Treinta años después Ortega volvió a perder

Juan Ramón Huerta

No es muy sano hacer balances intangibles sobre hechos tangibles porque generalmente nos dan en la nariz, sin embargo, vale la pena hacer un balance de lo ocurrido en Nicaragua, el 25 de febrero, muy significativa fecha porque hace 30 años, hubo un cambio de gobierno por la vía electoral, y el derrotado fue precisamente el mismo personaje que hoy gobierno el país por la vía de las armas.

Esto no es un juego de beisbol, pero, ¿quién ganó y quién perdió ayer, al fin de cuentas?

En términos estratégicos ganó el pueblo de Nicaragua que demanda la renuncia de Daniel Ortega. Las acciones de cerco policial, impedir una marcha opositora, agredir a los periodistas independientes, le dijeron al mundo que aquí el gobierno se sostiene en el bastón de la represión, no tienen otra propuesta.

Además, aun cercados por catorce patrullas, desde una catedral de la educación como es Hispamer, siete o más organizaciones representativas de la oposición firmaron una alianza estratégica en una coalición democrática y eso, a la inversa de lo que ofreció Ortega, es una propuesta para salir de la crisis. Es unidad.

El gobierno insiste en perder la parada cuando desde la Asamblea Nacional revivió un convenio internacional para afinar su anhelado propósito de espiar internet, las redes sociales y las cuentas personales de sus opositores, hecho que ya existe con el robo de equipos a organizaciones no gubernamentales, medios de comunicación y periodistas que desafían el peligro y salen a reportear.

Se trata de un texto llamado “Convenio Iberoamericano de Cooperación sobre la investigación, aseguramiento y obtención de pruebas en materia de ciberdelincuencia”. ¿Para qué lo utilizará el gobierno? Ya lo usa con fines muy propios para espiar a la oposición.

La imagen del gobierno fue catastrófica este 25 de febrero. Fue de lo ridículo a lo inverosímil. ¿Cómo es posible que la Policía disponga de agentes exclusivos para no dejar salir a ciertos personajes opositores, como si la resistencia radica sólo en ellos?

Subvaloran al pueblo, esas personas que están en las paradas de autobuses, que van en los buses, que están en los barrios, en las pulperías, en las gasolineras, incluso sus propios trabajadores del Estado que ya están hastiados de la represión interna, constituyen la oposición güegüence en honor al personaje burlesco y matrero que se enfrentó a la Colonia.

No hay fotos de archivo. Francotiradores de nuevo en el estadio “Denis Martínez”, un centro construido con préstamos internacionales que el gobierno no pagará sino el pueblo, de pronto lo convierten en cuartel.

No hay fotos de archivo. La caravana de por lo menos veinte camionetas nuevas circulando entre Tiscapa y la rotonda Rubén Darío, es impresionante, pero a la vez cobarde. Y, ¿de dónde salen tantos policías? pregunté ayer a un amigo y su respuesta fue lapidaria: “el hambre, pagan 8 mil córdobas a personas sin entrenamiento, solo para reprimir. Entonces, ¿quién perdió?

Un antimotín desbordado por la furia y el odio vio a un colega periodista y le dijo: “Vos sos de la calle real, hp voy a matar a tu familia”. ¿Quién perdió?

No se hizo la marcha, pero sí hubo resistencia y el desgaste del gobierno fue monumental.

Hace 30 años el presidente en ese entonces, Daniel Ortega, perdió el poder en las urnas cuando fue derrotado por una mujer, Violeta Barrios de Chamorro. Fue la sorpresa del siglo, la población dijo un basta.

Este 25 de febrero, Ortega volvió a perder, lo derrotó la resistencia popular. Los brotes de protestas son cada vez más persistentes y numerosos. El pueblo ganó una batalla cívica más.

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Juan Ramón Huerta

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