4 diciembre, 2020

Maritza Ruiz: agricultora, costurera, hace nacatamales pero lamenta que sus hijos no sigan sus pasos

Luis Sánchez Corea

Nuevas Miradas y la Iniciativa Mujer Rural y Derecho a la Tierra ofrecen esta serie de trabajos sobre la lucha de las mujeres por el acceso a la tierra es una cuestión de vieja data en la región. Factores históricos, políticos y socioculturales, han sido parte de las barreras que históricamente han impedido a las mujeres, principalmente campesinas e indígenas, la tenencia y manejo de la tierra.  Pero en las últimas décadas muchas de estas mujeres se han organizado para luchar con más fuerzas por este derecho.  Mujeres rurales en Honduras y Nicaragua, están librando la batalla por ese derecho. Aunque la dinámica, los procesos  y el contexto son diferentes,  la lucha siempre es la misma: hacer realidad  el derecho de las mujeres tener su propia tierra.

 

Maritza Ruiz es la vice presidenta de COOPEMUCHIQ. Ella  además de cultivar la tierra, tiene ingresos adicionales gracias a que trabaja como costurera y hace nacatamales para vender.

Sus armas son las mismas que tienen todas las mujeres organizadas en Chiquimulapa: su fortaleza, su perseverancia y las herramientas para labrar y producir la tierra.

Maritza Ruiz, es la segunda al mando en la COOPEMUCHIQ. Ella es la vicepresidenta de la cooperativa, tiene 58 años, y es, junto a Justina López, cofundadora de esta aventura.

Ruiz afirma que  el trabajo ha sido arduo a lo largo de los años, y aunque ha vivido malas rachas, nunca desfalleció, “la lucha ha sido dura, yo vengo desde el inicio, no he tirado la toalla, porque de las 10 mujeres que iniciamos esto, ya solo estamos  3 o 4, el resto son nuevas” relata.

Mis hijos no apreciaron la tierra”

No siempre se puede hablar de relevos generacionales en sentido positivo, los hijos no siempre conservan ese amor por la tierra que les inculcan sus padres en el campo. Ese es el caso de Ruiz quien tuvo 4 hijos, todos varones. Ella les repartió la tierra para que se independizaran pero las cosas no salieron bien. Sus hijos no le dieron el valor que merecía y malvendieron sus propiedades.

“He vivido una experiencia desagradable con ellos, y no tengo esperanzas”, lamenta esta mujer. Sus hijos incluso descalifican su lucha llamadola vagabunda: “ellos me dicen que soy vaga, que no tengo nada que hacer; que solo ando de vaga en lo de la cooperativa”.

Asegura que les repartió las tierras porque ellos insistieron, y porque “al final pues era para bien de ellos, pero fue al revés”. Ruiz cuenta que les dio media manzana a cada uno y la fueron vendiendo por pedacitos. “Uno de ellos se me puso tan rebelde, que hasta a la cárcel fue a parar” cuenta con un dolor de madre que se asoma por sus brillosas pupilas.

“No esperaba eso de ellos,  yo esperaba que fueran independientes, que se hicieran cargo de sus mujeres y que no iban a estar esperanzados a que yo les diera una ayuda”, dice Ruiz, quien asegura que incluso no permiten que sus compañeras de vida se asocien a la cooperativa.

“No tengo esperanzas con ellos, si yo me muero, aquí se terminó todo con la tierra”, señala Maritza Ruiz.

Sin embargo, pese a que esta situación es su mayor suplicio, ella ha decicido seguir adelante, produciendo la tierra que le pertenece, cultivando su huerto agroecológico, trabajando como costurera y vendiendo nacatamales para tener ingresos extras, todo esto sin dejar la lucha desde la cooperativa para que otras mujeres puedan tener su propia de tierra.  La vida continúa y hay que encontrarle un sentido.

Maritza Ruiz, activista campesina de Posoltega, Nicaragua, prepara nacatamales. “Mis hijos no apreciaron la tierra, pero yo sigo adelante”

Como surge COOPEMUCHIQ

Justina López y Maritza Ruiz rememoran los albores de su organización.  “Nos organizamos a raíz del desastre del huracán Mitch” relata López. Recuerda que para entonces solo eran un grupo de 10 mujeres que quería hacer algo para tener y producir la tierra, con el apoyo de los hombres, pero no dependiendo de ellos.   “Eran días difíciles, yo me retiré un tiempo, me fui para Costa Rica por la situación económica” dice Justina y a la vez agrega  dirigiendo la mirada hacia Ruiz “ella sí es pionera”.

Maritza Ruiz relata que iniciaron como una asociación, y que se lograron constituir como cooperativa en el  año 2005, gracias al apoyo del Centro para la Promoción, y el Desarrollo Rural Social (CIPRES), que para entonces ejecutaba proyectos en las zonas rurales de occidente.

Sin embargo Ruiz recuerda que al inicio el apoyo del CIPRES  “fue por una parte una ayuda y por otra parte una debilidad”.  La líder campesina explica que esto debido a que el proyecto tenía un enfoque asistencialista y la gente se organizaba solo por el interés de lo que iban a dar, y lo que entregaban se lo daban a los hombres porque eran los jefes de familia.

Justina López por su parte agrega que “la tenencia de estas tierras estaba en manos de los varones, y esos varones tuvieron de todo, pero todo lo destruyeron, entonces solo la tierra se quedó porque ellos tuvieron buenos proyectos. Esos varones eran los maridos de nosotras”.

Pero dada la persistencia de estas mujeres en su propósito, las cosas fueron cambiando y el CIPRES decidió apoyarlas legalmente para obtener su personería jurídica y quedaran constituidas como cooperativa. Una vez constituidas como COOPEMUCHIQ se integraron en la Coordinadora de Mujeres Rurales (CMR).

En Chiquimulapa, las mujeres socias de la cooperativa producen plátano y maíz, los cuales acopian para su comercialización.  En sus patios cultivan huertos agroecológicos para aportar a la alimentación sana de la familia.

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