27 enero, 2021

Nicaragua necesita una alternativa política opositora más consciente y unida que acelere los tiempos políticos

Imagen de Cadal / NM

Henry A. Petrie

Los tiempos en política son esenciales, no por los calendarios y eventos en sí, sino por la creación de circunstancias y condiciones; estos no solo establecen coyunturas y escenarios, sino que construyen determinantes históricos.

En Nicaragua se ha jugado a la política con vista hacia afuera, propio de un país pequeño, empobrecido y altamente dependiente. Se hace política pensando en un poder premio, con el pregón demagógico de beneficiar a un sector o clase determinada; en todas las tendencias se ha seguido la tradición y herencia histórico cultural, que en realidad son rémoras nefastas que al presente siempre lo sumergen en las zonas oscuras del pasado, en una recurrencia de nunca acabar, porque nadie quiere salir de los círculos viciosos. Las actitudes egocéntricas y totalitarias son las mismas, como también los más voraces apetitos.

Acaso, ¿ver hacia afuera es malo? ¡No! Pero, sí lo es enclavarse en dinámicas exógenas sin crear nada adentro, donde se vive. Y para crear adentro no solo se debe decir, proclamar, declarar, a través de los actuales medios de comunicación social, sino que organizar, articular y actuar construyendo condiciones propicias para la implementación de un proyecto que realmente signifique y determine algo virtuoso que, para nuestra realidad, sería lo nuevo.

Una cosa es aprovechar las circunstancias y condiciones externas para provocar, acelerar o profundizar cambios internos, y otra es quedarse en la vana esperanza de que algo ha de suceder, como si la política fuese un acto de magia. Otra cosa es que ciertos políticos utilicen el pensamiento y artificios mágicos para encantar y cautivar a la gente, como parte de sus estrategias para nada virtuosas ni éticas.

La esperanza es una de las virtudes teologales, junto a la fe y la caridad, al fin de cuentas, un recurso espiritual, un estado de ánimo más asentado en la fe que en la sustentación lógica. Es una espera de algo que se desea o sueña. Esto es válido y es real desde la condición y la aspiración vital humana; pero, en política no basta. Esperar que algo suceda es fatal, se debe explorar, buscar de manera beligerante, con el vigor necesario para alcanzar y realizar con determinación. Para esto, entonces, hay que construir abajo, no arriba; construir adentro, para que de afuera fluyan los apoyos necesarios y efectivos; construir una o más alternativas que no solo tengan bases, sino ideas que conecten, activen y produzcan.

Los tiempos políticos son esenciales, dije. Todo tiempo cuenta en el trayecto de una lucha determinada, los objetivos inmediatos y estratégicos no se alcanzan con un soplo voluntarioso o esperanzador, requiere trabajo diario y de base. Esto exige unidad de sentido y de acción, una estructura funcional y dinámica, de amplia adaptabilidad que solo puede lograrse con liderazgos inteligentes que eduquen.

Ahora, la inteligencia no está en la supuesta iluminación intelectual, ni en el brillo deslumbrante del dinero ofreciendo soluciones fáciles, engañosas y corrompidas. La inteligencia es comprender significados para saber actuar, tomar decisiones, desarrollar habilidades y optimizar conocimientos y experiencias que deben ser puestas en el ruedo de la vida y el tiempo; visionar un edificio implica levantar sobre buenas bases y con estructuras adecuadas.

Asumiendo lo antes dicho, el líder inteligente arma, une, entrelaza, articula sujetos conscientes y beligerantes en cada tiempo político, máxime cuando se está entre diferentes. Esto es posible estando ahí, siendo parte de los procesos de la obra desde sus cimientos, valorando causa-efecto y tomando las decisiones como parte fundamental de su labor dirigente.

Cuando un tiempo se pierde, la cadena de los hechos se deprime; y cuando más de un tiempo se pierden, es porque en realidad no ha habido conciencia ni cuerpo, lo que explica la inexistencia de bases orgánicas y el figureo de supuestos representantes que oran para que llegue a ellos la mágica esperanza, pero desde afuera, sin haber levantado un pilar consistente adentro. Y así, se continúa en los círculos viciosos de la política criolla nicaragüense, totalmente de espalda a aquello virtuoso que haga la diferencia esencial.

De ahí, pues, que mucho tiempo se ha perdido desde aquella grandiosa demostración juvenil y de pueblo en el 2018; mucho tiempo perdido a pesar de los muertos y encarcelados. La alianza no es tal, a no ser el grupo de empresario que al final, son los mismos socios del dictador; la coalición tampoco lo es tal, ¿quiénes son y qué representan en realidad? ¿Y los estudiantes rebeldes? Deprimidos.

Al cierre de este año 2020, a dos años y siete meses de aquel abril de las luciérnagas (2018), la dictadura de Ortega y Murillo ha recuperado mucho terreno y sigue laborando sin descanso, porque su objetivo es ganar las futuras elecciones del 2021, mantenerse en el poder y recomponer su imagen política. Y tiene fuerzas suficientes para lograrlo, tienen organización y disciplina, recursos económicos, poder mediático, leyes a su favor, instancias que conspiran las veinticuatro horas del día.

¿Y la oposición? Con su vista puesta allá afuera, esperando soluciones sin joderse mucho adentro. Lo siento, pero, tal parece, el pueblo antidictadura no tendrá por quién votar. ¿De quién o quiénes es la culpa, después de tanta sangre joven ofrendada?

Quizá, aunque bastante tarde para la cita electoral del 2021, surja una alternativa política más consciente, que se ubique como constructora de un edificio propio, contando, en primer lugar, con lo que se dispone adentro y sea capaz de hacer, de crear. A veces, sobresale alguna condicionante inadvertida con potencial de trastocar lo supuestamente imbatible. La esperanza, en todo caso, hay que concebirla en una labor constante capaz de organizar a la gente, desde donde habita, trabaja o estudia; ahí, donde se encuentra el voto a conquistar, para la próximas, o las de más allá, elecciones.

Henry Petrie

El Círculo | ¿Por qué El Círculo? Porque representa la sabiduría infinita, el espíritu de la vida en movimiento constante e interacción creativa.

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