17 enero, 2021

Juan Ramón Huerta: “Todo poder político, económico o religioso pretenderá cooptar o embelesar a un periodista”

Fotografías de Oscar Sánchez, Cortesía /NM

Henry A. Petrie

Entre varios jinoteganos, aquél cuyo primer periódico lo hizo manuscrito y lo llamó La Voz del Mudo, que a los veinte años de edad escribió los últimos cincuenta días de Somoza. Me refiero al periodista Juan Ramón Huerta, ampliamente conocido en el medio, nacido en Jinotega el 23 de noviembre de 1958; autor de los libros El silencio del patriarca (1998) y El Benjamín de la Esmeralda, cincuenta años del Instituto Nacional Benjamín Zeledón de Jinotega (2009). Actualmente es el director fundador del cibermedio Nuevas Miradas (2017-).

Se ha desempeñado como corresponsal de guerra, redactor y editor en Barricada (1982-1998), Nueva Época (1999), El Semanario (1999-2000), la revista Universidad y Sociedad del Consejo Nacional de Universidades (2000-2006) y el Nuevo Diario (2006-2014). Durante el período 2005-2007 ocupó el cargo de secretario en la Junta Directiva de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) y docente de Comunicación en la Universidad Centroamericana en el período 2006-2017.

De aquel pueblo tranquilo con clima frío de entonces, hasta la Managua siempre calurosa y bullanguera, Huerta no solo tuvo que adaptarse, sino que trabajar en su profesión asumiendo todo tipo de desafíos que, de una u otra forma, lo han ido transformando en el hombre de prensa con más de 40 años de experiencia que es ahora. Y, sin embargo, entraña y extraña su terruño, donde doña Benita Huerta, su madre, siempre lo espera con devoción.

Juan Ramón, a sus 62 años de edad, de los cuales 42 los ha vivido en Managua, atesora sus recuerdos en una mezcla de alegría y nostalgia: «niñez muy pobre dedicada al estudio, las comidas de Semana Santa y Navidad; mis baños en aguas tibias filtradas por cerros; las frutas del campo como nancites, anonas, arrayanes, moras, uvas silvestres, guapinol… los atardeceres de Jinotega son únicos».

Lo conocí en 1986, cuando él viajaba de Managua a la ciudad de Matagalpa a realizar trabajos periodísticos del diario Barricada. Desde entonces simpatizamos y cultivamos una amistad que ya lleva más de tres décadas. A sus 27 años cumplidos lo delataban sus rasgos jinoteganos y disciplina laboral; desde entonces supe de sus concepciones acerca del periodismo en la revolución, muy diferente al ejercido por los medios oficialistas de ahora.

Durante uno de nuestros encuentros, cuando a Juan Ramón ya lo habían transferido a Matagalpa (1987), recuerdo que debatimos junto con José González Picado, acerca de la función crítica del sandinista. En el transcurso del tiempo y de su vocación periodística, esta función se agudizó y entró en conflicto con el liderazgo del FSLN en la segunda mitad de 1998.

El periodismo es político, para nada neutral

A mi pregunta: ¿Es o no político el periodismo? Respondió con aplomo: «El periodismo es esencialmente político, quien diga lo contrario miente; es una actitud política de servicio a la comunidad; es educativo, aclarativo, no declarativo, informativo, de opinión». Es rotundo al afirmar que en el periodismo no hay lugar a cuentos chinos. «El periodismo es uno; es como decía George Orwell: publicar lo que otros no quieren que publiques; lo demás son relaciones públicas».

Es uno de los periodistas que concentra historia nacional, como su siempre recordado jefe y amigo, Danilo Aguirre Solís, que, en el desarrollo del trabajo en El Nuevo Diario, daba cátedra de buen periodismo; Agustín Fuentes quien le enseñó radio y a escribir corto; Carlos Fernando Chamorro, a quien admira por su entereza periodística; Guillermo Cortés Domínguez, el terco que aboga por la pertinencia periodística, entre otros. Su ejercicio profesional ha estado gobernado por la reflexión constante, por la valoración crítica de su propia experiencia, llevándolo al convencimiento de que «tampoco es cierto que el periodismo es objetivo; se ha engañado a mucha gente por siglos con esta mentira; mucho menos neutral. El periodismo es político, los periodistas actuamos y muchas veces, mientras más cerca de la verdad estamos, nos asombramos porque no siempre nos da la razón, y eso no gusta a veces».

Y tras un instante de silencio reflexivo, remacha: «El periodismo es una aproximación a la verdad, quien dice tener la verdad, miente. La verdad se construye con voces, versiones diferentes o encontradas con lo que no se ve, pero se intuye y se demuestra; lo no demostrable no sirve, es subjetivo, no es periodismo». Y justo aquí, sobresale el docente exigente con sus discentes, a quienes siempre les pedía, más que procedimiento, la noticia. ¿Dónde está la noticia? ¿Qué es lo nuevo que debe informarse?

No hay periodismo independiente

¿Periodismo dependiente-oficialista o independiente? Ha sido el debate. De pronto, la oposición quiere una independencia que la favorezca o que siempre hable bien de esta y en contra del gobierno; cuando se publica una noticia o un artículo que cuestione su proceder o inacción, los reciente y acusan de divisorio, argumento ya gastado para quienes conocen bien al FSLN en tiempo pasado.

Acerca del tema cuestioné a Huerta, en tanto periodista con posturas muy claras y como director de un cibermedio que no responde a partido político, ni a grupo económico ni a iglesia alguna. Su respuesta rotunda, sin duda, puede provocar distintas reacciones:

«Yo no creo en el periodismo independiente, tampoco en otros términos como periodismo de investigación. Ambos términos son realmente periodismo sin apellido. Otra cosa es que se hagan esfuerzos por hacer periodismo, independientemente de los intereses de los dueños, de quienes pongan el dinero, pero habrá un día que te digan: eso no se puede publicar.

Esto no significa que soslaye el esfuerzo que hace el periodismo crítico en Nicaragua, en las actuales circunstancias, con amenazas, cierres, confiscaciones de medios, empujones, agresiones, humillaciones.

«Hacer periodismo independiente es muy difícil, muchos colegas me preguntan qué pasaría si gana una opción democrática en Nicaragua en el futuro, y les respondo: nada, seguiremos haciendo periodismo. Todo poder político, económico o religioso pretenderá cooptar, comprar, o te corren, no te dejan acercar ni que hables. Ya nos pasó con la revolución, con los gobiernos posteriores y ahorita es el mejor laboratorio».

Los hechos desde distintos ángulos y enfoques

Juan Ramón y yo nos encontramos con cierta frecuencia, nuestras conversaciones giran alrededor de temas políticos coyunturales, periodísticos, literarios e históricos. Inquieto por profundizar su tesis: «El periodismo tiene la capacidad de presentar los hechos desde distintos ángulos y enfoques», lo insté a que la desarrollara, y expresó:

«Para hacer periodismo se necesitan recursos, voluntad y amor a la profesión. Una nota por muy sencilla que sea, si no lleva tres fuentes como mínimo, varias perspectivas, antecedentes, contexto, notas relacionadas y voces en audio, video y fotografías no estaría completa.

«No se debe permitir hacer un periodismo a medias, con vacíos, sin perspectivas, sin sabor, sin hablar con la gente, se debe aplicar el sentido de la observación, la escucha, el sentimiento, el aliento de las personas para hacer piezas periodísticas. No repetir lo que los demás hacen, el periodismo en Nicaragua es predecible, cogemos la vara y seguimos el punto iluminado, el foco de luz y no tenemos la capacidad de ver a lo oscuro, por ahí anda la noticia».

Nada de farándula y más periodismo

Más de doce años de experiencia docente son suficientes razones para afirmar que a la carrera de Comunicación Social con mención en periodismo en varias universidades, se le debe quitar el tinte de farándula y volver a enseñar periodismo con sus nuevas herramientas tecnológicas, a saber:

«Estudiar cinco años para aparecer gritando ofertas de empresas de comunicación en la televisión es un desperdicio. Enseñar periodismo con otra perspectiva, dejarnos de apellidos y tonterías, implementar academias paralelas de lecto escritura; enseñanza del idioma inglés exigido para hablarlo y escribirlo a la perfección, periodismo de datos, periodismo de soluciones, cultura general, audiovisuales para mejorar el periodismo, no para tomarse selfis y celebrar cumpleaños, actualizar planes de estudio cada dos años».

Es del criterio que de esta carrera se deben descartar a aquellos jóvenes que piensan en periodismo para ser presentador de televisión, porque los números no les gustan. Enfático dice: «El periodismo no es para personas sin pensamiento propio, ni para fanfarrones o engreídos, es para las buenas personas que tengan vocación de servicio y humildad».

¿Farándula, figureo? No solo existe en el mundo cultural y político, también el periodismo está infestado de ese virus. En virtud de cumplir eficientemente la función social periodística y sus valores éticos, se alimenta el ego y la cosmetología.

Ejercer un periodismo valiente y de denuncia

He visto a Juan Ramón Huerta en circunstancias muy difíciles, incluso, desde adentro de Barricada, donde junto con sus colegas defendió este medio para que su voz continuara viva. Incluso, en 1998 habló largo y tendido con Daniel Ortega mientras viajaban, relata: «… él conduciendo y yo a su lado, desde Managua hasta San Isidro, Matagalpa, mi objetivo de hacer de Barricada un medio distinto fracasó, no es un hombre de decisiones sólidas, escucha y divaga, asienta, pero no decide; la verdad, de nada sirvió. Mi percepción fue que no le interesaba el diario, no le gustaba hablar de periodismo, aunque me contó que fue reportero en Radio Mundial».

Huerta, a contracorriente, estuvo a la par de la maestra Floricelda Rivas y demás compañeros que se mantuvieron en huelga de hambre exigiendo sus derechos laborales; se enfrentó a Tomás Borge para defender un perfil editorial crítico de Barricada, que realmente hiciera periodismo, entre otras acciones.

En la actualidad observa comportamientos de colegas en distintos medios, alienta algunos y sanciona otros, y reflexiona: «Ejercer un periodismo valiente, de denuncia, para no dar pie ni lugar a que te rebatan tu trabajo; por eso debe ser exigente, demostrable, ponderado; sin afirmaciones no soportadas. Respetuoso de las personas, aún de los verdugos. El periodismo no es para acusar, denigrar, falsear la realidad o burlarse de los defectos como sustitutos de las ideas en la argumentación.

Lo peor que puede ocurrirle al periodismo es caer en las trampas de la dictadura y dar pretextos para que apliquen esos mamotretos políticos llamados leyes».

En la coyuntura de la denuncia de Zoilamérica Narváez en contra de su padrastro, el líder caudillo del FSLN, por violación sexual, él me compartió la idea construir un libro acerca del caso, donde además de la relatoría de lo que particularmente le tocó observar y vivir, recopiló los más destacados artículos de personalidades, entre nacionales y extranjeros, le pregunté si estaba preparado ante las consecuencias. Fijó su mirada en la mía y recuerdo bien su respuesta: «He creído en un sandinismo ético y como periodista tengo el deber de escribir el libro».

22 años después, le he preguntado: ¿Qué valoración te merece ahora El silencio del patriarca? Su respuesta no pudo ser otra, sino la de un hombre que realmente siente, vive y ama su profesión:

«Nunca imaginé que el patriarca guardara un prolongado silencio de un cuarto de siglo y que fuera un ser tan maldito y calculador. El libro es vigente para quienes todavía creen que eso no fue posible. El libro no entra en detalles de que si fue o no cierto, documentó el momento como memoria histórica y dejó al desnudo la doble moral de un líder que fue. Lo escribiría con otra perspectiva sin cambiar los hechos».

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