13 abril, 2021

Retrospectiva de siete días de fervor y colorido sacro en la llamada ciudad mística o Semana Santa leonesa

Cristo de Pedrarias saliendo en procesión de la Basílica Catedral. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

El Señor del Triunfo en la basílica Catedral, luego de la entrada en la burrita. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

Milena Montoya

Son las 7 de la mañana y es Domingo de Ramos en la ciudad de León. Las calles se encuentran áridas como cualquier domingo a esa hora, sin embargo hoy toda la gente está concentrada en un mismo punto: la iglesia de Sutiaba, esperando la salida del Señor del Triunfo montado en una burrita blanca rumbo a la Catedral.

La gente recibe a la “procesión de la burrita” en toda las calles con palmas benditas, que agitan al son de canciones ejecutadas por los filarmónicos. Mientras más se acerca la imagen al centro de la ciudad, más personas se unen al desfile.

Un momento crucial es el recibimiento del obispo René Sándigo en la Iglesia de San Francisco a las nueve de la mañana, donde se leen las lecturas correspondientes, se bendicen las palmas y se continua con la procesión.

El fervor de las ovaciones de “viva Cristo Rey” se percibe en las voces de las ancianas, los infantes y los adultos que desde muy temprano están listos para iniciar la Semana Santa y ser parte de todas las tradiciones que esta ciudad guarda.

La devoción a San Benito de Palermo

San Benito de Palermo previo a su salida en procesión. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

San Benito es un santo negro, nacido de esclavos en Italia. Por el trabajo de sus padres él nació libre y se ganó la vida como pastor, para luego entregarse a la vida consagrada bajo los ideales de San Francisco de Asís. Fue canonizado por el papa Pío VII en 1807.

En la ciudad de León en pleno siglo XX comienza la costumbre de sacar en procesión al santo negro todos los Lunes Santos, el cual fue acogido por la feligresía por los milagros experimentados.

Pedro Anastasio Montenegro forma parte del comité de la procesión de San Benito: “Somos 12 personas, tanto hombres como mujeres…parte de nuestro trabajo es venir a cuidar las imágenes que salen en procesión y el recorrido que hace el santo, haciendo entrega de sobres donde la gente puede depositar su ofrenda”.

Según Montenegro, la procesión de San Benito de Palermo atrae personas de todo el país y hasta del exterior. La festividad comienza desde las 5 de la mañana con las seis misas celebradas en el templo de San Francisco, una cada hora, culminando con la de las once de la mañana, presidida por el obispo Sándigo.

Al terminar la última misa, una ola de leoneses se aproxima a la iglesia de San Francisco, casa de San Benito, donde varias familias comienzan a repartir chicha de maíz, como promesa a algún milagro concedido. La chicha solo es una de las muchas formas en la que los promesantes pagan sus deudas, otros llegan a barrer la iglesia o las calles donde pasará la procesión, con las tradicionales escobas de millón.

Una joven terminando de repartir chicha en el atrio de San Francisco. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

Según Pedro Montenegro, la chicha que tradicionalmente se repartía era la más oscura, de maíz negro o chicha morada, pero con el tiempo se ha ido surtiendo con distintos tipos de chicha y hasta fresco de cacao.

La Iglesia de San Francisco se abarrota desde temprano de candelas negras, las que tradicionalmente se venden en la iglesia para ponerle al santo. Igualmente se ven a las vendedoras ambulantes ofreciendo los “milagros”, que son alfileres con dijes de distintas formas.

Montenegro comenta que se escoge la forma según el milagro que se ha recibido por San Benito, que generalmente son partes del cuerpo que han sido sanadas. Luego las personas colocan estos alfileres en el manto del santo como pago por el favor recibido.

Los promesantes de San Benito se visten con sus trajes “de luz”, que consiste en una túnica blanca manga larga, con un velo del mismo color en la cabeza, una cinta negra de mantequilla amarrada a la cintura y otras en los  brazos. El traje es utilizado por igual tanto por hombres como mujeres, niños o adultos. Estos promesantes se caracterizan por seguir al santo en toda la procesión, unos van descalzos, vendados e incluso de rodillas, según la promesa que ellos tengan. Otros cumplen con caminar de rodillas desde la entrada de la iglesia hasta llegar al altar mayor.

Promesante vestido de luz, caminando de rodillas al altar. Milena Montoya/ Nuevas Miradas.

La procesión sale de la Iglesia de San Francisco a las cuatro y media de la tarde y según este miembro del comité,  recorre hasta 32 cuadras leonesas, las cuales son adornadas por la feligresía con altares, telones, flores, globos y columnas de cartón. La imagen del santo va acompañada en el frente por San Juan y atrás lleva a la Sangre de Cristo y la Virgen Dolorosa.

La imagen de San Benito de Palermo regresó a su casa a eso de las 10 de la noche, acompañado de una gran multitud de personas de todas las edades, que junto a él ingresaron a la iglesia de San Francisco para darle una despedida entre gritos de vivas y aplausos. Se dice que después de la Virgen de Mercedes, patrona de la ciudad, el santo más venerado y querido por el pueblo leonés es San Benito de Palermo.

Alfombra pasionaria en la tradicional calle de las alfombras. Milena Montoya/ Nuevas Miradas.

Las alfombras de Sutiaba

A las nueve de la mañana la familia Rojas comienza el trabajo que cada Viernes Santo tienen encomendado. La herencia de la tradición de las alfombras de aserrín es un legado que según Mirna Quintanilla Rojas lleva ya al menos cinco generaciones en su familia.

La calle de las alfombras todos los viernes santos es una fiesta. Las casas son en aceras altas y ahí las familias sacan sus sillas, parlantes con música alegre y termos con bebidas para los que están trabajando con el aserrín. Igualmente, sacan ventas de comidas, postres y bebidas para la gente que llega a ver desde temprano la elaboración de las tradicionales alfombras pasionarias. El olor a aserrín mojado se percibe desde que vas entrando a la calle, que previamente la policía cierra para que no pasen vehículos.

“…Contaba el abuelito de mi mamá que aquí se vinieron a vivir una familia, los Alonso, y que Juan miró que ese señor hizo un alfombra, a él le gustó y se fue a ver cómo fue la técnica que él hizo”.

Familia Rojas elaborando alfombra pasionaria. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

Las alfombras según Mirna Quintanilla son “ofrendas que se le hacen al señor”, estas se colocan en el suelo para que la procesión del Santo Entierro de la parroquia de Sutiaba, pase por encima de ellas. Esta procesión es de las más grandes y concurridas por los leoneses, se caracteriza por su paso lento y ceremonioso, tres pasos adelante y dos atrás. Quintanilla asegura que el santo entierro pasa por la calle de las alfombras entre ocho y nueve de la noche.

La procesión entra a la iglesia entre media noche y la madrugada.

Quintanilla explica que el abuelo de su mamá, Juan Rojas, comenzó esta tradición imitando a un vecino. “Las casas de antaño, como los patios eran grandes, hermosos, solo habían unas cuantas casas, el terreno era herencias, entonces aquí vivían. Contaba el abuelito de mi mamá que aquí se vinieron a vivir una familia Alonso, y que Juan miró que ese señor hizo un alfombra, a él le gustó y se fue a ver cómo fue la técnica que él hizo”.

Según Quintanilla, no se sabe de dónde el señor Alonso aprendió esa técnica y que la tradición de las alfombras en Sutiaba no tiene fecha exacta, pero que es una costumbre que se extendió en las casas de los alrededores y que continúa hasta la fecha.

Según las historias familiares, las alfombras en sus inicios se hacían directamente en el suelo de tierra y se decoraba con el cuero de La Batan, una fábrica de cuero muy popular en esa época, que tenía un mal olor pero los colores eran vívidos. “aquí no había luz, se ponían candiles y el agua la gente la empezaba a acarrear desde Jueves Santo toda la noche, como no había aserrín se usaban materiales que se podían traer de la finca, el santo pasaba hasta la madrugada”.

Aserrines de colores para las alfombras. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

El Covid y las alfombras

En la actualidad, se utilizan tintes industriales y que preparan los colores según la imagen que hayan pensado. Sin embargo, como la base que utilizan es el aserrín rojo, hay colores que no pueden obtener de ese material aún con los tintes. Es ahí que se ve la creatividad de los artistas: “por ejemplo, el blanco no lo podemos sacar, entonces la gente ocupa, trigo, harina, arroz, palomitas, también usan arena del cerro negro, arena de mar…Ahorita mi sobrino usó unas conchas para decorar la alfombra”.

“Aquí no había luz, se ponían candiles y el agua la gente la empezaba a acarrear desde jueves santo toda la noche, como no había aserrío se usaban materiales que se podían traer de la finca, el santo pasaba hasta la madrugada”.

“Es muy bonito, muy hermoso que la gente siga con esta tradición, porque esto ya tiene más de un siglo. Eso decía mi mamá, sería más o menos un cálculo”. Las imágenes que se retratan en el aserrín se escogen de pasajes de la Biblia y se buscan las imágenes para replicarlas. Mirna Quintanilla explica que la imagen que escogieron para este año representa la misericordia de Dios y que la pusieron como petición a que acabe la pandemia del Covid-19.

Mirna Quintanilla tomó este año el liderazgo de las alfombras de su familia, ya que hace menos de un mes falleció su mamá, quien le dejó como herencia esta tradición. “Hace poquito menos de un mes que falleció mi mamá, pero yo le dije  a los chavalos que no, que teníamos que hacer la alfombra porque mi mamá nos dejó esto y hay que seguir con la tradición”.

Procesiones de siglos

La ciudad Universitaria cuenta con una Semana Santa llena de procesiones con siglos de tradición y que aún cuentan con los santos originales. Entre estas se distingue la procesión de La Reseña, que sale los lunes santos por la mañana de la iglesia de San Felipe. La imagen principal de la procesión es Jesús con la cruz a cuestas, frente a él va San Juan y la Virgen Dolorosa. Tras él lleva las imágenes de las piadosas mujeres: Santa Salomé, Santa María Cleofás y María Magdalena.

Procesión de San Pedro entrando a la Basílica Catedral. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

El Martes Santo se tiene la tradición de los oficios de San Pedro en la Insigne y Real Basílica Catedral. Luego de la misa de las 5:30 de la tarde, sale la procesión de San Pedro que tradicionalmente lleva a un gallo vivo en la tarima, haciendo alusión al pasaje de la biblia donde Pedro niega a Jesús. La procesión es presidida por todo el clero de la diócesis en un desfile procesional elegante. En el presente año, la procesión de San Pedro no llevaba gallo y solo iba acompañado por su persona, un sacerdote de la diócesis y un conjunto de monaguillos.

El Cristo de Pedrarias

Una de las reliquias más antiguas de León es el Cristo de Pedrarias, una imagen de la Sangre de Cristo que sobrevivió a las erupciones del volcán Momotombo en León viejo. León se trasladó a su ubicación actual en el territorio de la comunidad indígena de Sutiaba en 1610. Hoy esta imagen que por su color quemado se le conoce también como Cristo Negro, sale en procesión todos los Miércoles Santo de la Basílica de Catedral. Ese mismo día sale de la Iglesia de San Sebastián, la imagen del Santo con el mismo nombre.

El Viernes Santo se desborda la ciudad para el Viacrucis que sale a las once de la mañana de la iglesia San Francisco y entra ya después de mediodía en la iglesia del Calvario. Una parte muy tradicional de la procesión es la cuarta estación “Jesús encuentra a su madre”, esa estación se da frente a la basílica Catedral donde se encuentran las imágenes de San Juan y la Virgen Dolorosa con el Nazareno. Es un momento muy teatral porque tanto Juan como la virgen hacen dos reverencias al encontrarse con la imagen principal, lo que implica que los cargadores tengan que inclinarse para generar el efecto. Después se colocan en sus posiciones: la virgen atrás y Juan adelante.

Pasa algo similar con la procesión del Resucitado el Domingo de Resurrección, esta sale de la Iglesia del Calvario. En la esquina donde pasaban los rieles, el santo se encuentra con la virgen María y las imágenes literalmente corren para encontrarse, lo que también implica que los cargadores corran para generar ese efecto de prisa y retratar con mayor fidelidad la imagen bíblica.

La gastronomía de la Semana Mayor

En León es común que los mercados se llenen de almíbar de mango y jocote, ya que son las frutas de la temporada. Igualmente se empiezan a ver los pescados secos, la cusnaca y la sopa de queso desde que comienza la Cuaresma. La tradición religiosa apunta a no comer carnes rojas los días viernes y con mayor rigor el viernes santo.

El almíbar tradicional es un postre que se obtiene del cocimiento del mango mechudo y el jocote guaturco con el dulce negro. Luego este toma una consistencia densa y es aromatizado con canela y clavo de olor. También se le coloca marañón, solo que este se cose aparte y se mezcla al final. En la calle de las alfombras es común ver a la gente ofrecer este postre, así como otros dulces típicos como cajetas de leche, bollo de coco y la papaya en miel.

No falta en los mercados la sopa de queso y con mayor razón el Viernes Santo, esta se prepara con la masa de maíz, el queso seco rallado y la leche o crema. Tradicionalmente se fríen unas tortas de masa con queso para acompañar la sopa. En otros departamentos se hacen en forma de rosquillas, pero en León se hacen en forma de tortas aplanadas.

Almíbar y Cusnaca en la calle de las alfombras. Milena Montoya/Nuevas Miradas.

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