13 abril, 2021

Los tentáculos de la corrupción tienen raíces y tubérculos gigantescos en Nicaragua

Gráfico de Redes Sociales de Solidaridad / NM

María Teresa Blandón

Uno de los peores rasgos de la cultura política de nuestro país es la corrupción, incluyendo el uso que los gobiernos hacen de las instituciones del Estado para favorecer a sus respectivos partidos.

Es una práctica cotidiana contratar a correligionarios como se llaman entre si los liberales o compañeros como dicen los sandinistas, sin importar sus competencias profesionales y experiencia para ejercer con calidad determinadas responsabilidades. De hecho, muchos militantes de estos partidos suelen trabajar duro en las campañas electorales, esperando al final de la jornada un cargo en caso de que resultan ganadores.

Este ánimo de dueño con que las cúpulas partidarias manejan la cosa pública se ve reflejada en el ocultamiento de información pública y la no rendición cuentas, de tal suerte que la ciudadanía desconoce cuántos ingresos percibe el Estado, cuanto y en que se gasta, cómo se seleccionan a las empresas proveedoras del Estado, entre muchos otros secretos.

No sabemos, por ejemplo, de dónde salió el dinero para la compra de 50 tanques a Rusia; tampoco sabemos a ciencia cierta cuáles y cuántas son las inversiones que tiene el Ejército dentro y fuera del país y en qué se utilizan las ganancias obtenidas por tales inversiones. Desconocemos a dónde va a parar el dinero y también la droga que cada vez con mayor frecuencia dejan abandonados los narcotraficantes.

No tenemos información confiable sobre las licitaciones y contratos directos que las instituciones del Estado suscriben con empresas privadas nacionales y extranjeras. En ocasiones vemos anuncios oficiales que informan sobre la gestión de nuevos préstamos para completar ciertas obras, como en el caso del hospital en Chinandega o del puente a desnivel en Las Piedrecitas, pero nadie nos explica por qué se incrementaron los costos de los presupuestado doblando o triplicando los montos iniciales.

Las páginas web de todos los poderes del Estado tienen información antigua, parcial o irrelevante, si es que no están desactivadas. Los titulares de los poderes del Estado y de los ministerios tienen por costumbre negarse a dar información a la prensa no oficialista, a pesar de la vigencia de la Ley de acceso a la información pública.

Durante los últimos quince años y gracias a la tenaz labor de periodistas independientes, hemos conocido de múltiples casos de corrupción como el de aquel que le cantaba rancheras al comandante o el parlamentario dueño de una fábrica de zapatos que incumplió con un contrato suscrito con el Ministerio de Educación, o de la imposibilidad de auditar los fondos del programa hambre cero; pero no conocemos de ningún funcionario del Estado que haya sido investigado y llevado a juicio por malversar recursos del Estado.

Tal vez nunca sabremos a cabalidad la dimensión de la corrupción sobre todo con los millones de dólares entregados por el gobierno de Hugo Chávez y el jugoso negocio de la venta de combustibles; lo que sí es evidente, es que cada vez hay más militantes del partido rojinegro que han escalado en muy corto tiempo en su estatus socio-económico. Se movilizan en camionetas Hailux- las mismas que se utilizaron para desmontar tranques y barricadas- viven en residenciales de lujo, compran casas y fincas al contado, se visten con ropa de marca, hacen fiestas en lugares exclusivos.

También sabemos gracias a Confidencial, que durante los últimos años el FSLN ha incrementado sus bienes en catorce veces y que el ochenta por ciento de esos recursos -2,800 millones de córdobas-no sabemos de dónde provienen.

La lucha frontal contra todas las formas de corrupción sin duda alguna será una de los desafíos más complejos que deberá asumir la sociedad nicaragüense, tomando en cuenta que sus tentáculos se han extendido a lo largo y ancho del país.

María Teresa Blandón

Palabras Francas | Para que no se las lleve el viento, columna semanal de María Teresa Blandón.

Ver todas las entradas de María Teresa Blandón →

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!