4 diciembre, 2020

Lucha silenciosa por la tierra de mujeres rurales de Honduras y Nicaragua tiene ribetes de sangre, muerte y heroísmo

Luis Sánchez Corea

Este reportaje fue realizado con el apoyo de la Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra

Nuevas Miradas y la Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra ofrecen un vistazo binacional (Honduras-Nicaragua) de la lucha de las mujeres por el acceso a la tierra es una cuestión de vieja data en la región. Factores históricos, políticos y socioculturales, han sido parte de las barreras que históricamente han impedido a las mujeres, principalmente campesinas e indígenas, la tenencia y manejo de la tierra.

En las últimas décadas muchas de estas mujeres se han organizado para luchar con más fuerzas por este derecho.  Mujeres rurales en Honduras y Nicaragua, están librando la batalla por ese derecho. Aunque la dinámica, los procesos  y el contexto son diferentes,  la lucha siempre es la misma: hacer realidad  el derecho de las mujeres tener su propia tierra.

La historia de Analina en Comayagua, Honduras

Analina Claros es una mujer robusta, de tez clara y mirada firme. En su semblante se puede ver el peso de los años, pero no solo de su edad biológica, sino también de los años de lucha por la tenencia  de la tierra para ella y para muchas otras mujeres campesinas que tradicionalmente han sido marginadas. Una lucha que puso en peligro su vida en más de una ocasión.  Ella es líder de un movimiento de mujeres que durante años ha batallado sin tregua por la recuperación de tierras.

Analina tiene 64 años y es madre de 8 hijos. Es miembro fundadora de la “Empresa Asociativa Campesina 9 de noviembre” ubicada en las afueras de la ciudad de Comayagua, en la región central de Honduras, una especie de cooperativa rural integrada por mujeres.  También es parte del comité ejecutivo de la Unión de Mujeres Campesinas Hondureñas (UMCAH).

Desde muy joven ha sido activista por el derecho de las mujeres a la tierra. Ha sufrido amenazas de muerte y salió ilesa de un atentado contra su vida.

En 2005 decidió junto a otras mujeres campesinas, conformar una organización para iniciar un proceso de recuperación de tierras, actualmente vive con algunos de sus hijos y nietos en los terrenos que le han costado sudor y sangre.

Analina Claros se apoya en un bastón para caminar porque durante un desalojo fue herida por miembros del Ejército, acción que la dejó lisiada de por vida, sin embargo esta condición no le impide movilizarse para realizar sus tareas cotidianas.

 Desalojos vs persistencia

“Ahí voy a vivir yo, donde está ese nylon que bate el aire” le dijo Analina a sus compañeras años atrás, cuando pasaban frente a una extensión de tierra a la orilla de la carretera panamericana, a dos kilómetros del casco urbano de  la ciudad de Comayagua. El nylon al que se refería era parte de la cerca maltrecha que rodeaba aquellos predios y que el viento agitaba. Se trataba de una extensión de 250 manzanas propiedad del Estado.

Analina siempre soñó con tener sus propias tierras para trabajar, y esas que miraba ahí, llevaban años abandonadas, sin ninguna utilidad para nadie, pese a que el Estado las había cedido en concesión al Fondo Ganadero de Honduras (FGH), una sociedad anónima creada por decreto legislativo en los años ochenta, para hacerle frente a la crisis ganadera provocada por los bajos índices de productividad que enfrentaba el país en ese momento.

La idea de Analina persistió, tomó fuerza y contagió a otras mujeres. Fue así que en el 13 de agosto del año 2005, Analina, junto a un nutrido grupo de mujeres decidió tomarse esas tierras e iniciar el proceso de recuperación; conformaron su junta directiva y procedieron a buscar apoyo legal en diversas organizaciones campesinas y en instituciones del Estado.

Sin embargo, se encontraron con muchos obstáculos, las autoridades municipales no las apoyaron, tampoco las instancias gubernamentales que regulan el acceso y la legalización de tierras en el país. Por el contrario fueron desalojadas apenas lograron levantar sus champas.

Porqué “9 de noviembre”

Esta fue una fecha fatídica.  Ese día el desalojo fue violento y dejó un saldo de tres muertos. Fue en el 2005, tres meses después de haberse instalado en las tierras. En honor a los caídos, las mujeres organizadas decidieron ponerle ese nombre a la empresa que fundaron.

“Nos constituimos como empresa 9 de noviembre el mismo día que a nosotros nos desalojaron; ese día murieron 3 compañeros acá, ese día los mataron durante el desalojo” lamenta Analina.

Analina recuerda que una vez que se dio el desalojo, la finca quedó ocupada por el Ejército, pero cuando los soldados se fueron, ellas la volvieron a tomar: “ellos se retiraron para la navidad, y nosotros regresamos el 2 de enero” relata, pero fueron desalojadas nuevamente el 7 de enero. Y así siguió ocurriendo a lo largo de tres años. El último desalojo ocurrió en el año 2008.

Sin embargo, Analina asegura que los últimos desalojos no fueron exitosos, los soldados y la maquinaria de la municipalidad lograban derribar todo, pero no la moral de estas mujeres: “Cada vez que venían los desalojos, nos destruían todas las casitas que teníamos, quedábamos sin nada, pero nosotros no retrocedíamos si no que seguíamos dentro de la tierra” dice con firmeza.

¿Qué es la recuperación de tierra y cómo se da el proceso?

Dinora Ruiz, secretaria general de la Unión de Mujeres Campesinas Hondureñas (UMCAH), explica como se da el proceso de recuperación de tierras. Si bien admite que se inicia con una usurpación, aclara que no se hace en cualquier propiedad, y mucho menos si es privada.

Generalmente son terrenos ejidales o del Estado que han pasado durante años en abandono o inutilizados,  o bien de tierras que están en manos de transnacionales bajo el estatus de concesión, pero que también han permanecido abandonadas por años.

Ruíz refiere que “los procesos inician así: se focaliza la tierra, se mira que no esté cumpliendo  una función social o productiva; se ocupa la tierra y se conforma una directiva; luego  esa directiva va ante el Instituto Nacional Agropecuario; ahí se mete una solicitud y se abre un expediente.”

Con la recuperación de tierra se pretende dotar de lotes para viviendas y producción a familias campesinas que nunca han tenido tierras propias y que tradicionalmente han sido marginadas.

¡Llegó la titulación!

Tras tres años de desalojos y mucha obstinación, llegó el proceso de legalización de las tierras, pero no sin pasar nuevamente por tensiones e incertidumbre.

Luego del último desalojo a inicios del 2008, las mujeres de la “9 de noviembre”, se dispusieron a solicitar audiencia con el presidente de la república, en ese momento Manuel Zelaya, para ello recibieron asesoría legal del Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras (COCOCH), y de la Confederación de Mujeres Campesinas de Honduras (CMCHC).

Gracias a la persistencia y tenacidad que le imprimieron a su propósito, por fin lograron ser atendidas por el mandatario, “tuvimos dos audiencias con el presidente en abril del 2008, ahí logramos que él nos dijera que sí, que nos iba a dar la tierra el año siguiente, en el 2009” recuerda Analina.

Sin embargo nuevamente vinieron las dificultades y la entrega de la titulación se puso en riesgo. En el 2009 el país entró en una crisis institucional  que enfrentó a los poderes del Estado, esto generó  intensas jornadas de protestas que polarizaron a la sociedad hondureña; la crisis política terminó con  la destitución del presidente Manuel Zelaya por parte de la Corte Suprema de Justicia. El evento fue calificado por la OEA como un golpe de Estado.

Analina recuerda que el Gobierno les había prometido la entrega del título para el 27 de junio del 2009, “pero no se entregó ese día, porque el director del Instituto Nacional Agrario, tuvo que viajar a La Mosquitia, y al siguiente día fue el golpe de Estado”.

Tuvieron que esperar más de un año para por fin tener su título de propiedad. “La titulación se nos entregó hasta el 10 de octubre del 2010” indica Analina.

 “Somos una familia que ama la tierra”

Sobre su vida familiar, Analina cuenta que antes de conformar la empresa campesina de mujeres “teníamos que alquilar la tierra para poder trabajar, vivíamos de la cosechita, así sosteníamos a nuestra familia.”

Revela que se casó a los 14 años y al cumplir los 27 ya había tenido sus 8 hijos. “mi esposo se dedicaba al cultivo de los granos básicos y mi trabajo era tener criaderos de gallinas y cerdos, como trabajábamos con tierras alquiladas, yo me dedicaba al cuido de los animales, para ver de qué manera aportaba a la familia”, cuenta Analina, “cuando mis hijos crecieron, distribuían su tiempo entre ir a la escuela y ayudar en el trabajo de la tierra” agrega.

Actualmente su núcleo familiar sigue unido y trabaja en equipo: “mis hijos son muy amorosos y muy interesados por formar parte de la empresa; aquí viven casi todos y trabajan la tierra, unos trabajan los granos básicos, entre todos tenemos  también 25 animalitos; vaquitas que como familia hemos comprado.”

Describe la relación de su familia con la tierra  como una experiencia única, porque cuando se tiene la tierra para trabajar, ya no hace falta nada más, aunque haya dificultades. “Si tenemos la tierra, lo tenemos todo”, concluye Analina.

Analina Claros, asume su liderazgo tanto en la Empresa Campesina 9 de noviembre, como dentro del comité ejecutivo de la UMCAH, donde funge como secretaria de finanzas.  

 Cómo se vive en la “9 de noviembre”

La empresa campesina asociativa 9 de noviembre, está asentada en una finca que tiene una extensión de 250 manzanas y en ella habitan y trabajan la tierra 162 familias campesinas.

Si bien ya lograron legalizar las tierras y las están haciendo producir, aún existe una serie de dificultades a  las que estas familias se enfrentan en el día a día.

“Una de las mayores dificultades que enfrentamos aquí es la situación económica” advierte Analina. “La situación económica ha sido bien deprimente en este lugar, ese es el mayor obstáculo para que nosotras echemos andar los proyectos” lamenta.

Los habitantes de la finca “9 de noviembre” cultivan principalmente maíz y frijoles, generalmente para el consumo familiar, lo que logran comercializar es muy poco dado que no cuenta con   medios tecnificados para producir a mayor escala.

La mayoría de las casas aun no tienen agua potable, “algunos hogares tienen pozos, pero la mayoría no” explica Analina.  Tampoco tienen acceso a sistemas de riego, por lo que se limitan a sembrar algunos productos solo durante la estación lluviosa. Sin embargo en sus solares están cultivando árboles frutales, entre otros, papaya, cítricos, aguacates y guayabas. También se dedican a la cría de aves de corral y el cultivo de huertas familiares.

Muchos miembros de estas familias trabajan como jornaleros en labores agrícolas en otras propiedades donde ganan un promedio de 5 dólares el día. Algunas mujeres se suman al ejército de personas que trabajan en las maquilas, otras salen a lavar y planchar ajeno.

“Si usted se fija, aquí en los hogares hay muchos niños, y muchas mujeres son madres solteras” advierte Analina.

Otro problema que enfrenta esta comunidad es el alto índice de analfabetismo. No tienen una escuela y tampoco poseen un puesto de salud.  Sin embargo, Ana Maribel Madrid, presidenta del comité de apoyo de la “9 de noviembre” y a la vez secretaria de proyectos de la Unión de Mujeres Campesinas de Honduras (UMCAH), no descansa, y siempre está gestionando  proyectos y haciendo alianzas con el COCOCH y otras organizaciones afiliadas para mejorar la calidad de vida de los pobladores de la “9 de noviembre”.

 “Ella con el COCOCH ha hecho esas alianzas de proyectos;  logró traer un proyecto de gallinas, y trajo un proyecto de viviendas para  las mujeres más necesitadas y se lograron construir 15 viviendas” asegura Analina.

Gracias a estas gestiones, las mujeres de la “9 de noviembre” han recibido también capacitaciones en temas para el crecimiento personal, entre otros, autoestima, equidad de género y emprendedurismo. También están inmersas en un proceso de formación de liderazgos para la defensa del derecho a la tierra como un derecho humano.

Mañana: La Paz, Honduras: La interminable batalla de Lourdis Galea

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!