13 mayo, 2021

¿Dónde están los jóvenes de abril? ¿Qué obstáculos los han hecho replegarse?

Juan Ramón Huerta

Un reciente estudio de la Acción Cívica por la Democracia indica que de un 51% de jóvenes que han participado en las luchas contra la dictadura desde abril de 2018, un 31% está organizado en grupos religiosos, seguido de un 28.1 por ciento que está en organizaciones y movimientos sociales.

Los líderes y lideresas que participaron en las protestas de abril de 2018 señalan que “es utópico hablar de que el 100% de jóvenes pertenezcan a organizaciones y movimientos sociales y políticos, sin embargo, identifican un mayor involucramiento de las juventudes en ese tipo de grupos con fines de lograr la equidad, la justicia, la transformación y la democratización del país”.

Su participación

El mismo estudio indica que desde abril de 2018, un 50.2% de los jóvenes han participado en marchas; en campañas de activismo en redes sociales (35.6%) y plantones (26.1%); además, un 35% indicó haber participado en esas y otras actividades de protesta, como piquetes, pegar papeletas y pintar paredes o rótulos con demandas sociales.

El desafío de los jóvenes organizados es atraer a un 38.3% que dijo no haber participado en ninguna acción y admiten que “el camino no ha sido fácil”.

El choque con la realidad

Las protestas de abril se realizaron de forma espontánea y contra todo pronóstico que apostaba porque en ellos no había interés político, mucho menos participar en ella.

El informe indica que las juventudes que se integraron a una organización o que fortalecieron sus grupos ya existentes en abril de 2018 han tenido un choque con la realidad y un gran contraste entre los mecanismos de lucha, pasando de las calles y la protesta a los espacios de discusión y negociación política, en donde las dinámicas son muy diferentes, “son lentas y cansadas” para deducir que no estaban acostumbrados a ese ritmo.

Influencias que estancan el cambio

Esas formas de organización, indica el informe, han tenido mucha influencia en estos grupos juveniles, afectando -sobre todo- su membresía, la cual se ha visto reducida por motivos personales, seguridad y exilio.

De parte de la ciudadanía, un poco injusta y desinformada de estos procesos, se le emplaza a los jóvenes que sus demandas de cambiar el sistema y otras demandas no se cumplieron.

Enfrentar desafíos

Los especialistas en temas sociales y políticos, estiman que la participación juvenil en espacios de concertación nacional está llena de desafíos como trabajar en el fortalecimiento interno de estos grupos, mecanismos de coordinación y toma de decisiones sin descuidar los procesos de formación de sus membresías, desarrollar propuestas claras y consensuadas, discutir y decidir sobre la participación de adultos en espacios que deberían ser solo para jóvenes y garantizar el trabajo coordinado con adultos en otros espacios de participación en la búsqueda de objetivos comunes.

¿Por qué los jóvenes se han replegado?

A lo largo de este tiempo, arroja el estudio, los jóvenes han sido influenciados en sus decisiones por otros actores, se merman sus acciones por mayor representatividad, razones por las cuales muchos jóvenes no están en estos espacios de concertación.

Los jóvenes tienen obstáculos en sus acciones vicios como el adultismo, la exclusión, el machismo, y la falta de recursos (materiales, económicos, tecnológicos) sumado a los procesos burocráticos en los que se insertan las juventudes representan algunos desafíos estructurales a los que se enfrentan las juventudes.

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