28 octubre, 2020

¿Cuánto cuesta organizarse en medio de la represión en Nicaragua?

Foto cortesía de Oscar Navarrete  / NM

María Teresa Blandón

Este 3 de octubre celebramos el nacimiento de la Unidad Nacional Azul y Blanco que ahora cuenta con más de 90 redes, articulaciones, colectivos, y más recientemente con comités municipales en más de 130 municipios del país.

La UNAB nació 5 meses después del estallido de abril y del rotundo fracaso del primer intento de diálogo nacional organizado por la Conferencia Episcopal de la Iglesia católica. La Alianza Cívica por la Justicia y la democracia surgida del primer intento de diálogo y otras organizaciones de la sociedad civil, decidieron crear esta nueva plataforma de participación ciudadana con el propósito de pasar de la auto convocatoria espontanea, a la movilización organizada.

Desde el nacimiento de la Unidad Nacional quedó claro que la Alianza Cívica continuaría siendo la entidad encargada de dar seguimiento a un posible diálogo con el régimen Ortega-Murillo, el cual se volvió a intentar a finales de febrero e inicios de marzo del 2019.  La Alianza Cívica actúo con independencia de la UNAB, tanto en la composición de la delegación, como en la definición de estrategias de negociación y de comunicación.

Producto de las crecientes tensiones derivadas de una negociación que no produjo resultados positivos, excepto la liberación de presos y presas políticas bajo la figura de una amnistía impuesta por el régimen, la Alianza Cívica decide separarse de la Unidad Nacional y esta asume la tarea de crear sus propias formas de organización y de movilización, incluyendo la elección de un nuevo consejo político con la participación de representaciones diversas.

Sin pretensiones de hacer un balance exhaustivo de dos años de vida de la UNAB, podemos destacar entre sus principales logros, haber diseñado una ruta de resistencia cívica que, a pesar de la incesante represión, se ha mantenido viva. Los piquetes rápidos, las pintas azul y blanco, las vigilias, los pitazos, las marchas virtuales, forman parte de una larga lista de nuevas formas de resistencia pacífica que deja al descubierto la irracionalidad de la represión por parte del régimen.

A nivel internacional, la Unidad Nacional ha mantenido un incesante trabajo de denuncia de la violación sistemática de derechos humanos y de cabildeo con organismos de derechos humanos, gobiernos y otros movimientos sociales solidarios con el pueblo de Nicaragua. La diáspora y la población en el exilio han sido cruciales para dar a conocer lo que pasa en Nicaragua.

En lo que va del presente año, la Unidad Nacional ha combinado las acciones de resistencia, la organización interna y los desafíos que supone la formación de la coalición nacional, que como sabemos, no termina de perfilar sus contornos.

Las claras voces que intervinieron en el acto de celebración de la Unidad Nacional Azul y Blanco entre las que destacan estudiantes, lideres mískitus y afrodescendientes, expresos políticos, familiares de presos y presas políticas, feministas, se reafirmó una vez el compromiso con la justicia para las víctimas de la represión, la liberación total de más de 100 presos y presas políticas algunos de los cuales llevan cuatro días en huelga de hambre, y el rechazo a cualquier forma de pacto que favorezca la impunidad.

Queremos no solo salir del régimen Ortega-murillo sino, construir un nuevo modelo de sociedad donde quepamos todos y todas sin discriminación, queremos acabar con la pobreza y la desigualdad, queremos una coalición sin corrupción, queremos un país que respete los derechos de las mujeres, de los pueblos indígenas, de las minorías sexuales, queremos un país sin violencia.

En un duro contraste con esta vocación democrática, a la salida del hotel nos esperaban decenas de antimotines para recordarnos que las armas son el único recurso que le queda a la dictadura para sostenerse por algún tiempo más en el poder.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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