28 octubre, 2020

“Lo quijotesco es propio de rebeldes con causas”

De izquierda a derecha: Frank Cortez, Lolo Blandino, Henry Aguilar y otro acompañante. Foto cortesía / NM

Henry A. Petrie

Toda lucha es compleja, lleva su tiempo y requiere de una dirección constante y acertada. Las contradicciones son parte del proceso, las que solo pueden ser administradas cuando existe un liderazgo creíble, en relación dinámica con sus bases.

Tesis o definiciones conceptuales afloran, muchas veces sin los cauces apropiados para optimizar fortalezas y recursos. Muchas causas justas fenecen por su falta de organización, por la dispersión de voluntades y fuerzas, por los vicios que arrastran sus líderes atados a intereses económicos.

Como ya se sabe, el espontaneísmo de 2018 generó movilizaciones multitudinarias, estudiantes y pueblo en general explotaron. Pero no se dio el salto de calidad, las convocatorias sectoriales se diluyeron a medida que la represión se intensificó, en los territorios no hubo expresión opositora organizada significativa. Y la lucha, sin el recurso de la movilización en las calles, adoptó formas más discretas y autodefensivas, donde los «piquetes express» destacaron como acciones puntuales y ágiles.

Lo que momentáneamente desapareció en las calles, se convirtió en opinión pública de la ciudadanía que se mueve como onda permanente en contra del régimen, reforzada por las redes sociales que se han convertido en herramientas infalibles de la lucha del pueblo por sus derechos fundamentales. Con nuevas leyes dictatoriales desean acallar voces y encarcelar a opositores.

Como grandes renegados, rebeldes quijotescos, hemos visto a pequeños grupos activarse de distintas formas, se instalan en cualquier punto de la ciudad y se pronuncian, portan la bandera de Nicaragua y cargan la Biblia, entre estos: el fotoperiodista Frank Cortés; el artista Henry Otoniel Aguilar; la madre de caído, Tania Ríos y el empresario Lolo Blandino.

Lógico, no son los únicos, pero sí son los que prefieren actuar en grupo pequeño para denunciar a la tiranía y exigir sus derechos fundamentales.

Demandan libertad y democracia, libertad de expresión y de movilización; van condenando cada acto de la dictadura en contra del pueblo opositor. Porque exigen verdaderas demostraciones de lucha cívica, algunos los tildan de «locos», «temerarios» y hasta de «exhibicionista». Por mi parte, valientes personas que admiro.

¿Con cuántos pequeños grupos como el que refiero, se armaría un amplio tendido territorial cuya acción pudiese ser esencial en la contienda política y electoral?

Pequeños grupos esparcidos en muchos territorios, comunicados y articulados en la acción de base, consolidando la decisión popular que ha de expresarse en las urnas en un momento inmediato futuro. Pero esos pequeños grupos tendrían que erigirse en organización, fortificarse como tal, porque nadie gana batallas político electorales dispersos, por mucha convicción y corazón que se tenga.

Fotoperiodista, artista, madre y empresario, interesante asociación que cada cierto tiempo se lanzan a las calles, a algún punto de la ciudad de Managua para gritarle a la dictadura sus crímenes. Así también, cada ciudadano indignado, desde su puesto de trabajo, en el bus o el taxi, en las pláticas de amigos y vecinos, cuestionan y repudian, aunque no haya un referente nacional que canalice esa voluntad colectiva, esa energía contenida.

Lo quijotesco no está en lo ilusorio, sino en la magnitud de una lucha que ahí está latente, como onda que vibra en la gente, que se manifiesta con la sabiduría del viejo que sabe cómo y en qué momento actuar. Esos rebeldes que continúan trabajando sus causas, la forma que les es posible, con la palabra, con la bandera, con la biblia, con el corazón quebrantado de una madre que aún llora a su hijo asesinado, con la esperanza de que esto no será para siempre, porque el dictador tiene tiempo limitado de vida.

Lo quijotesco es propio de rebeldes con causas, a quienes importa poco que los llamen a como sea, estando ellos convencidos que el tigre de papel en algún momento se rompe, así también se vendrán abajo los creídos gigantes ‒por sus armas y caudal financiero‒ frente a los «puchitos», que se pasan la voz, la señal, para liberar a un país encarcelado.

 

 

 

 

 

 

 

Henry Petrie

El Círculo | ¿Por qué El Círculo? Porque representa la sabiduría infinita, el espíritu de la vida en movimiento constante e interacción creativa.

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