Comunidades del Caribe Norte cierran acceso para evitar contagio del Covid-19

Juan Ramón Huerta

Al abandono, limitaciones de todo tipo hoy se suma la comunicación hacia el Caribe Norte. Una entrevista con la líder Glenda Salomon fue difícil debido a una atmósfera cargada de agua, fenómenos eléctricos y distancia.

Sin embargo, se logra entender cómo las comunidades de esta región enfrentan el Covid-19, desde su cosmovisión y desde sus propias realidades.

Han tomado medidas territoriales como el cierre a “los extranjeros” dicen ellos; están tomando cocimientos de hierbas medicinales y viajan solamente en casos de emergencia. “Nuestra fe en Dios es nuestra principal defensa” expone Salomon en la entrevista ofrecida a Nuevas Miradas.

Los habitantes de esta región han comenzado a usar mascarillas, pero no tienen las suficientes ni alcohol gel, lamenta la lideresa caribeña.

Recientemente el nuevo Relator Especial de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas, José Francisco Cali Tzay, expresó su grave preocupación por el devastador impacto que la pandemia de la COVID-19 está teniendo en los pueblos indígenas, más allá de la amenaza para la salud.

“Cada día recibo más informes de todos los rincones del mundo sobre cómo las comunidades indígenas se ven afectadas por la pandemia de la COVID-19 y me preocupa profundamente ver que no siempre se trata de cuestiones de salud.

Los estados de emergencia están exacerbando la marginalización de las comunidades indígenas y, en las situaciones más extremas, se está produciendo una militarización de sus territorios.

Se está negando a los pueblos indígenas su libertad de expresión y asociación, mientras que los intereses empresariales están invadiendo y destruyendo sus tierras, territorios y recursos.

En algunos países se están suspendiendo abruptamente las consultas con los pueblos indígenas y también las evaluaciones de impacto ambiental para forzar la ejecución de megaproyectos relacionados con la agroindustria, la minería, las represas y la infraestructura.

Los pueblos indígenas que pierden sus tierras y medios de vida se ven empujados a una mayor pobreza, a tasas más elevadas de malnutrición, a la falta de acceso al agua potable y al saneamiento, así como a la exclusión de los servicios médicos, lo que a su vez los hace particularmente vulnerables a la enfermedad, publicó a través de una nota la Relatoría Especial.

Si alguna ventaja tienen los pueblos originarios respecto del resto de poblaciones que hoy se enfrentan al Covid-19, es la organización que tienen los comunitarios, sin embargo, su debilidad esta enraizada en su pobreza; alimentación, educación y los casi nulos servicios de salud.

La organización de los pueblos indígenas ha permito en países como México a cerrar las entradas a sus lugares desde que comenzó la pandemia, no obstante, en Nicaragua, pese a su organización eso no es posible, “al contrario, la invasión de colonos ha aumentado, se aprovechan de la actual situación denuncia Ricky Pineda, joven médico de Bosawas.

En América Latina, la población indígena supera los 45 millones de personas, poco menos del 10% de la población total de la región, por lo cual, es la zona de mayor densidad demográfica indígena del planeta.

Se registran 826 Pueblos Indígenas distintos, de los cuales, unos 100 tienen carácter transfronterizo, es decir, que residen en al menos dos países de la región, indica el informe de FILAC.

Escuchemos la accidentada entrevista con Glenda Salomon

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