28 octubre, 2020

No a los cantos de sirena: “nos necesitamos, a pesar de las enormes diferencias que nos constituyen”

María Teresa Blandón

En sociedades como la nuestra, es difícil hablar de democracia porque no la conocemos. Quienes han reflexionado mucho más a fondo sobre sus significados, saben que la democracia es una palabra grande, que tiene múltiples dimensiones que van más allá de las elecciones.

Cierto es que no podemos hablar de democracia sin la realización de elecciones transparentes, pero eso es apenas el inicio de un camino que inevitablemente estará plagado de conflictos y contradicciones, en donde los grupos que han acumulado mayor poder tratarán de imponer sus propios intereses, mientras los grupos con menos poder harán resistencia.

La Coalición Nacional finalmente logró consensuar una propuesta de reforma electoral que, si bien no contiene todos los aspectos que deben ser modificados, al menos permitiría trastocar el control absoluto que por ahora tiene el régimen Ortegamurillo sobre el poder electoral, gracias al cual ha logrado realizar sucesivos fraudes. A rasgos generales, tales propuestas cuentan con el respaldo de la comunidad internacional, incluyendo la Organización de Estados Americanos cuya asamblea general se reunirá próximamente para hablar sobre la prolongada crisis que vive nuestro país.

Mientras tanto, ciertos actores políticos de la oposición, continúan debatiendo sobre el tipo de salidas, liderazgos y alianzas que se necesitan para hacerle frente a la crisis. En relación a las posibles salidas, todo el mundo coincide en el desafío de salir de esta nueva dictadura por vías cívicas, superando los sucesivos ciclos de violencia que han provocado tanto sufrimiento a la sociedad nicaragüense a lo largo de su historia.

Sin embargo, tanto la oposición más visible como la mayoría de la opinión pública consultada por firmas encuestadoras independientes, consideran que el régimen Ortega-murillo no tienen ninguna disposición de negociar las reformas electorales que demanda la oposición, porque ello supondría su inevitable derrota, teniendo en cuenta que, en el mejor de los escenarios, entre el 20 y el 25% votarían por el FSLN.

Teniendo claro la disminución y el debilitamiento de la base de apoyo al régimen, el problema de la oposición a un año de las eventuales elecciones sigue siendo su incapacidad de construir una alternativa político-electoral, que le de confianza y esperanzas a la gran mayoría del electorado.

Desde la formación de la Coalición Nacional promovida por la Alianza Cívica y la Unidad Nacional Azul y Blanco, ha habido miles de críticas sobre todo por la participación de cúpulas partidarias y empresariales que pactaron o que hasta hace poco tiempo fueron aliados del FSLN, lo cierto es que ninguna sociedad puede hacer borrón y cuenta nueva. Se trata más bien de demostrar con hechos concretos que finalmente aprendieron la lección y que tienen un auténtico compromiso con la democratización del país.

Por eso es que organizaciones híbridas como la Alianza Cívica y partidos como CxL deben pensar con sumo cuidado sus próximos pasos, evitando la repetición de posturas vanguardistas que nadie está dispuesto a aceptar. La propuesta en ciernes de conformar una alianza que estaría abierta a la participación de la coalición nacional, no es más que una maniobra para recuperar un supuesto derecho de nacimiento que nadie les ha otorgado.

Los presos políticos llevan 11 días en huelga de hambre, la mayoría de las y los nicaragüenses a duras penas sobreviven y el régimen Ortegamurillo mantiene intacta su vocación de poder por medio de la violencia. No tenemos más alternativa que reconocer que nos necesitamos, a pesar de las enormes diferencias que nos constituyen.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

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