4 diciembre, 2020

Comunitarios del Caribe siempre han enfrentado, solos, los embates de la naturaleza y de los invasores

Foto de WFP / NM

Sergio Simpson

Desbordamientos de las aguas ha existido en el Caribe, su condición geográfica es la selva, con llano y litoral de pinares y latifoliado. No puede ser diferente, aún es el Trópico Húmedo.

Por eso en las comunidades construyen las casas elevadas sobre pilares de dos metros de alto, piso y paredes y muebles de madera preciosa y bambú, techo con hojas de suita tejidas, materiales del entorno.

El territorio de las Regiones Autónomas Caribe norte y sur es el 47% de Nicaragua, con más de seiscientos mil habitantes distribuidos en unos sesenta mil kilómetros cuadrados, surcados por ríos caudalosos y miles de afluentes intercomunicándose. Asistirlos no es misión sencilla, pero tampoco imposible.

Comunidades miskitas, mayangnas, ramas, garífunas, creoles, en cientos de puntos, con los ríos como única posibilidad de desplazarse, conocedores por vivencia o transmisión de las tretas para sobrevivir a los estragos de los fenómenos naturales.

Existen personas que conocen el comportamiento de la naturaleza, estudian los signos del cielo, la intensidad del viento, la reacción de los animales, dominan la medicina tradicional para sanar las heridas corporales, y practican ritos para limpiar su alma.

Los originarios de esa zona son marinos, dominan el arte de desplazarse por las aguas, por muy embravecidas que se comporten, así que con las crecidas no se acobardan, tienen sus cayucos y pipantes. Y aplican muchas maneras para que el viento no se los lleve, protegiéndose entre follajes, comen lo que la Tierra les proporciona silvestre, y son diestros cazadores y pescadores.

El sufrimiento es inevitable con los daños humanos y materiales, pero demostrado está que durante siglos esos pueblos originarios han sufrido todo tipo de embates, incluso políticos militares, cuando miskitos fueron involucrados en la guerra británica-española, o la sucedida en los años ochenta del siglo pasado entre sandinistas e indígenas.

Ese dolor vivido históricamente, por diversas razones, sin embargo, no ha sido superado por la mayoría de habitantes de esos territorios anexados por las armas a Nicaragua en 1894. Está latente las diferencias culturales y los vejámenes causados.

Quienes se han convertido en mayoría social, por la invasión, son los mestizos provenientes del resto del país, que llevan y adoptan las costumbres y tradiciones de su cultura colonial española, despreciando a los habitantes originarios.

Poco a poco, aunque de manera voraz y veloz, las comunidades indígenas han ido perdiendo espacio para mantener su identidad y cultura, y sus tierras van siendo destruidas por colonizadores que tumban la selva.

La frontera agrícola sigue avanzando y significa la eliminación de la cultura nativa o quizá la extinción de esos pueblos indígenas. Ese es el mayor sufrimiento, pues los provocados por los fenómenos naturales son superados.

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