28 octubre, 2020

Henry Otoniel Aguilar, un cristiano en rebeldía o el pintor y las dos dictaduras

Henry A. Petrie

Conocí a Henry el 12 de abril de 2000, en ocasión de la vela de su padre, el pintor Otoniel Aguilar, gran conversador y amigo. Cuando se acercó y me saludó mi sorpresa fue mayúscula por el parecido, aunque más joven, no había duda que estaba frente al hijo, también pintor, del gran amigo. (Si desea conocer más acerca de Otoniel Aguilar, ir a: https://www.acicnicaragua.org/?page_id=1287).

Henry Otoniel Aguilar (Managua, 1963) es un reconocido artista nacional ‒específicamente pintor: https://www.acicnicaragua.org/?page_id=3096‒, docente y cristiano evangélico. El 5 de mayo de 2020, el portal Web de Acción Creadora Intercultural (ACIC) publicó una amplia entrevista que lo define como «artista rebelde» (https://www.acicnicaragua.org/?p=5136), aunque también él se autodefine como «opositor independiente». Afirma: «Yo salí a la calle contra esta dictadura, desafiando a la muerte o a la cárcel (…) Los artistas no estamos separados del dolor humano».

Sus armas: la bandera de Nicaragua, una Biblia y una imagen de Cristo

En esta ocasión, prescindiré del Aguilar pintor, para concentrarme en sus posturas y acciones políticas. Se trata de un rebelde quijotesco que hemos seguido en las redes sociales y en varios medios de comunicación impresos, radiales y televisivos, defendiendo la libertad y la democracia, los derechos fundamentales de los nicaragüenses. Sus armas: la bandera de Nicaragua, una Biblia y una imagen de Cristo. Siempre acompañado del otro quijotesco, Frank Cortés, juntos han defendido en las calles la libertad de expresión y la de los reos políticos.

Fue miembro del MES

En la segunda mitad de los 1970 se integró al Movimiento Estudiantil de Secundaria (MES) en el colegio Douglas Sequeira, ubicado en la colonia Primero de Mayo, de la ciudad de Managua. Su seudónimo: CONNOR. Siendo un jovencito vio la necesidad de luchar contra la dictadura de Somoza.

Después del triunfo de la revolución sandinista (1979), participó en la Cruzada Nacional de Alfabetización (CNA) y posteriormente se integró a uno de los batallones de reserva para combatir a la contrarrevolución, pero esto «mató mi espíritu de lucha, al ver la represión contra el campesinado de parte del ejército y del batallón en el que anduve».

Los corrieron del MED por contrarrevolucionario

Se opuso rotundamente al servicio militar obligatorio, razón por la cual lo despidieron del Ministerio de Educación sin liquidación, donde trabajó en la década de los 1980, tildado como «contrarrevolucionario». A partir de estos hechos, se tejió su oposición política personal al régimen que encabezaba Daniel Ortega en ese momento.

«Ahora, ya en otro tiempo, vemos a una nueva dictadura familiar donde todos se han enriquecido como los más corruptos de América Latina, además de romper el sendero democrático de Nicaragua, llevando a la nación a la misma situación de crimen y represión que cuando Somoza». Según su opinión, nunca en la historia había visto «tanta represión y violaciones a los derechos humanos como hoy».

El discurso de Ortega

Henry Otoniel Aguilar hace una crítica total al régimen Ortega Murillo: corrupción, enriquecimiento ilícito, represión y crimen, cierre de medios de comunicación, encarcelamientos con juicios sucios y jueces corruptos, cierre de espacios democráticos, control familiar del ejército y la policía. «La policía es parte importante del aparato represivo de Nicaragua», enfatiza.

Ortega en sus discursos habla de narcotráfico y de terroristas, sin embargo, Aguilar entiende sus palabras como una gran confesión, porque es vox populi que el FSLN, específicamente la camarilla orteguista, tiene vínculos «con mafias extranjeras y con organizaciones terroristas que han sido y están protegidas en Nicaragua».

No confía en la oposición

Como muchas personas, Aguilar no confía en las actuales organizaciones opositoras: Alianza Cívica, Unidad Nacional Azul y Blanco y la Coalición Nacional Azul y Blanco, porque los principales sectores y personajes que la integran «se montaron a caballito en la lucha librada por toda una nación». Varios de sus dirigentes les produce sospecha y desconfianza, razón por la cual prefiere hacer política desde un grupo pequeño «que se costean sus pasajes y alimentos, pese a que haya un costo familiar grande».

El artista debe ser libre

Su lucha independiente en un pequeño grupo y hasta solitaria, ha tenido costos y consecuencias en su vida laboral y familiar. Piensa que Nicaragua lo vale, ninguna lucha es fácil, menos un cambio profundo. Si el arte debe ser libre, también el pensamiento y las opiniones. «No me mueve más interés que ese. Nunca he tenido interés de integrar ningún partido político. Tampoco tengo aspiraciones a cargos».

Es del criterio que, en este momento, «son los pequeños grupos quienes accionan la no-violencia, quienes rechazan la agresión y represión del sistema totalitario de Ortega. Son estos pequeños grupos los semilleros de resistencia que invitan constantemente a la unidad de todos.» Siendo evangélico, reconoce que monseñor Silvio Báez es el verdadero líder opositor, el que tiene la confianza del pueblo de Nicaragua. «A quien realmente teme Daniel Ortega es a monseñor Báez. Sus mensajes en sí mismos, son la oposición.»

La complicidad de los “evangélicos”

Aguilar, en su condición de cristiano evangélico, también critica profundamente a los pastores de mega iglesias que son socios de la dictadura, «que les ha aumentado su caudal económico con terrenos, liberaciones de impuestos, asignaciones de cargos públicos para sus familiares, todo para adormecer las mentes de los cristianos y proyectar a la dictadura como un gobierno representante del paraíso». Definitivamente, como en todas las instituciones, siempre existen los «amadores del dinero y otros, que realmente siguen el ejemplo de Cristo», afirma.

Henry Otoniel Aguilar, ese artista con espíritu de lucha inclaudicable, cuya convicción le nace desde el arte mismo, que además de belleza, es compromiso y lucha, manifestación del más sublime espíritu ético, porque también existen artistas de cámara que se venden, que se alejan del padecimiento de sus pueblos, prefiriendo vivir en la bohemia insustancial y vergonzosa. Por esta razón, en sus últimas pinturas se proyecta el renovado rostro del Güegüence, ese que anda en las calles del pueblo reprimido y encarcelado, ese pueblo violentado en sus derechos y con harta necesidad de expresarse y protestar contra la dictadura de Ortega y Murillo.

“Sólo soy un ciudadano que exige justicia”

Concluyo con estas palabras expresadas por el artista, el cristiano evangélico y opositor al régimen: «Solo soy un ciudadano que exige que se respeten los derechos constitucionales. Un ciudadano que respeta profundamente a todos y a cada uno de los caídos por los fusiles de la guardia orteguista en las protestas callejeras, a cada niño, a cada joven y a cada adulto caído. Un ciudadano que condena a los paramilitares, policías y ejército que sostienen a la dictadura criminal. Nuestros caídos, para quienes realmente reivindicamos el dolor patrio y luchamos por cambios de fondo, nunca serán olvidados por la historia de Nicaragua».

 

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