La pandemia que ha puesto en crisis a todos los sistemas políticos del mundo

Foto tomada de El Buho / NM

“No habrá paz en la tierra mientras perduren las opresiones de los pueblos, las injusticias y los desequilibrios económicos que todavía existen.”

Papa Juan Pablo II

Julio Guerrero Dias

La pandemia no solamente puso en crisis a todos los sistemas políticos del mundo, si no que quedó demostrado que mientras las desigualdades sociales, particularmente la pobreza cada día sea mayor, los derechos humanos quedarán como un compromiso de buena voluntad de parte de los estados, sin acciones que conduzcan a desaparecer la pobreza los derechos de las personas quedarán en un pronunciamiento.

Estas ideas que comparto pueden ser un poco significativas al contemplar el momento global en el que nos encontramos ahora.

La pandemia del coronavirus que ha sembrado temor por todo el mundo, pero que no nos afecta por igual a todas y todos y digo esto por las desigualdades sociales, ha quedado al descubierto que la mayoría de los muertos son los de menos recursos, los excluidos, los ignorados, son las que están marcando y sumando cada día más víctimas.

La gente que no tiene acceso a servicios de salud sufrirá y seguirá sufriendo las peores consecuencias. La cuarentena ha afectado en mayor medida a las mujeres por cargar muchas veces con la mayor parte del trabajo en el hogar y por estar más expuestas a la violencia de género, y ahora estar obligadas a pasar más tiempo con sus victimarios, eso se percibe en estos tres meses de confinamiento la violencia de género ha aumentado en muchos lugares del mundo.

Hay datos de los Estados Unidos que indican que las personas afroamericanas, hispanas han fallecido en mayor medida por el COVID-19, otros países como México, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Colombia para mencionar algunos, la mayor parte son grupos sociales abandonados por los gobiernos, ya que su situación de vivienda, de trabajo y de ingreso les pone más en riesgo, ya que todo problema de salud es privado en otras palabras, si no tenés el recurso para enfrentar el virus quedas a la voluntad de Dios, eso es lo triste.

Por otro lado, nos encontramos que los que están al frente dando la batalla en esta guerra sanitaria son los trabajadores menos pagados los de los hospitales tantos públicos como privados, los del transporte público, de los mercados los que andan en la calle pregonando sus productos, para poder comer todos los días, este sector está enfrentando graves riesgos para sus vidas mientras los sectores más privilegiados de la población no salen perdiendo en la misma medida.

Los trabajadores de cuello blanco pueden trabajar desde sus casas con menos dificultad y menos riesgo, ¿cuánto lo hacemos?, ¿usted es de cuello blanco?

Todos quienes estamos haciendo nuestras actividades desde casa pertenecemos a esa clase. Yo confieso que tengo ese privilegio, pero tengo un gran sentido de sensibilidad frente a todos aquello que día a día arriesgan su vida para poder subsistir y no es que sea invulnerable y que no puedo adquirir el virus, pero tengo menos riesgo que otros.

Aprovechando la crisis sanitaria es el momento del aporte que pueden dar muchas empresas, es hora de tomar pasos para garantizar condiciones dignas para las y los trabajadores de salud y un sistema de salud público y de calidad para todas las personas, hay que acordarse de los otros sectores, mencionado que también son agentes económicos.

Entre tantos desafíos, el virus también nos ha regalado una importante lección: si no nos cuidamos entre todas y todos, incluyendo las personas que han vivido en pobreza y olvidadas por el Estado y el mercado, nos pondremos todos en riesgo.

Si bien la crisis golpea más fuerte contra las personas que ya sufren de pobreza o discriminación, se presentan situaciones donde no hay garantías ni para los primeros ministros, presidentes, ni para los que ostentan el poder económico.

El virus, entonces, nos da la oportunidad de aprender y mejorar la organización de nuestras sociedades.

Resulta urgente instalar sistemas de seguro médico público, aumentar el aporte que contribuye las personas afluentes a la sociedad a través los impuestos, incrementar el control del Estado y el sector público sobre la salud, el cuidado, la educación, el transporte público y otros sectores claves. Para asegurar servicios de calidad para la mayoría, no solo para los privilegiados.

En general se trataría de buscar el camino para democratizar el servicio público y el bienestar para el beneficio de todas y todos, ¿será posible?

La pandemia ha expuesto que la desigualdad sigue afligiendo al mundo. A pesar de los continuos avances en ciencia, tecnología y comunicación, nuestros líderes económicos y políticos siguen siendo incapaces de asegurar vidas dignas para todas y todos, y el gran reto sigue siendo cómo repartir los frutos de nuestro trabajo e industria de forma igualitaria y justa.

El Informe sobre Desarrollo Humano, publicado por el PNUD el año pasado, concluye que hay una diferencia de 19 años en esperanza de vida entre nacer en un país rico o pobre, y el coronavirus ha mostrado que las injusticias también pueden ser muy exageradas dentro de un mismo país.

En Suecia, por ejemplo, algunas observaciones preliminares del mes de marzo indicaban que personas inmigrantes, y especialmente las personas de origen somalí, parecían estar sobrerrepresentadas entre los fallecidos por coronavirus.

La gente de plata y de poder están analizando cómo salir ganando de esta crisis, los políticos no escapan a esto aprovechan el momento para justificar sus acciones todos ponen en primera instancia sus intereses, de eso no hay duda.

Los mismos empresarios que antes exigían privatizar funciones del Estado ahora piden programas públicos de rescate, exoneraciones, menos impuesto, concesiones para seguir haciendo ganancia.

Las medidas de vigilancia y control ciudadana introducidas para combatir al virus resultarán muy útiles para las autoridades, y en mayor o menor medida la ciudadanía ha hecho aportes para enfrentar la crisis sanitaria, pero no hay una recompensa social donde el ciudadano se sienta satisfecho de lo que recibe del estado.

En Hungría el primer ministro Viktor Orbán consiguió el apoyo del parlamento para gobernar por decreto con poderes extraordinarios sin límite temporal.

En muchos países se requerirá de luchas ciudadanas para recuperar los derechos y libertades coartados en nombre del combate a la pandemia, esa práctica la hemos visto en otros países que bajo el pretexto de resguardar la vida de las personas han violado los derechos individuales de las personas, las libertades, el derecho a estar informado a la libre expresión, y muchos gobiernos están gobernando por decreto, asumiendo la expresión de Luis XIV de Francia el Estado Soy Yo.

Los líderes nos piden colaboración ante la crisis, para quedarnos en casa, para aguantar el desempleo, para no salir, para aplaudir desde el hogar, cuidado la pandemia nos deja como herencia nuevas forma de control social.

Cuando haya pasado la tormenta: ¿Qué vamos a pedir a cambio? ¿Un cambio de sistema en todos los aspectos? ¿más justicia social? ¿mayor participación ciudadana?, ¿mejores políticos? o ¿seguiremos igual, como que no ha pasado nada? ¿Qué dice usted?

La pandemia creo que nos ha dejado múltiples aprendizajes desde la forma en que probablemente nos vamos a socializar, aquella cercanía que nosotros teníamos la costumbre de realizarla lo que hacíamos nosotros, es un rito, ¿cuánto nos quedará de eso?

O es que el mundo y las actividades de vida cotidiana que la gente hacía ahora será diferentes, al menos eso parece que será el comportamiento de la sociedad, esperaremos que pasa.

Comparte:

Julio César Guerrero Días

El ágora nica | Desde la antigua Roma, el espacio público sigue siendo el más idóneo y transparente para el debate.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!