28 octubre, 2020

Aferrados a su fe, a un brebaje pero al hospital no

Nuevas Miradas finaliza hoy con esta serie de trabajos que juntos forman un gran reportaje sobre lo que ha sido la experiencia de miles de nicaragüenses que han decidido quedarse en sus casas para enfrentar el Covid-19.

Nuevas Miradas aborda en los presentes trabajos, las variadas iniciativas, la creatividad de los nicaragüenses que desafían a la pandemia desde sus creencias, contactos con amigos, médicos, naturistas y lo que es más importante, haber creado una amplia red comunitaria de solidaridad, nunca antes vista; con acciones, a veces, hasta clandestinas porque son perseguidas de oficio por el aparataje del gobierno.

Campesinos buscan medicina natural en la farmacia Sukyas, Jinotega. Foto Nuevas Miradas.

Juan Ramón Huerta

Tercera y última entrega

Una tizana preparada con gengibre, flores de gordolobo como dilatadores bronqueales, manzanilla y cola de caballo entre otras hierbas se convirtió en un producto cautivo para un estimado de 200 a 300 personas que llegaban a diario a la farmacia Sukyas, propiedad de Albertina Navarrete y Lautaro Ruiz en Jinotega.

Estos brebajes tomados con “amor, dignidad y tranquilidad en su propia casa” ayudan a que el cerebro funcione mejor con el consecuente resultado de sentirse optimista y no agobiado.

Lo anterior ayuda a un 80 por ciento de la población que, además de no presentar complicaciones, se niega ir a un hospital, estima José Luis Velásquez, médico mexicano radicado en Nicaragua, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México con especialidad en Salud Pública, Comunitaria, Natural y Ozonoterapia.

Lautaro Ruiz y su esposa Albertina Navarrete pasaron días y noches, durante los meses de mayo y junio, preparando las benditas tizanas que ayudan a sobrellevar la pandemia en aquellos hogares, particularmente campesinos que se resisten a ir a un hospital.

Los fantasmas deambulaban en los hospitales

“Era deprimente asomarse por una ventana y ver a decenas de hombres y mujeres sentados en el piso de un hospital, tosiendo, ahogándose, quejándose del dolor y por otra puerta saliendo los féretros hacia el cementerio”, recuerda Lautaro Ruiz en el momento más difícil del Covid-19, entre mayo y junio.

Esas escenas llegaron a oídos de los familiares, vecinos y amigos y poco a poco la población comenzó a buscar alternativas si el grado de afectación no está combinado con otros padecimientos crónicos como asma, obesidad, diabetes, hipertensión, entre otros padecimientos.

Los doctores José Luis Velásquez y Fanor Avendaño Alguera coinciden en que una de las ventajas sacadas de la crisis sanitaria, es la red comunitaria y de solidaridad que se ha formado en los barrios y comunidades.

Velásquez sostiene que quedarse en casa y automedicarse no es la solución pero que ha habido un ejército de médicos solidarios que atienden por WhatsAP a sus pacientes y otros que van a las casas a ver directamente al enfermo.

Avendaño critica la información deficiente que ofrece el sistema de salud, con falta de rigor científico, hecho que también contribuyeron a que la población se quedara en casa.

Darling Vallecillo Vásquez: “Jamás pensé llevar a mi hijo al hospital”

Jamás pensé en llevarlo al hospital, ¡jamás! La decisión fue mía, como la madre que soy, porque no sentí confianza ni seguridad de una buena atención hospitalaria, máxime con muchos casos que se estaban transmitiendo y que me enteraba por fuentes directas de afectados en diversos puntos del país.

Tuve pánico y preferí atender a mi hijo, aunque nos muriéramos los dos en mi casa, para lo cual creé las condiciones necesarias para asegurarle la mejor atención posible con apoyos oportunos.

Mandé a mi hija con mi nieta a otra casa, donde pernoctaron por un buen tiempo. Mi hijo -contagiado-, mi hermano mayor y yo, nos quedamos en casa. Yo atendiendo de tiempo completo a mi hijo y mi hermano, a distancia prudencial de nosotros para su protección. Pero, verlo, aunque sea a distancia, me sentía acompañada.

Estábamos confinados, lejos del mundo exterior, a no ser mis salidas esporádicas para conseguir algún medicamento puntual.

Al tercer día, mi hijo ya había perdido el olfato y el gusto; cada día era un síntoma nuevo: que las rodillas, dolores de cabeza, cansancio, la espalda, la columna, falta de apetito, mareos… Todo debía ser rápido, hasta los pensamientos y las ideas debían ser pensadas sin dar tregua al avance de este virus. Inmediatamente después de llamar a mis dos hermanas, mujeres importantes en el acompañamiento de este proceso, procedí a darle medicamento químico y productos naturales. ¿Qué le di? Diría, ¿qué no le di? De todos los tés mencionados, ¡todos!, incluyendo jarabes naturales, vaporizaciones… Creo que me volví experta en esos preparativos. A la fecha, en mi casa, ante cualquier malestar, tomamos jarabe natural.

Mi hijo cada día experimentaba un nuevo malestar (o síntoma). En mi casa no se dormía mucho. Los días y las noches se me hacían iguales.

Mi hijo luchaba contra el sueño, aunque el cansancio se lo provocaba mucho, pero le daba miedo dormir y ya no despertar. Sin dormir no podía recuperar energía, y se sentía debilitado.

Entre las llamadas a mis dos hermanas y al doctor Alejandro Lago, entre la una y las tres de la madrugada, hice lo indicado o recomendado. Puntualmente se dosificó su medicina y las vaporizaciones, el aseo y su cuido general. Siempre conté con estos apoyos; moral, económico y médico. El doctor Lagos no me cobró un centavo.

Como al sexto día se presentó un nuevo síntoma: no podía respirar. ¡Alerta! En términos físicos estoy casi sola, aunque en comunicación y sintonía con el médico y mis hermanas. Se agrega al tratamiento las nebulizaciones; se cambia el medicamento porque el aplicado no estaba funcionando. Mi hijo ya estaba en estado desesperante. Aquella noche fue la más intensa.

¡Oh, por Dios Santo! La lucha fue minuto a minuto, segundo a segundo, siempre en vigilia de mi hijo con quien también batallaba para que comiera.

El encierro se combinaba con el silencio y una fuerte sensación de impotencia. Me alejé de noticias y de tantas recomendaciones a través de los medios de comunicación, aferrada a mi fe, a mis oraciones, sin despegar el ojo a mi amado hijo.

Casi al mes después de su recuperación, en conversación con mi hijo, concluimos que en aquellas noches sincronizamos nuestros cerebros, sintiendo el olor a muerte, al cual nos resistimos con mucha determinación.

En las nebulizaciones sentía que si se la quitaba él ya no respiraría. Pero, el Señor es perfecto y tiene su tiempo. Que el COVID-19 estuviera deambulando por mi casa y que justamente afectara a mi hijo, no fue nada fácil.

Experimenté dolor, frustración, impotencia, abandono, tristeza, soledad, desmoralización… La psicología tampoco me funcionaba, lo único que no sentí fue cansancio, por tu ser amado nunca sentirás cansancio, aunque en verdad consideré el agotamiento físico.

Fue una combinación de sentimientos, sin embargo, mis deseos fueron de lucha, de no dejarme vencer ni de que el virus me arrebatara a mi hijo.

Doy gracias a mi Señor y la virgencita por la vida, por su cercanía; a mis dos hermanas que me dieron, porque sin ellas no tengo la menor idea qué hubiese sido de mi hijo y de mí. Y, por supuesto, al doctor Lagos, un excelente ser humano que ama su profesión, quien declaró a mi hijo como persona sana, pero que aún lo sigo cuidando con mucha dedicación y prudencia. (Testimonio obtenido por Henry Petrie)

“Ese montesito me curó”

Francisco Joaquín Vásquez Marenco es un hombre de 80 años; conversador, amante de las plantas, les llama “montesitos” y es sobreviviente del Covid-19 junto a parte de su familia y vecinos.

“Yo me contagié por estar atendiendo a mi hija y a mi yerno, eso es doloroso, no aguantaba mi pecho y garganta, me escapé de morir”, relata semanas después, aún cuando no ha recuperado su paladar y olfato.

En el norte, la población tiene la costumbre de tomar brebajes

Para Lautaro Ruiz no es extraño que los norteños prefieran los cocimientos porque la altura y el clima entre fresco y frío los obliga a tomar té de hierbas.

Otro factor a favor de esta cultura preventiva es que las plantas de gengibre, zacate de limón, orégano, salvia, gordolobo crecen en los patios.

 

 

 

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