28 octubre, 2020

Entierros “express” ahuyentaron a pacientes de hospitales

 

Nuevas Miradas continúa hoy con esta serie de trabajos que juntos forman un gran reportaje sobre la experiencia de miles de nicaragüenses que han decidido quedarse en sus casas para enfrentar el Covid-19.

Nuevas Miradas aborda en los presentes trabajos, las variadas iniciativas, la creatividad de los nicaragüenses que desafían a la pandemia desde sus creencias, contactos con amigos, médicos, naturistas y lo que es más importante, haber creado una amplia red comunitaria de solidaridad, nunca antes vista; con acciones, a veces, hasta clandestinas porque son perseguidas de oficio por el aparataje del gobierno.

Juan Ramón Huerta

Segunda entrega

Era como una estela de muerte a la media noche o por la madrugada. Un ejército de hombres embutidos en trajes blancos, con caretas blancas y el estruendo de motores, provocaban escalofríos a quienes vivían en las cercanías de los cementerios.

“Los enterradores” se les llama a estos hombres, algunos de ellos, meses antes anduvieron disparando a jóvenes y manifestantes. Otros eran humildes trabajadores de las alcaldías. Eran cinco personajes; cuatro llevaban el ataúd y uno iba detrás con una bomba para fumigarlos a todos y al féretro.

“El rociador de féretros”, un hombre con visibles huellas de desvelo y curtido por el trabajo de calle, llegaba a su barrio y rociaba las casas de los vecinos. “Idiay, te sobró”? le preguntaban y el respondía, “Sí es que hoy solo fueron seis, ayer no me sobró porque fueron 10”. Esas pláticas fúnebres llegaban a los oídos de los nuevos pacientes y candidatos a ser rociados.

Antes de este temor, estaba el historial de malos tratos en los hospitales, la promiscuidad en las salas, las enfermeras respondonas y groseras.

La población supo distinguir que al correr a los mejores médicos, quedarían novatos o médicos de baja calidad en su experiencia y conocimientos.

Fue público también que el gobierno hizo todo lo contrario a otros países que enfrentan la pandemia. No había materiales o equipos de protección y si un médico llevaba su propia mascarilla, lo obligaban a quitársela.

El prestigioso doctor Alvaro Ramírez, hoy radicado fuera de Nicaragua, habla de estos problemas y va más allá. “En los pueblos de Masaya, hubo familias que enterraron a sus deudos en los patios; la gente se escondía y no decían tener Covid-19”.

Pero la negativa de los personas de ir a los hospitales no es un hecho descriptivo, hay testimonios evidentes como los que ofrecen “Margarita” quien testimonia: “Ir al hospital me producía terror”

Margarita: “Ir al hospital me producía terror”

Mi caso de contagio de Covid19 es como el de la mayoría de la población: fui una de las afortunadas y tratarme desde casa.

Soy Margarita, tengo 52 años, pensionada por un Trastorno Depresivo Mayor (TDM) después de padecer 5 años de Distimia sin tratar adecuadamente Además soy paciente crónica por Hipotiroidismo hace 13 años y Síndrome de Túnel de Carpo hace 9 años.

No tengo idea como me contagié porque desde antes que se anunciara el primer caso en Nicaragua ya estábamos tomando las medidas de prevención pues igual que muchos, no creemos en las versiones oficialistas y en casa solo vivimos 3 personas: mi hijo de 33, mi hija de 15 y yo.

Como en muchos hogares, yo soy quien garantiza todo, y cuando digo todo, es desde lo económico, toda la cadena de tareas y necesidades del hogar y ahí inicia un verdadero problema: cuando la persona que cuida de los otros es la que enferma en casa.

En mi caso eran agravados por las condiciones de padecimientos crónicos mencionados anteriormente e hígado y riñones afectados por medicación permanente. El caso es que en mi condición de pensionada, no tengo derecho a ser atendida en ninguna empresa médica previsional, sin embargo algo tenía bien claro: independientemente de eso y de cómo el virus me afectara mi decisión fue tratarme desde casa y no ir a ningún hospital.

La razón primordial: todos sabemos que los hospitales no cuentan con los insumos, medicamentos, equipos y condiciones de bioseguridad del personal de salud para atender a los pacientes de Covid19 y más bien representaba un peligro para mí al exponerme a una mayor carga viral. Eso lo tenía claro y era una decisión inapelable, al menos en mi sano juicio: ir al hospital me producía terror.

Llevaba 3 días de enfermedad y los síntomas se agudizaban, me llamó un amigo y me dijo que necesitaba de mi ayuda: se iba a ir a hacer un ultrasonido en una clínica de Altamira y no tenia familiar que lo acompañara.

Decidí no hablarle de mi condición, acompañarlo y de camino a la clínica le conté lo que estaba pasando, resultó que él tiene un hermano médico que trabaja en un hospital privado donde yo me atendí por casi 20 años, me puso en contacto con él y empezó a atenderme por WhatsApp porque estaba de turno y no podía venir a valorarme sino hasta la tarde del día siguiente que saliera del turno.

Él me grababa audios y me animaba a ser positiva, me mandó el primer esquema a seguir, números de farmacias donde podía encontrar los medicamentos, orientaciones acerca de los enjuagues y gárgaras, qué comer y tomar y que no, posiciones al dormir, terapias respiratorias activas y pasivas, hora de baño, cero uso de abanico, cómo hacer las vaporizaciones, control de saturación pulmonar y frecuencia respiratoria, importancia del reposo absoluto.

Entonces, tocaba ayudarnos los unos a los otros.  Y cuando digo ayudarnos, hablo de solidaridad entre la familia, los vecinos, los conocidos y desconocidos.

Al inicio del escrito digo que fui una de las afortunadas en contagiarme.  Sí, afortunada porque sobreviví, tengo una nueva oportunidad y a veces es necesario pasar por este fuego para lograr tener una verdadera empatía con el otro y la otra. (Testimonio obtenido por Henry Petrie Bejarano)

¿Qué hicieron los pacientes en los meses de mayo y junio?

Quedarse en casa tiene consecuencias a favor y en contra como explica el joven médico Fanor Avendaño Alguera para quien no optar por los hospitales públicos es justificable por la mala atención y no estar preparados para la pandemia, lo que sí está fuera de todo alcance como opción es ir a un centro privado.

En los momentos de mayores tensiones, había información que un día de hospitalización cuesta tres mil quinientos dólares, multiplicado por 12 días que se necesitan, el paciente prefiere quedarse en casa y no endeudar a la familia por más de 30 mil dólares.

Mañana: Entre 200 y 300 personas tras una tizana en solo una farmacia naturista para enfrentar el Covid-19  

Juan Ramón Huerta

Prisma cotidiano | El periodismo tiene la capacidad de presentar los hechos desde distintos ángulos y enfoques.

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