Güirilas a bordo, una cátedra de servicio al cliente en Nicaragua

Foto de Nuevas Miradas / archivo

Arnulfo Urrutia

−Los que van a querer güirilas, por favor, pasen sus pedidos con tiempo−.

A ver, a ver, dos con crema y cuajada.

¿Y usted, solo una, con cuajada?

¿Café en vaso con tapa?

¿Con gaseosa?

Esto ocurre después de salir de Estelí, pasando por La Trinidad, en uno de los buses expresos que cubren la ruta hacia Managua.

El joven ayudante toma nota según el número del asiento, consolida todo lo solicitado y llama por su teléfono celular a “Las güirilas el 97”, para que cuando el bus llegue, los pedidos ya estén listos, solo de recogerlos.

Las guirilas del km 97 son una historia emprendedora digna de un “Premio lo nuestro”, si diesen esos premios a los emprendimientos nacionales.

Pero volvamos al bus. Cuando se llega a la “fábrica” de las güirilas, el ayudante baja y recoge los paquetes con cada pedido hecho por los viajeros. Regresa al bus y entrega lo solicitado por cada persona. Luego, pone una bolsa en cada asiento para que la gente deposite los residuos, si acaso deciden comer durante el trayecto.

El ayudante además de la cantidad güirilas solicitada por los pasajeros (por lo general, unos cuarenta), compra unas cuantas más. La experiencia le ha demostrado que, con el olor de las güirilas recién salidas del comal, hasta quienes no pidieron, al ver la distribución de los paquetes, se les abre el apetito.

Nunca se queda con productos en la mano. En cada viaje todas las güirilas se acaban. Luego, pasa con una botella de gel antibacteriana para quienes deseen limpiarse las manos y es hasta entonces, que comienza a cobrar por lo entregado.

Uno se queda admirado de la honradez de los pasajeros y por supuesto de la memoria del ayudante, que no se le escapa una.

El viaje continúa. Los pasajeros descansan plácidamente, pues al llegar a la terminal en Managua, no tienen que bajar sofocados del bus a buscar un taxi.

El ayudante también ha levantado una lista con los pasajeros que desean tomar un taxi, el cual ya los espera cerca de la parada del bus. Son taxis convencionales, no Uber, ni Aventón, ni Ray, ni otra empresa parecida.

Lo único diferente es que, por lo general, son taxis con conductores jóvenes, bien vestidos, amables, que ayudan con las maletas… y lo mejor… el taxi está climatizado. Los pasajeros viajan con aire acondicionado.

Con esa calidad de servicios. ¿Quién le tiene miedo al lobo feroz?

Comparte:

Arnulfo Urrutia

Perspectivas desde mi balcón | Después de conversar en la esquina, en el negocio, en la oficina, donde haya interlocutores, Arnulfo Urrutia se va a su balcón y desde ahí elabora sus ideas positivas y recomienda reconstruir sus pensamientos para luego compartirlos.

2 comentarios sobre «Güirilas a bordo, una cátedra de servicio al cliente en Nicaragua»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!