13 abril, 2021

Bill Gentile evoca en blanco y negro las imágenes de monstruos y dinosaurios tosiendo humo y llamas

Jones y Laughlin Steel Corporation, Aliquippa Works. Foto cortesía del Museo Industrial del Condado de Beaver

Nuevas Miradas ofrece cada domingo, extractos del libro “Espérenme: Historias Verdaderas de Guerra, Amor y Rock & Roll” o memorias del fotoperiodista Bill Gentile, como la coronación de una fructífera y actualizada carrera que no la dejó llevar por lo tradicional y que al contrario, se ha reinventado. “Espero que las historias sirvan para evitar que los nicas vuelven a pelear entre ellos mismos. Espero que la guerra no vuelve a ocurrir en Nicaragua. Nunca. Jamás.”

Extracto (*)

Desde nuestro punto de vista en Plymouth de 1956, los molinos eran monstruos negros, dinosaurios holgazaneando a ambos lados del río, tosiendo humo y llamas.

Mis recuerdos acerca de ellos y de este período de la vida con mi familia, son en su mayoría en blanco y negro, con tonos de gris en el medio. Casi nunca en color.

El río es ancho y negro, con franjas blancas a lo largo de la orilla donde se ha formado el hielo y plateadas donde la luz se refleja en su superficie. El río rezuma a través de un amplio valle con árboles que parecen víctimas de una explosión nuclear. Son negros y sin hojas, avergonzados de su desnudez en las empinadas colinas que bajan hasta el agua. Solo unos pocos parches de nieve cubren sus pies.

Ahora estamos en la cima del río, nuestro Plymouth pasa por un puente que conecta una ciudad de acero con otra. A medida que reducimos la velocidad para el tráfico, puedo sentir la columna vertebral de metal negro y hormigón del puente temblar bajo el estruendo de máquinas gigantes.

Los camiones de volquete transportan equipos y materias primas a los molinos y los remolques tractores transportan vigas de acero recién fabricadas. Me aferro al asiento. Sobre nosotros, el cielo es una tapa de metal gris, el sol demasiado débil para abrirse paso a través del firmamento invernal, engrosado aún más por el hollín que los molinos arrojan en él todos los días y todas las noches de cada año.

Los monstruos nunca duermen. El interior de nuestro coche es blanco y negro. Nosotros cuatro hijos. Mi padre al volante y mi madre en el asiento delantero, mi hermano menor, Robby, sentado entre ellos. Todos somos del color de una fotografía de hace mucho tiempo.

El abrigo de imitación de cuero de mi madre, que sé que es el amarillo de las margaritas, aparece en blanco y negro en este recuerdo. Sus pendientes, una piedra brillante montada en una hoja de metal dorado, son cenicientos.

“¿Ves esa chimenea con el fuego?” nuestro padre señaló mientras nuestro coche pasaba. Una llama roja y amarilla, lo único de color en este recuerdo, lame el cielo gris. “Ese edificio es donde trabaja tu padre”.

(*) Este extracto es uno de una serie que precede al lanzamiento de mis próximas memorias. El libro se llama: “Espérenme: Historias Verdaderas de Guerra, Amor y Rock & Roll”

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