Denuncias de monseñor Pablo Antonio Vega y lo que no supimos por la censura

El presidente Daniel Ortega conversa con monseñor Salvador Schlaefer en presencia de otros obispos. Foto tomada de La Prensa / NM

Nuevas Miradas presenta una serie de trabajos sobre las tormentosas y, pocas veces armoniosas relaciones de poder, esta vez, del Frente Sandinista y la Iglesia. Hoy como ayer, la Iglesia aglutina a los descontentos, marginados y críticos del sistema y ahí radica el problema.

Nuevas Miradas

Cuarta entrega

Todo comenzó cuando militantes sandinistas interrumpían las clases de catecismo para repartir propaganda política o para rebatir o burlarse de los catequistas, según escribió en una carta pastoral del 27 de agosto de 1980, monseñor Pablo Antonio Vega, obispo de Juigalpa quien fue expulsado del país, lo subieron a un helicóptero militar el 4 de julio de 1986 y lo llevaron al sector fronterizo con Hunduras, por El Espino,de donde fue llevado en un vahículo a Tegucigalpa.

Obispo Pablo Vega en casa de habitación en Mateare 6 de Noviembre del 2005. Foto LA PRENSA/Orlando Valenzuela

Antes, el 7 de julio de 1981 el gobierno suspendió la misa televisada que el Arzobispo de Managua había celebrado durante muchos años y que constituía, para un buen porcentaje de los feligreses de Managua, la única oportunidad de atender un servicio religioso los domingos. La razón ofrecida fue de que había que darle lugar a sacerdotes más progresistas.

¿Por qué cerraron La Prensa?

Con esta acción el gobierno no solo invadía un terreno privado de la Iglesia, sino que le arrebataba a la jerarquía Católica su último acceso a la televisión. Mientras tanto se multiplicaban los ataques públicos de los “cristianos marxistas”, en contra de la jerarquía. Al mismo tiempo, muchos rótulos religiosos, colocados en diferentes puntos de la capital por católicos independientes, eran destruidos o manchados. Consignar esta noticia le significó al periódico La Prensa su primer cierre temporal.

De ahí en adelante, los ataques se multiplicaron en muchos frentes. El 13 de enero de 1982, cinco católicos norteamericanos (tres monjas y dos sacerdotes) misioneros en la zona del Caribe, fueron expulsados del país. El gobierno atribuyó la expulsión a un error burocrático y anunció que podían volver a Nicaragua, aunque advirtiéndoles que no podrían regresar a sus parroquias de origen. Sólo dos de ellos regresaron.

Cierre de radio Católica

La radio Católica fue clausurada por un mes por transmitir informaciones supuestamente distorsionadas. Luego, el 15 de marzo de 1982, fue declarado el Estado de Emergencia el cual fue renovado por un mes y así siguió el suspenso en cada vencimiento, y con ello acabó la escasa libertad del que aún gozaba el periódico La Prensa y Radio Católica.

Después de mayo, iglesias y locales de los moravos, adventistas, mormones, Testigos de Jehová, y de algunas sectas evangélicas, fueron confiscados en rápida sucesión. Sus pastores fueron acusados de trabajar para la CIA y la contrarrevolución.

Dramática denuncia del obispo Vílchez

El 9 de noviembre de 1983, monseñor Pedro Vílchez, Obispo de Jinotega, dirigió una carta dramática a las autoridades civiles y eclesiásticas del país, señalando sucesos como los siguientes: “La gente del lugar huye con sólo saber que vienen los miembros del Ejército pues temen a las torturas, violaciones y la muerte, por el tremendo delito, hoy en la montaña, de atentar contra la seguridad del Estado”.

El Obispo de Jinotega señala, además, un hecho reiterado por otros testigos y fue la quema de las capillas de El Tigre y Aguas Calientes y lugares de culto en muchas zonas rurales de Jinotega.

Las expulsiones de monseñor Schaefer

El obispo asignado a la costa Caribe, monseñor Salvador Schlaefer fue expulsado en tres ocasiones de su zona en 1982. El 20 de julio de 1982, los obispos de Nicaragua enviaron al periódico Lo Prensa una carta abierta, solicitándole al gobierno, en tono cortés, que aclarara la situación de hostigamiento a la que estaba sometido monseñor Schlaefer, pero la carta no fue publicada por la censura estatal.

Como respuesta del gobierno del Frente Sandinista, las turbas intentaron ocupar por la fuerza varios templos católicos en protesta por la decisión del Arzobispo de Managua de trasladar al sacerdote José Arias Caldera, a otra iglesia dentro de la diócesis de Managua.

En uno de esos incidentes el entonces obispo auxiliar de Managua, monseñor Bosco Vivas, fallecido recientemente, fue pateado en el suelo hasta quedar semiinconsciente. La Asociación del Clero Nicaragüense protestó en una carta el ataque, pero el censor del gobierno impidió de nuevo su publicación.

Treinta y ocho antes de la quema de la imagen de la Sangre de Cristo en Managua, el 31 de julio de 1982, el régimen sandinista prohibió la publicación de una carta del Papa Juan Pablo II a los obispos nicaragüenses sino hasta un mes después por gestiones nacionales e internacionales.

El caso Carballo

Hace 38 años, un 11 de agosto de 1982, el Padre Bismarck Carballo, portavoz del Arzobispado católico, había sido sorprendido en un incidente sexual.

Un año después, en mayo de 1983, el padre Timoteo Marino, quien por muchos años había estado sirviendo a los campesinos de la zona del Río San Juan fue expulsado de Nicaragua bajo el cargo de ser “Un agente ideológico de los grupos contrarrevolucionarios” (Barricada, 3 de mayo de 1983, p. 7)

El primero de noviembre dos sacerdotes salesianos, los padres Luis Corral Prieto y José María Pacheco, fueron expulsados del país. De acuerdo con un comunicado oficial del gobierno la razón era que dichos sacerdotes habían urgido a ignorar la ley de servicio militar y habían apoyado a los contrarrevolucionarios al demandar un diálogo entre el gobierno y los rebeldes nicaragüenses, (mismo que después se dio).   (The New York Times, Nov. 2, 1983)

 Mañana: El aval que la Iglesia nunca suscribió 

Comparte:

También te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!