13 mayo, 2021

Reformas electorales sepultan la confianza porque tienen graves fallas de origen y desoyen el clamor nacional e internacional

Gráfico de Onda Local / NM

No hay eufemismos que valgan ni esperanzas que aguarden. El pueblo de Nicaragua se está jugando el todo por el todo por iniciar un proceso de cambios determinantes para la democracia en el país.

Daniel Ortega no está dispuesto a dejar el poder por la vía electoral y juega a las estrategias de coyunturas, siempre lo ha hecho, es su mayor arma en términos tácticos.

No hay tales reformas y quien las esperaba; o peca por ingenuo o no conoce al Frente Sandinista. ¿Cuál es el origen de esas reformas? Es sencillo, el mismo aparato que ha preparado los fraudes en las últimas elecciones y el mismo que fue capaz de conformar el ejército paramilitar más grande en la historia de Nicaragua.

El origen de las reformas está en el poder, en un aparato que no está viendo asuntos estratégicos a largo plazo, sino coyunturales, precisos. Ortega tiene los suficientes recursos económicos para sobrevivir a esta crisis y tampoco se puede menospreciar, tiene aliados aún.

Ortega será considerado como “el mago de las coyunturas” porque les saca provecho. Si no escuchemos bien la propaganda oficial y oficiosa que comienza a echarle la culpa a la “oposición” y al imperialismo por el alza de precios en los alimentos; el colmo, activistas que traspasan la frontera de la ridiculez, acusan a los opositores por los altos precios de la gasolina o por los demás problemas a los que se enfrenta la población.

El intenta diezmar a la “oposición” por diferentes flancos. El trato hacia las cabezas visibles es desigual; a unos persigue y amenaza; a otros no. A quienes no perdona es a los líderes de barrios y comunidades porque ahí está la esencia del espíritu de abril y teme una nueva rebelión.

La iniciativa de reforma de la Ley Electoral responde a la necesidad de la dictadura, no así a un proceso de diálogo con los partidos y sectores que son parte del político y social de Nicaragua

Las reformas de Ortega ningunean la observación electoral y le dan rango constitucional, como en efecto es la ley, a lo que han llamado en las últimas elecciones, “acompañamiento electoral” es decir, los cómplices de sus fraudes.

Pero lo más visible en las reformas de Ortega es que de ninguna manera cumplen con las recomendaciones hechas por la OEA en el año 2017, cuya base principal es la confianza en el juez electoral.

No hay cambios de magistrados. Ah, si hay, podrían decir los “analistas” del régimen. Claro que van a llamar a elegir magistrados pero quienes los van a elegir son los del FSLN y PLC.

No hay cambios en las estructuras departamentales, municipales y regionales del Consejo Supremo Electoral, serán elegidos por dos partidos que juntos no llegan ni al 30% del electorado, si hubiera una medición seria y profesional.

El régimen quiere impedir a toda costa que en estas elecciones se organice un bloque de oposición con capacidad de ganar la presidencia limpiamente, para eso utilizarán el combo de leyes aprobadas y que desde su proceso de formación están dirigidas a la oposición.

La reforma de Ortega violenta el sagrado y constitucional derecho de los nicaragüenses en el exterior, a votar. No existe una sola letra sobre este demandado derecho.

Al valorar lo indicado anteriormente, el gobierno de Ortega está aplazado en la principal asignatura para ir a elecciones libres: la confianza electoral.

Los aspectos vitales para que haya elecciones libres en Nicaragua pasa, en primer lugar, por la confianza en el Consejo Supremo Electoral y para ello, los magistrados no deben ser electos por los diputados de los únicos dos partidos representados en la Asamblea Nacional, hecho que depende de una reforma constitucional.

Sin embargo, con voluntad política debería abrirse a personalidades probas y con capacidad profesional para dirigir un proceso electoral. Por ahí debería comenzar un proceso electoral limpio y creíble, pero eso no lo permitirá Ortega.

Siendo así, las autoridades de las Juntas Receptoras de Votos, JRV, que tienen un universo de 400 votantes en su espacio, deberían ser elegidos de forma aleatoria entre esas 400 personas, que cumplan los requisitos de ley y no necesariamente de partidos políticos.

Otro aspecto que debería estar en las reformas es el voto en el exterior; la observación electoral de países, personalidades e instituciones profesionales en el tema, tanto nacionales como internacionales.

Las reformas de Ortega contienen un proceso dirigido a inhibir personalidades de la oposición, a financiar abiertamente a los satélites del FSLN al quitar el requisito del 4% para tener derecho a reembolso y a no hacer cambios como la mayoría del pueblo nicaragüense y la  comunidad internacional han demandado.

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