos. Su personalidad enferma lo lleva a buscar los riscos y atajos en los cuales se puede mover para lograr su objetivo de enriquecimiento.

Busca desde muy temprano la forma de llegar a obtener poder ya sea en una organización social o gubernamental. Si el medio posee estrictas normas de ética y moral su proyecto es prácticamente imposible.

Pero si el medio es una cleptocracia la tarea es fácil, pacta con otros cleptócratas ya enquistados en el poder identificando el proyecto en el cual se pueden obtener mayores réditos de la mejor forma posible.

En una cleptocracia el corrupto se siente seguro y sus deseos cumplidos. Por su trastorno mental la tentación de robar es más fuerte que el temor a un castigo.

En muchos casos es peor todavía porque en vez de ser sancionado son premiado para protegerse entre ellos mismos, esto se ha convertido en un círculo vicioso no lo solo de los gobiernos sino de los partidos políticos, de la organización social, políticas, económicas, religiosas, deportivas, culturales en fin así anda la mayoría de nuestros países del continente estaremos condenado a seguir de esta manera.

Podemos aportar para tratar de cambiar las cosas, creo que su reflexión interna es muy valiosa para actuar de una manera diferente a esta enfermedad, su conciencia y voluntad es determinante para poder darle otro rumbo a sociedades que no se merecen ser dirigidas por estos tipos de personas, usted puede empezar desde ahora, dice el dicho nunca es tarde para intentar cambiar las cosas.

Para la reflexión el ladrón vulgar te roba: el dinero, el reloj, la cadena, el móvil, el auto y otras cosas; el político roba, la felicidad, la salud, la vivienda, la educación, el futuro, la pensión, la diversión, el trabajo, la oportunidad, te roba tu libertad, el primer ladrón te elige a vos para robarte, el segundo ladrón lo elegís vos para que te robe, pensemos lo que lo que decidamos.

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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