El mundo necesita información balanceada para cumplir con la democracia

“Cuando un medio pierde su credibilidad desaparece su prestigio y se destroza el respeto que la opinión pública pueda tener sobre sus opiniones y sus informaciones”

Guillermo Cano       

Julio César Guerrero Dias

La información que proporcionan los medios y periodistas a la sociedad debería estar en función de aquellos acontecimientos que verdaderamente ponga en peligro a la calidad de vida de la persona, en el derecho humano, por sobre los demás intereses.

El contexto que el mundo vive, el referente informativo y la agenda dominante en los diferentes, medios de comunicación incluyendo las redes sociales, la cobertura periodística sigue siendo el covid19 y seguirá siendo por algunos meses más.

La forma en que muchos medios y periodistas han dado cobertura a este fenómeno, pareciera que fuera una actividad recreativa, de entretenimiento y en algunos cosos sus narrativas informativas pareciera que se tratará de una actividad deportiva.

En estos tiempos de globalización, la información se convierte en el eje central de la sociedad y donde el que tiene en sus manos un dispositivo posee una libertad absoluta para expresar, filmar, escribir en algunas ocasiones acontecimientos oculto reales.

También mucha fabricación de acontecimientos, hechos y situaciones inexistentes. La situación que vivimos ha convertido a muchos en especialistas, analistas, expertos,  pronosticadores, etcétera, lo peor es que los medios y periodistas los consideran como los referentes informativos.

Es interesante reflexionar un poco, porque esto se ha convertido en uno de los problemas principales de la democracia, ya que en un sistema de esta naturaleza todos tenemos derecho a pensar, a expresarnos, a opinar, aunque tengamos ese derecho debemos de ser responsables de lo que vamos a compartir con lo que nos escuchan, miran y lean.

Si asumimos esa responsabilidad estaremos aportando a un cambio de actitud es decir a una reacción razonada acerca de lo que nos informan. Quien así se expresa es el periodista francés Ignacio Ramonet, director del periódico Le Monde Diplomatique.

Razones para justificar esta aseveración hay muchas. Una de ellas es la permanente transgresión de ciertos estándares de calidad de la información, que impiden que las audiencias estén debidamente informadas y puedan ejercer su derecho ciudadano a la participación y la toma de decisiones en asuntos de interés público.

Lo vivimos todos los días, la fabricación de información es a cada momento, demasiadas noticias falsas y creo que lo peor es que ni una disculpa le piden a sus audiencias cuando se enteran que lo que dijeron o publicaron no es correcto, su credibilidad y reputación estará siempre en duda cada vez que representen un acontecimiento.

Como sostiene el periodista mexicano José Buendía, “la información de calidad es prerrequisito para una democracia de calidad, en tanto que es la materia prima para la deliberación pública, la participación ciudadana y la efectiva rendición de cuentas”.

Si los medios y periodistas, organizaciones, instituciones públicas y privadas emplazan al sistema, preguntémoslo ¿cuál es la democracia que se prácticas en estas instancias? ¿existe verdaderamente esa democracia que se exige? ¿qué calidad de democracia es la que se práctica?

Esa es la “democracia” que vivimos hoy, pedimos eso, pero no entregamos lo que solicitamos, difícil que un empresario hable de democracia, y mucho más complejo es que un político practique eso.

Hay tres escenarios básicos dentro de las cuales se desarrolla el quehacer periodístico, que inciden en esta participación ciudadana: el económico, el político y el ciudadano.

En cuanto al primero, como sostiene el propio Ramonet, los medios actúan en función de las leyes del mercado: noticia es lo que puede interesar a un mayor número de personas. Por eso, lo que importa es lo que vende, no lo que ayude a entender el mundo y adoptar una posición informada frente a esos hechos o procesos.

Por eso, para Bru Rovira, ex periodista del diario español La Vanguardia, más allá de la crisis mediática, “…lo que está en cuestión es el papel de los periodistas. El periodismo se ha convertido en una mercancía cuando en realidad es un servicio a la sociedad”, dice.

En cuanto a la incidencia del factor político en los medios, cabe recordar que estos ya no son el cuarto poder del Estado, aquellos “watchdogs” de la democracia que vigilaban a los tres poderes tradicionales para que cumplan adecuadamente sus funciones.

Hoy son un poder más que, por una lógica simple de la estructura mediática, defienden los intereses de otros poderosos.

Pasaron de perros guardianes de la democracia a perros guardianes del orden económico e ideológico establecido, dice Ramonet. Este planteamiento nos presenta una perspectiva del quehacer de los medios y periodistas creo que la realidad de estas empresas informativas y de los propios informadores no es ajeno a lo nuestro, así andamos.

 Muchos medios han pasado a convertirse en actores políticos o, incluso, asesores políticos camuflados, en palabras de Hernán Ramos, ex editor del diario capitalino El Comercio. “La prensa está para informar, evaluar, orientar, criticar, pero nunca para gobernar.

Abunden periodistas que, sin tapujos morales, salten de la opinión a la asesoría política camuflada, evadiendo el costo ético de tal decisión”, hacer periodismo es en principio un gran compromiso primero con uno mismo y después con la sociedad es por eso que se percibe, que ahora la práctica periodística es una combinación de información, mas agitación, mas propaganda, igual muchos ruidos informativos.

La tercera perspectiva de los medios es la ciudadana: es decir, la de mediadores entre las fuentes y las audiencias; la de generadores de debates, reflexión o de la toma de posiciones informadas; la de propiciadores de la participación ciudadana en las principales decisiones sobre el devenir de la sociedad.

Este es el enfoque profesional, responsable, creador de ciudadanía, al que, en una decisión ética, deberían apelar todos los medios. Ahora bien, ¿cómo se expresa en la práctica diaria este distinto quehacer periodístico? Entre otras cosas, en el cumplimiento o no de los estándares de calidad de la información.

Estándares de calidad de la información ¿qué es un estándar? Es un modelo, patrón o referencia a seguir, en nuestro caso, para obtener y difundir información de calidad. Un conjunto de orientaciones de carácter general a las que deberían sujetarse los profesionales del periodismo para divulgar información con responsabilidad social. ¿Y a qué podemos llamar información de calidad?

A aquellas notas informativas que aseguren que el público disponga de una información equilibrada, sin sesgos ideológicos, con un enfoque que le permita reflexionar sobre lo dicho, que le despierte inquietudes, que le posibilite como ciudadano incorporarse al debate público y, sobre esta base, pueda tomar decisiones bien informadas sobre lo que sucede a su alrededor.

Solo con ese enfoque ciudadano, el periodista podrá cumplir su papel de mediador, de guía frente a las audiencias. Una de las maneras de cumplir con esta propuesta es el equilibrio y contrastación de fuentes vs. el periodista, la contrastación es una de las primeras exigencias en una sala de redacción llevada con profesionalismo. Hay editores responsables que no permiten, por ningún concepto, que se violente este principio del buen periodismo.

Este estándar parte del principio de que las noticias son solo una versión de la realidad y no la realidad misma y que es necesario acercarse lo más posible a ella. Por lo tanto, frente a una versión sobre un hecho importante, delicado, urge tener no solo la versión de la contraparte, sino también de otros posibles implicados y de analistas que, al no tener intereses creados, puedan dar una versión menos contaminada.

En todo caso lo que se busca es que la información que se le va a brindar al público sea de calidad en función de orientar y proveerle de conocimiento para analice, y razone y no asuma como palabra de Dios lo que está escuchando, viendo o leyendo.

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Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

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