28 octubre, 2020

Jinotega: 129 años de brumas, amores, sabores, belleza y personajes inolvidables

Fotografía de Lautaro Ruiz / NM

Foto de Jinotega de 1800, tomada por los primeros fotógrafos que llegaron de Alemania, con cámaras de cajón.  / NM

Juan Ramón Huerta y Lautaro Ruiz

Ocho años transcurrieron entre el 11 de febrero de 1883 cuando se le otorgó el título de ciudad al pueblo de Jinotega para que el Senado y Cámara de la República, en sesión solemne lo hayan decretado departamento un 15 de octubre de 1891, hace 129 años.

“El Senado y la Cámara de diputados de la República de Nicaragua decretan:

Artículo primero: Erigese el Departamento del Distrito Judicial de Jinotega con los mismos pueblos que le han pertenecido.

Artículo segundo: Corresponde al Departamento de Jinotega elegir 90 electores y dos diputados dos suplentes, doce electores departamentales quienes elegirán dos senadores propietarios dos suplentes.

Artículo tercero: La conformación del colegio electoral que será presidido por Jinotega cantón arriba, Jinotega cantón abajo, San Rafael del norte, San Isidro.

Dado en el salón de sesiones de la cámara de diputados Managua 13 de octubre de 1891.

Roberto Sacasa

Presidente

 

 

Así reza la partida de nacimiento del Departamento de Jinotega, llamado Ecatl, xinotl, ecatl, xinotencatl, poblado de hombres y mujeres por siempre.

Cuentan los historiadores que se trataba de un pequeño y brumoso pueblito de 24 casas.

Los bucaneros y corsarios entraron por el río Viejo, el mismo que se desborda todos los meses de octubre, se llevaron gente humilde, aproximadamente cuarenta familias y sus niños, para que trabajaran como mineros, esclavos y murieron en Perú y Bolivia , Colombia.

Camionetas del transporte rural a la entrada norte de la ciudad. Archivo / NM

Antecedentes de Jinotega

Según el docente e investigador jinotegano, Harvey Wells (1932-2009), al comenzar la colonia española en 1524 el 75% de los pueblos indígenas del centro Norte de Nicaragua, eran parte de inmigraciones tempranas procedentes del México y cree que Jinotega tiene sus Tenochtitlán.

Profesor e investigador, Harvey Wells. Cortesía / NM

Entre los años 1530 y 1540, Jinotega era un pueblo precolombino y en 1606 fray Juan de Albuquerque decidió fundar el pueblo de San Juan (de la tienda de los Molina hacia el sur) dándole como patrono a San Juan el Bautista. Señaló el lugar de la plaza (hoy parque central) y del cabildo. (Alcaldía Municipal). Así que de esta manera fue conocida la villa, como San Juan de Jinotega 2.

A partir de 1690, los primeros colonos españoles se asentaron a un lado de este pueblo.

En 1703 el fraile español Margil de Jesús coloco una gran cruz en el punto más alto del cerro Chirinagua en el borde occidental de la ciudad, ahora llamado Cerro de la Cruz.

El poblado de Jinotega, fue elevado a la categoría de Villa el 5 de abril de 1851 y el 11 de febrero de 1883 se le otorgó el título de ciudad al pueblo de Jinotega.

El primer automóvil en la localidad perteneció al alemán Enrique (Heinrich) Gülke y según los historiadores, las primera bicicleta de mujer llegó a la ciudad en 1933, como obsequio del inmigrante alemán Luis (Ludwig) Frenzel para los quince años de su hija Hulda. (wikipedia)

Esta casa aún se conserva, aquí funcionó la primera escuela fundada por José de la Rosa Rizo, educador y alcalde. Archivo / NM

Había rivalidad entre Jinotega y su parcialidad indígena de Liginagüina, que queda corroborada con la relación que el Corregidor de Sébaco y Chontales, don Francisco de Posada, hizo al Rey Felipe V, en el año 1740. En esa relación el Corregidor Posada expresa: “Y tiene agregada una parcialidad condiciones de indio o ladino y en las de bautismo parroquiales, las de españoles, ladinos, mulatos e indios.

Los ejidos de Jinotega

Los Ejidos de Jinotega se inscribieron tarde, en el año 1888, como resultado del pedimento municipal. Otros hitos históricos que arrojan luz sobre el antiguo pueblo de Jinotega, lo constituyen las medidas de tierras que se sucedieron en el siglo XVIII y que fueron las siguientes: el 12 de mayo de 1723, a solicitud de don Manuel de Castro, quien las compró, se midieron en el sitio de San Sebastián del Naranjo, en el valle de Umurí (hoy Umure) cuatro caballerías de tierra, dos de las cuales habían pertenecido al antiguo cacique de Liginagüina Matero Hernández, las que nunca fueron reclamadas por éste. El título correspondiente fue librado a Manuel de Castro por el licenciado don Tomás Ignacio de Arana, residente en Santiago de Guatemala.

El Rey Felipe V aprobó el título y declarando a Manuel de Castro sucesor de Mateo Hernández. El 27 de enero de 1739, don Cayetano Solórzano, alcalde de Santa Hermandad, dio posesión material al señor Castro, de las cuatro dichas caballerías de tierra, en presencia, previa cita, de todos los vecinos del sitio (Registro Público de Jinotega No. 2689, Asiento 10, Folios 95 a 106 del Tomo 23.)
Y el 31 de marzo de 1760, fueron medidas las tierras donadas a la Comunidad Indígena de Jinotega (Registro Público de Jinotega No. 5062, Asiento lo., Folio 13 del Tomo 74). Ambos documentos son extensos, sobre todo el segundo, y de un gran interés, por la cantidad de personajes que se menciona en ellos, con sus correspondientes títulos y dignidades. (http://www.manfut.org/jinotega/1800.html)

Don Simón Huen, acompañado de personajes jinoteganos de la época. Atchivo / NM

Las guerras intestinas y los sufrimientos

Desde entonces la sangre jinotegana ha estado corriendo como un largo río tan inmenso y profundo como el lago de Apanás.

Los chosme, los abuelos, tatarabuelos, fueron testigos de los despojos como botones de lágrimas, como la brisa segoviana, como la bruma espesa que los vio cuando se los llevaron a las guerras para no volver.

Las brumas blancas se volvieron canas,  blancas de tristeza, blancas de rabia, aquí quedo la rabia aprisionada, las lágrimas apretujadas entre los siglos, con ganas que se dieran cuenta que existen.

Aquí quedó el silencio esperando por las guerras futuras, esperando el retorno de Sandino, afilando el machete de Pedrón, pareciendo sanguinarios, pero con razón de serlo.

¿Por qué? Aquí nació con la venida de los machos, el corte de guacal, el corte de chaleco, del cumbo, el corte de la corbata, los siete nudos ellos los inventaron para amedrentar a la raza .

Los filibusteros atacaron San Jacinto en 1856, una tropa de mercenarios hondureños, irónicamente al mando de un sobrino del general Francisco Morazán venía a reforzar a los invasores y fueron derrotados en Jinotega.

Las principales acciones de enfrentamiento ocurrieron frente a la casa de piedra y en la casona que hoy ocupa la centenaria farmacia Castellón.

Los indios de San José de Umure, Tomatoya y Trucazán también fueron los flecheros que derrotaron a Waker junto con los indios matagalpas, hay testigos, vestigios mayas, nahuas, aztecas se recogen en enormes cementerios escondidos, el los vientres de la tierra norteña.

La señora Hope Portocarrero de Somoza, inaugura el hospital Victoria Motta de Jinotega. Archivo / NM

Mitos, cuentos, personajes y leyendas

 Lautaro Ruiz

 Personajes como el Príncipe del Goviado; Bernardino Gadea, Nando el curandero; el mejor ebanista del siglo, don Teófilo Gonzáles; el maestro Nemesio Pastrana el primer tenor de nuestra iglesia; el maitro Parilla; el padre Mamerto Martínez; los padres Valencia y Baltodano.

A la izquierda, un personaje famoso en Jinotega, Raúl Arauz “Culebra Mica”, acompañado de Oscar Gutiérrez, difusor de la Perra Renca. Cortesía / NM

La Jinotega de los carboneros; de Justo y la Pionga, la Towico, Cuatro Raciones; la Blasina, Chibolín, la Cheva; de Goyo y Mencho; de Carlos Rizo con su perifoneo anunciando las primeras películas chinas; las cajetas soñadas y de las naranjas cristalizadas de la tía Lola Ruiz; la agualoja de las Peñaloza, las Centeno Rizo; los Úbeda, Rodríguez.

Antes de morir, el profesor de muchos periodistas nicaragüenses, jinotegano, lector empedernido, Juan Molina Palacios ofreció una entrevista en la cual habla de algunas facetas y anécdotas de Jinotega.

La Jinotega de Benjamín Zeledón, primer soldado antiimperialista.

La Jinotega del café, los muleros, los güiriseros del Coco y los chicleros de Wiwili; a los cafetaleros, a los indios parceleros, a los despojados injustamente de sus tierras, a los mal pagados.

La Jinotega de la maestra Amanda López Pineda que viajaba por el mundo y después impartía clases de Geografía contando sus experiencias en museos y bibliotecas; la maestra Josefanita Martínez; Víctor Ruiz, hablando en ingles, alemán, francés y latín.

La Jinotega de los que huyeron de la guerra Europea, los alemanes bonachones que trajeron las polkas y mazurcas, mosaicos y juanestepes junto con los italianos, a los chinos que trajeron la meticulosidad.

El Santo Entierro en Jinotega, un acontecimiento religioso el Viernes Santo. Foto Nuevas Miradas.

La Jinotega de los árabes; el sabor del buen café y los panes encantadores; el Pan del Banco; las rosquillas de los Castillo; de doña Cástula Jarquín; de doña Ambrosia; la Pelota de Pancho López; la pilona de los López; la quinta de los Molina; las sirenas de los beneficios húmedos de los Molina, Chávez y Castellón.

La Jinotega de los conciertos de jazz y sus músicos celestiales, con las antorchas de las olimpiadas promovidas por un maestro soñador. A los atletas que hoy se galardonan desde el cielo sus preseas.

Mirador de Los Pinos. Archivo / NM

Las aguas tibias de la pilona de América, y los paseos a Los Pinos; la Vuelta del Amor y las atoleras del Llano de la Cruz; los papales del Llano de la Tejera; los tamales pizques de La Bucha; las Navarrete; las papas fritas de doña Rosa Picado.

La Jinotega de las minas de ocre, de cal y de harina fósil para que se haga justicia, nunca pagadas los gobiernos.

La Jinotega del padre Odorico D Andrea; del sombrero campirano del padre Tacho.

El padre Odorico D’Andrea con el padre Casco en San Rafael del Norte. Archivo / NM

La Jinotega de los cuentos de Don Adán Zeledón; las andanzas de la niña Menita que se dilataba horas en llegar a la iglesia; de Marquitos Chacón que salía a las 4 de la mañana y llegaba a las 9 al mercado; las alegrías de doña María Martínez. Los pitcheos de Chon Iglesias y los batazos de don Moisés Palacios Escorcia. Los gritos de Raúl Arauz, “Culebra Mica”, actor en las veladas del cine Colón; recitaba poemas a Alfredo Alegría mientras el poeta leía por las tardes en el alero de su casa. Arauz era alto y se arrodillaba para recitar Los motivos del lobo de Rubén Darío.

Las clases de la maestra Yoma, de la niña Luisita, a los hermanos lasallistas, a las monjas santas y heroicas como Victoria de la Roca.

Tapicemos los cielos de cometas y barriletes como en los septiembres de antaño, con esa niñez que nunca se fue. Los bohemios y los traguitos de donde la Toyita, Lupario, Fermín.

La recién construida catedral de Jinotega. Tomada del muro de Carlos Luis Lezama / NM

Los finqueros, los hacedores de amor y de cerámica negra, los músicos, los zapateros, los albañiles, periodistas, los hojalateros, los carpinteros, maestros, los médicos, los inocentes y los culpables.

Familias honorables como los Gutiérrez, los López, los Zeas, los Molina, los Torres, Blandón, Zeledón, Castro, vivirán para siempre en la memoria colectiva.

La Jinotega con la santidad de Angelito Rivera, y las  picardías de Miguelito Molina, “Juega”; las despedidas del “Chapín” Daniel y las fotos de Marenco y Chepe Castro, con el cantar de la chalupa de don Segundo Rodríguez; Cabrera en El Batazo.

La Pelota de Pancho López. Archivo / NM

La cruz, sembrada sobre la peña, por el fray Antonio de Margil. Archivo / NM

La quinta América de la familia López. Archivo / NM

El mayor encanto, las rosquillas jinoteganas. Foto de Nuevas Miradas.

Catedral de Jinotega, hoy. Cortesía / NM

La casa de don Aníbal y doña Chepita López, (qepd) ambos, una de las casas más antiguas de Jinotega. Archivo / NM

Panorámica de la ciudad de Jinotega. Foto del profesor Alberto Rivera Monzón.

La cerámica negra jinotegana, cuyo origen data de las familias Pineda y ahora las cureñas. Cortesía / NM

Años 60 en Jinotega, Juan Castro en la carretera y el poeta Alfredo Alegría, con cámara, acompañado de familia y amigos. Archivo / NM

La agualoja, la bebida tradicional de los jinoteganos en diciembre. Archivo / NM

 

El autor del trabajo Lautaro Ruiz y el sobreviviente de Los Soñadores de Saraguasca, Epifanio López Herrera, tocan la mazurca clásica jinotegana, la Perra Renca. 

2 comentario en “Jinotega: 129 años de brumas, amores, sabores, belleza y personajes inolvidables

  1. La Quinta América y la Famosa Pilota merece merece un reportaje. Era una finca ganadera en el pueblo. La Pilona era ermosa, de dos cuerpos de profundidad y más o menos de 25 más de largo por +/- 12 de ancho. Se alimentaba de agua por canales de la quebrada que bajaba de Abecinia. Estaba rodeada de una estructura de madera y zinc, con casi 15 pequeños cuartos con una pilita como bañera cada uno que también se llenaban de los canales. Unos nadamos en la pilona y otros se bañaban asiandose solos o en parejas en las pilitas de aquellos de aquellos cuartitos. Interesante y funcional. Pienso en los años que no había agua corriente en el pueblo, que eran como baños públicos. Nosotros como chavalos ganábamos en La Pilona. Muchos aprendimos a nadar en ella. Con el tiempo la Quinta América que era de madera se fué deteriorando hasta desaparecer. Yo conocí La Sala Principal de la casa, con finos muebles, un piano y precioso acabado de paredes y cielo razo de madera fina. Chavalo, como estaba a una cuadra de mi casa, visitaba la cocina donde Doña Petrona hacía unos pirulís increíbles, me deleitaba babeando en su proceso y Doña Petronas me premiaba con una bola de pirulí hecha especialmente para mí. Añoro esos años.

    1. Gracias Eduardo, tus opiniones serán tomadas en cuenta y si tienes por ahí algunas fotitos de la pilona y de la casa América, sería mejor para un nuevo reportaje. Gracias Eduardo

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